Claroscuros de la Orquesta del Sodre, buque insignia de la cultura

A sus 85 años, ostenta su condición de orquesta más longeva del continente, pero algunos problemas históricos siguen complicando


Alexander Laluz, especial para El Observador

Solemne y a la vez emotiva, la gala con la que el lunes pasado la Orquesta Sinfónica del Sodre (Ossodre) celebró sus ochenta y cinco años de existencia cumplió con las expectativas: no descolló en ninguna de las interpretaciones, pero mostró solidez y un ensamble ajustado que fue celebrado por la sala principal del Auditorio Nacional casi colmada. Martín García, su director artístico y musical, condujo al longevo conjunto sinfónico de forma inteligente, sobria, por un heterogéneo programa que incluyó la Obertura de Ruslán y Liudmila de Mijail Glinka, La isla de los Ceibos de Eduardo Fabini –obra interpretada en el primer concierto de la orquesta, el 20 de junio de 1931–; el Adagio del Acto II de El lago de los cisnes de Piotr Ilich Chaikovski con la participación de María Noel Ricetto y Gustavo Carvalho, primeros bailarines del Ballet Nacional; el Concierto para piano en do menor K491 de Wolfgang A. Mozart con Raquel Boldorini como solista, (que celebró en este concierto sus sesenta años de carrera profesional) y una selección de partes de Das Paradies und die Peri de Robert Schumann, obra de largo aliento que fue revisitada en forma integral en el penúltimo concierto del ciclo dedicado a la obra sinfónica del compositor alemán.


"Se puede decir que la Ossodre está en uno de sus mejores momentos desde el punto de vista musical" Daniel Lasca, concertino interino


Estado de situación

"Se puede decir que la Ossodre está en uno de sus mejores momentos desde el punto de vista musical", afirma el violinista Daniel Lasca, concertino interino de la orquesta. "Estamos en un momento muy interesante, porque se nota que en la Ossodre hay un vigor, una fuerza, y muchas ganas de crecer en todo sentido", dice el director Martín García.

Hay coincidencia. No obstante, dos de las figuras clave para el funcionamiento de la orquesta reconocen que hay un lastre de problemas que desde hace décadas siguen anotados en el rubro de las deudas.

Si el arte debe ser inquietante –ampliando el planteo de Raymond Carver para la literatura–, la Ossodre, a lo largo de su historia casi centenaria, ha cumplido con esa condición. El trágico incendio que en 1971 arrasó la estructura del antiguo Auditorio la confinó a un peregrinaje de casi cuatro décadas por distintas salas para ensayos y conciertos; la estabilidad de una casa propia recién fue recuperada hacia fines de 2009, tras la inauguración del nuevo Auditorio Nacional Adela Reta. Reconocidas batutas decidieron renunciar a la conducción de la orquesta ante la imposibilidad de resolver problemas institucionales endémicos, entre ellos, la precariedad laboral de sus músicos. Sus conciertos –y sus temporadas– vivieron el esplendor de salas repletas; también recibieron el discreto aplauso que resonó en plateas casi vacías. Los titulares de la prensa local dieron cuenta de su tensa relación con el Ballet Nacional (BNS) que dirige Julio Bocca. Y no faltó quien definiera al buque insignia de la cultura musical local como la tumba de los cracks.

Aun así, la Ossodre sigue en pie: llegó a conmemorar sus ochenta y cinco años de una tradición que se mantiene como uno de los activos culturales más importantes del país. Lo que falta, afirman muchos críticos y los propios músicos, es un análisis de su situación y de sus modelos de gestión.

Ossodre

Un lastre endémico

Martín García, que asumió la dirección de la Ossodre a comienzos de este año tras su pasaje como director musical del BNS, afirma que pese a las dificultades y conflictos que enfrenta el organismo, en la matriz cultural uruguaya está la convicción de que esta orquesta es importante y de que hay que mantenerla.

"Esto, claro, requiere de decisiones institucionales, organizativas, que se van tomando de forma más gradual de lo que se desea". Sin embargo, Lasca, más drástico y crítico, afirma que la falta de soluciones estructurales y profundas se debe a la aplicación de un discutible modelo de gestión de corte neoliberal que han implementado los Consejos Directivos del instituto que se han sucedido desde 2010.

"Ese modelo prioriza por encima de cualquier otra consideración la rentabilidad de los cuerpos artísticos y del Auditorio. El éxito de la gestión se mide en cantidad de entradas vendidas y no con base a los resultados artísticos o al enriquecimiento del acervo cultural del país. A pesar de que las autoridades se resisten a reconocerlo, esta gestión, en la práctica, es neoliberal".

