China, tan lejos y tan cerca

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Como se sabe, Uruguay realizó semanas atrás una ofensiva en su relación con China. Primero el presidente Tabaré Vázquez lideró una visita oficial y luego el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Tabaré Aguerre, quedó al frente de un equipo de funcionarios y una docena de empresarios que representaban el 51% del total de las exportaciones uruguayas al gigante asiático.

Nadie duda acerca de la importancia que ha adquirido China como socio comercial, siendo el principal destino de las exportaciones uruguayas, con 26% del total de colocaciones.

China es el principal comprador de carne vacuna uruguaya, con el 44% del total a setiembre pasado, según datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC).

Asimismo, en 2015, el gigante asiático compró 82% del total exportado de soja, equivalente a 2,48 millones de toneladas, según el último dato publicado por la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa).

China también es el principal destino de la lana uruguaya, al comprar 76% de la lana sucia, 65% de la lana lavada y 25% de la lana peinada, medidos los porcentajes en dólares corrientes en los primeros nueve meses de este año, según datos del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL).

El viaje no fue para conocer las normas que exige China y adaptarse, sino para anticiparse a otras

Otro tanto se puede decir de la celulosa, donde China compró 36% de la producción de los primeros nueve meses del año pasado, según datos de Opypa.

Como ocurre en otras áreas y con todos los países, las relaciones comerciales requieren una atención constante y, si se trata del principal socio, sobran los motivos. En ese desafío hay que entender el reciente viaje oficial.

Para el sector agropecuario –y agroindustrial– los resultados fueron positivos, según la evaluación realizada por los viajeros. Y crecen las perspectivas para mejorar la colocación de los productos mencionados y de otros que, como el arroz, han abierto un paréntesis en los últimos años.

Del balance de Aguerre, vale la pena destacar algunos tópicos. Por ejemplo, dijo el ministro que, a diferencia de otras ocasiones, el viaje no fue para conocer las normas que exige China y adaptarse a ellas, sino para anticiparse a lo que se viene.

De esa forma, Uruguay no pierde pisada en el terreno que conquistó y envía la señal a sus interlocutores chinos de seriedad en los negocios, algo que se valora mucho, no solo en China. La confianza es lo primero.

Durante los días que la delegación permaneció en el gigante asiático se desarrollaron múltiples reuniones con autoridades determinantes para el comercio, como la Administración China de Alimentos y Medicamentos.

Aguerre ha reiterado que un país como Uruguay, que exporta el 75% de lo que produce, se juega su destino en la inserción internacional que, no está de más recordar, está plagada de amenazas proteccionistas.

Uruguay, como lo reiteró el ministro, desarrolló en China una estrategia basada en tres pilares: la habilitación sanitaria, sin la cual no hay acceso a los mercados; el tema arancelario, para mejorar la competitividad frente a países competidores; y la política de diferenciación, pues no es posible pensar en competir en cantidad, sino en calidad.

China está lejos. Hay que hacer un viaje largo y cansador para llegar a Beijing. El gigante asiático tiene una cultura milenaria muy diferente y hay diferencias en sus más de 9 millones de km2 de su territorio. Tiene un régimen político diferente al de Uruguay y el idioma es distinto.

Sin embargo, China está cerca: es el principal socio comercial de Uruguay en la actualidad. En el viaje quedó latente la posibilidad de firmar un Tratado de Libre Comercio. El gobierno reforzará su representación diplomática. No es poca cosa.

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