Cinco cosas que dejó la elección y no nos dimos cuenta

Un análisis profundo de los resultados de los comicios de 2014
Los nuevos votantes eligen cada vez menos al Frente Amplio; los partidos políticos dejan de ser policlasistas; el centro político es la preferencia de los uruguayos pero no existe un candidato relevante para esa demanda. Esas son solo algunas de las conclusiones a las que llega el libro Permanencias, transiciones y rupturas. Elecciones en Uruguay 2014/2015, coordinado por Adolfo Garcé y Niki Jonson del Instituto de Ciencia Política de la Udelar, y en el que participaron otros 24 profesionales del rubro.

El trabajo –que fue editado por Fin de Siglo– agrupa artículos de investigación sobre el último ciclo electoral, apelando al procesamiento de los datos desde distintos puntos de vista. En esta nota, cinco de las principales conclusiones.

1. Baja volatilidad

La campaña de 2014 tuvo algunos condimentos especiales que la hicieron atractiva y, tanto para analistas políticos como periodistas, configuró un escenario competitivo e incierto. La irrupción en ese momento del nacionalista Luis Lacalle Pou para hacerle frente a Tabaré Vázquez puso en duda por momentos la hegemonía del Frente Amplio. Ello, sin embargo, estuvo muy lejos cuando se abrieron las urnas: la coalición mantuvo el gobierno con mayoría parlamentaria, y casi no perdió votos con respecto a la elección anterior.

"La elección nacional de 2014 será recordada como una de las más difíciles de pronosticar y de entender para encuestadores y politólogos desde 1985 en adelante", escribió el doctor en ciencia política Adolfo Garcé en el artículo de introducción del libro. El analista destacó que las sorpresas pasaron por la victoria de Lacalle Pou en la interna blanca, y la victoria "sorprendente" de Raúl Sendic y su lista en la interna de la izquierda, lo que le valió llegar a la fórmula presidencial. Garcé aportó un dato que ilustra esa estabilidad del sistema uruguayo de la que tanto se habla. "La volatilidad electoral en la primera vuelta de la elección presidencial fue impactantemente baja: apenas 4%, por tanto, la menor en toda la historia electoral del país".

2. El voto joven

Una de las ventajas competitivas desde el punto de vista electoral para el Frente Amplio (FA) ha sido la preferencia de los nuevos votantes. Al mismo tiempo, los mayores de 60 años en su mayoría escogen a los partidos fundacionales. Ese combo le aseguraba a la coalición un cierto crecimiento ya que con el paso de los años –y en una lectura lineal– nacían votantes del FA y se morían los del resto. Sin embargo, ese factor se empezó a revertir en las últimas elecciones, inclusive en 2014. El trabajo de Fernando Esponda, Manuel Flores, Lucía Selios y Santiago Soto, incluido en el libro de Ciencia Política, confirma que la tendencia antes planteada sigue existiendo. Pero hay matices. "El proceso de crecimiento del FA entre los nuevos votantes se ha detenido e incluso revertido.

El PN comienza a crecer entre los tramos más jóvenes", aseguran los autores. "Este hallazgo puede ser símbolo de un cambio generacional o tal vez de una vuelta en el criterio de ciclo vital. Eso no significa que los jóvenes hayan dejado de ser en su amplia mayoría frenteamplistas, sino que ese efecto asociado a la edad probablemente se desvanezca con mayor facilidad", agregan. En otro trabajo del libro, firmado por Constanza Moreira y Andrea Delbono, se incluye un trabajo del politólogo Oscar Bottinelli sobre el comportamiento electoral según las generaciones en las últimas tres elecciones nacionales. Allí se confirma una caída del FA entre los primeros votantes (18 a 22 años) de 2,5% de 2004 a 2014.

3. Policlasismo

El trabajo de Constanza Moreira y Andrea Delbono concluye que el comentado policlasismo de los partidos políticos uruguayos, por el cual se suponía que las colectividades recibían votos de todas las clases sociales, debe ser revisado. "Desde el punto de vista empírico, la clásica tesis sobre el policlasismo de los partidos políticos uruguayos amerita una seria revisión", dicen en sus conclusiones. En el análisis consideran datos de votantes como nivel socioeconómico, educativo, edades y lugar de residencia.

En ese sentido, por ejemplo, el Frente Amplio supera 56% y llega a 69% en barrios de bajos ingresos (donde la pobreza supera el 12%), mientras que en sectores de mayores ingresos y donde las personas cuentan con educación terciaria prácticamente no superan 10% del electorado. "La correlación es perfecta", dicen Moreira y Delbono. "En cambio, en aquellas circunscripciones donde más de la quinta parte de la población cuenta con educación terciaria, donde el ingreso medio del hogar supera los 50 mil pesos uruguayos, y donde la pobreza no llega a 5%, el porcentaje de votos al FA difícilmente supera 50%". En conclusión, los autores establecen que la "diferenciación social" del voto es "muy alta en Montevideo" y ello genera "límites a la capacidad de crecimiento del FA".

4. Centro vacío

Juan Andrés Moraes, doctor en ciencia política por la Universidad de Notre Dame, y Diego Luján, magíster en ciencia política por la Udelar, evaluaron el resultado electoral con modelos espaciales y entre otras cosas observaron que los uruguayos moderan cada vez más sus preferencias políticas. Pero, en cambio, marcan que la oferta política no satisface esa demanda. "Es importante resaltar la continuidad en la moderación ideológica del electorado, aunque no así en la oferta, que muestra niveles de polarización relativamente altos, como un centro vacío de candidatos relevantes", aseguran en su artículo. Esa moderación de la que hablan los investigadores se ve reflejada en las mediciones que ubican a la mayoría de los uruguayos justo en el centro de las preferencias ideológicas.

Afirman en su trabajo que, producto de esa realidad, el Frente Amplio ha verificado "un corrimiento hacia el centro del espectro ideológico, indicando una moderación programática". De todas formas la coalición de gobierno se ubica a la izquierda del centro político, mientras que los partidos Nacional y Colorado a la derecha de ese punto medio. "Ninguno de los tres partidos electoralmente relevantes del sistema están localizados en el centro ideológico donde sí están localizados los votantes. Si los partidos son maximizadores de votos: ¿por qué motivo los partidos no están donde se concentra la mayor parte de los votantes? Dado que esta estrategia parecería ser electoralmente ineficiente: ¿qué explica un centro vacío de candidatos?", agregan los autores.

5. El interior

El Observador abordó el tema este año: el Frente Amplio ha perdido votantes en Montevideo –a pesar de seguir siendo mayoría– y gana en el interior. Haberse mantenido en el gobierno se lo debe, en buena medida, a su avance en zonas fuera de la capital donde antes nadie elegía a la coalición de izquierda. En un reciente libro del Instituto de Ciencia Política también se aborda el asunto. El artículo de Constanza Moreira y Andrea Delbono recuerdan que la izquierda creció de forma sostenida en Montevideo desde el retorno a la democracia en 1984, pero ello comenzó a detenerse en 2004. "A partir de allí comenzó un descenso expresado en una caída de 5,1 puntos porcentuales entre 2004 y 2009, y de 2,7 puntos entre 2009 y 2014", aseguran.

"La pérdida de dinamismo del FA en Montevideo, entonces, se ha visto compensada por su crecimiento en el interior del país. Aunque Montevideo continúa siendo el baluarte electoral de la izquierda frenteamplista, la diferencia en el porcentaje de votación entre Montevideo e interior se ha reducido de más de veinte puntos a la salida de la dictadura a menos de diez puntos en los pasados comicios nacionales", concluyen.


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