Uno de los problemas sin solución hasta ahora es el del doble empleo de los músicos: desde hace décadas muchos de los integrantes de la Ossodre también son parte de la Filarmónica de Montevideo o de la Banda Muncipal, dos organismos que dependen de la Intendencia de Montevideo. Esta superposición acarrea un sinnúmero de inconvenientes; por ejemplo, las dificultades para coordinar ensayos y definir la programación de conciertos, y las largas jornadas de trabajo de los instrumentistas, lo que afecta notoriamente el rendimiento artístico. Dice Martín García: "El desarrollo de un proyecto propio debería implicar la pertenencia exclusiva de los músicos a la Ossodre. La primera beneficiada sería la búsqueda de la calidad artística". Esta situación, explica Lasca, se generó por las bajas remuneraciones que los músicos perciben en ambas instituciones: "Sólo sumando los dos sueldos un músico de este país puede equipararse a lo que ganan sus colegas de la región". Lo provisorio, lo precario, marca el ritmo de trabajo: por ahora se trabaja con una instancia de coordinación entre las tres formaciones orquestales. No es una tarea sencilla, enfatiza el joven director, ya que también tienen que considerar, entre otras variables, la programación que la Ossodre comparte con el BNS. "Es una situación muy dificil de sostener por mucho tiempo más. Cae por su propio peso: hay que contar con un plantel exclusivo".

La estabilidad laboral de los músicos es otro punto crítico. Los instrumentistas son contratados anualmente por un fideicomiso, indica Lasca, y se eliminó una conquista histórica: el ingreso mediante rigurosos concursos de oposición y méritos: "Actualmente más de la mitad de los integrantes de la Ossodre tienen la condición de extras. Ellos viven con la incertidumbre de si serán contratados o no para la siguiente temporada". Añade García: "Una orquesta es una estructura jerárquica piramidal, y eso requiere de rigurosos procesos de selección para poder conformarla. Y, claro, a esa estructura hay que mantenerla en el tiempo: eso lleva mucho tiempo y es necesaria la estabilidad del músico en su atril, en su función".

"Antes pensaba que iba a morirme sin ver una solución a estos problemas. Ahora no estoy tan seguro" Martín García, director de la Ossodre


Lo que fue y será

Ya fue reconocido y subrayado: el nivel musical de la Ossodre está en uno de sus puntos más altos. Una cualidad en la que hay al menos tres factores en juego que resultaron decisivos. La culminación de las obras del Auditorio dotó a la orquesta de una estabilidad desconocida por casi cuatro décadas. El ingreso de una importante camada de músicos jóvenes le insufló un aire nuevo, más fuerza y una demanda de nuevos desafíos artísticos al organismo. Y también el aporte valioso del director, Stefan Lano. Dice Lasca: "En los casi tres años que permaneció al frente de la orquesta, Lano realizó una paciente y sabia labor que redundó en una notoria superación del nivel artístico del cuerpo, probablemente la más significativa en muchas décadas. Lano representó para la Ossodre lo que Bocca fue para el Ballet". Las autoridades, sentencia, no lo reconocen: "El problema fue que el maestro no tuvo pelos en la lengua y durante su gestión fue tremendamente crítico hacia las políticas del Consejo Directivo, especialmente hacia el director del Auditorio. Con insistencia reclamó para la orquesta la misma asignación de recursos y relevancia que se otorgaban al BNS o a la Orquesta Juvenil. Sus esfuerzos resultaron vanos y sin ninguna explicación se le negó la renovación del contrato".

Ahora, con García al frente, la Ossodre ha mantenido ese nivel. Su trabajo es reconocido por los músicos como muy positivo y además como el camino para sostener los logros artísticos ya conseguidos. Lo que resta es profundizar el trabajo, jugarse al riesgo estético, reforzar el valor de la orquesta en la cultura como una apuesta a la calidad con un proyecto contundente y concentrar los esfuerzos institucionales en la regularización de la precaria situación laboral de los músicos.

García, rezumando optimismo, dice: "Antes pensaba que iba a morirme sin ver una solución a estos problemas. Ahora no estoy tan seguro: capaz que llego a verlo. Hay chances". Lasca es más cauto y crítico: reconoce que es posible generar cambios, que esos cambios son necesarios y urgentes, ya que de continuar en esta situación no sólo se afectará la calidad artística de la orquesta, sino que además aumentará la emigración de talentos "que ya está ocurriendo de manera dramática" y no habrá relevos para engrosar la orquesta.

Ossodre

Cuerpos en tensión

En los últimos años, la ríspida relación entre el Ballet Nacional, orientado por Julio Bocca y la Ossodre ganó notoriedad. El modelo de gestión del bailarín argentino fue duramente criticado: "Ese modelo neoliberal de gestión que describía antes es precisamente el modelo del Ballet que es, además, el sistema que se considera exitoso y el que se está imponiendo a los otros cuerpos estables. Ese modelo para la sinfónica es nefasto. Conspira contra la estabilidad de los músicos", dice Daniel Lasca. Para Martín García, en el fondo de la cuestión hay un choque de identidades. La orquesta y el ballet no manejan los mismos lenguajes aunque sean codependientes para una puesta en escena. Es un problema relacionado con las formas de comunicación que ambos cuerpos manejan. Sin embargo, destaca, esta situación se resolvió al menos parcialmente, y se pudo realizar varias puestas conjuntas que fueron muy positivas en su resultado final.



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