Columna prohibida para gays, las mujeres del negro y mexicanos; los perros pueden

El fin de la ironía en medio de una era en la que se advierte el oscurantismo de la mediocridad

Iván Diez, poeta de tango argentino, murió en 1960, y Edmundo Rivero, uno de los intérpretes de sus letras cargadas de sorna y de la inevitable carga dramática y machista que caracteriza a buena parte del tango, se fue de esta vida en 1986. No quiero pensar lo que hubiera pasado si al cantor de las manos como lanchas lo hubiesen escuchado entonar el tango "Amablemente" algunos de los comisarios de la cultura, que siempre existieron en todos los regímenes pero que ahora tienen ese reproductor automático de la estupidez que se llama redes sociales.

Para quienes no conocen el tango: el tipo llega y encuentra a la mujer con otro. Y ni una pizca de ira. Dice la letra:

"Y luego, besuqueándole la frente,
con gran tranquilidad, amablemente,
le fajó treinta y cuatro puñaladas".

¡Mamita la fiesta que se hubiesen hecho las mujeres del negro y de los colores que se imaginen!

Si la Intendencia de Montevideo mandó una inspección en estos días a un bar porque en un cartel, parafraseando una película de Tarantino, puso que se negaba el ingreso de perros y mexicanos, de saber que se entona este tango en algún piringundín les manda a la Guardia Republicana, imagino.

En general, los defensores de este orden que cada vez tiene menos de políticamente correcto y que se parece más a la imagen final de la película de Frankenstein en que el pueblo armado con antorchas corre a quemar al monstruo, suelen ser simpatizantes de posiciones que, al menos ellos, creen progresistas. Por eso me gusta exponerlos a ideas lanzadas por gente que seguramente idolatran para ver si el fetiche les tambalea en el altar.

Hablando de este tango "Amablemente", el escritor argentino -amado por miles de uruguayos- Hernán Casciari dijo de ese párrafo que se escribe más arriba: "Este penúltimo terceto debería durar unos 20 minutos, si tuviera música de Lalo Shiffrin. Pero en cambio llegan, arremolinados, los tres versos finales: (...) Ni un trompazo en la boca, ni una palabra subida de tono para que los vecinos después argumenten en la televisión, ni un reproche certero sobre la liviandad de cascos de la yegua... Nada".

Así la cosas, adelante muchachos, ahora que se vienen los fríos, enciendan una buena pira con libros y sentados alrededor préndanse al Twitter y al Facebook, hay mucho machista, discriminador y careta que linchar

No tengo idea de si este escritor que mezcla el humor con conceptos profundos está ironizando o escribiendo en serio. ¿Qué cuernos me importa? Disfruto de su prosa, de la sonrisa que se me dibuja en la boca sin por eso terminar de leer y fajarle 34 puñaladas a mi mujer o avalar a quien lo haga.

A los progres defensores del nuevo orden de derechos me gusta citarles la milonga de don Alfredo Zitarrosa, voz macha si las hay, que dice: "A la mujer cuando es buena no hay plata con qué pagarle, pero cuando sale mala no hay palo con qué pegarle".

¡Otra que la Republicana! Y hay que ver los argumentos que esgrimen; uno de ellos es que era de otra época. Sí, de una época en la que, todos parecemos coincidir, vivíamos en una sociedad más integrada que esta que nos mete miedo. Sin embargo decimos a la vez que determinados infiernos personales no estaban visualizados: la violencia de género, la segregación, etc. ¿Sociedad más integrada la de antes o violencia disimulada? ¿Verdad que no es tan lineal como pretenden los comisarios del buen gusto?

"Trabajar como negros" es una frase que alude a la época de la esclavitud, pero es posible que muchos de estos defensores de un nuevo orden lo desconozcan. Y quizás le peguen en la boca a sus hijos cuando hablen de "quemar el judas" en Navidad.

El escritor Daniel Ruiz García sostuvo en una entrevista con un portal español que el uso de la ironía "puede aportar una saludable distancia de las cosas para favorecer que nos riamos un poco de nosotros mismos y no tomar con excesiva gravedad nada de lo que nos ocurre. Pero sobre todo la capacidad de distancia, uno de los grandes triunfos de la ironía. Se dice que la figura retórica por antonomasia es la metáfora, pero creo que la ironía queda a la altura, si bien requiere dosis de inteligencia que no todo el mundo posee. La ironía representa el atributo de la inteligencia en el ser humano".

Si la Intendencia de Montevideo mandó una inspección en estos días a un bar porque en un cartel, parafraseando una película de Tarantino, puso que se negaba el ingreso de perros y mexicanos, de saber que se entona este tango en algún piringundín les manda a la Guardia Republicana, imagino

El atributo de la inteligencia humana. Un dato bastante certero de qué cosa nos está fallando como sociedad cuando dedicamos una semana a debatir sobre perros y mexicanos y se organizan linchamientos por la web en la que el decano de una Facultad (¡el decano!) pretendía señalar discriminación pero nos alertaba a todos que el dueño del bar era norteamericano. Gracias decano por el dato. Llevo dos antorchas.

Un estudio de la Universidad de California halló pistas de que "el proceso neurodegenerativo responsable de la demencia" también genera "una particular incapacidad para entender la ironía, el sarcasmo y la mentira".

Mientras, en una columna en El País de Madrid titulada "La barbarie de la literalidad", Javier Cercas sostiene que

"los tontos cultos (yo los vengo llamando bobos con diploma) no detectan una ironía, una metáfora o una provocación, y así atrofian el pensamiento. Se trata de una maldición que cunde".

Y concluye: "Ese es el problema: que a menudo estos bárbaros obligan a perder el tiempo explicando lo evidente, que su literalidad de dómines los incapacita para detectar una ironía, distinguir una idea de una boutade o descifrar el significado de una metáfora o una provocación, atrofiando así el pensamiento hasta el límite del enanismo. Aunque, bien pensado, el problema quizá no sea la falta de inteligencia. No sé si fue Gabriel Zaid quien observó que el gran problema cultural de nuestro tiempo no lo provoca la gente que no sabe leer ni escribir, sino la que no quiere leer y no para de escribir".

Así la cosas, adelante muchachos, ahora que se vienen los fríos, enciendan una buena pira con libros y sentados alrededor préndanse al Twitter y al Facebook, hay mucho machista, discriminador y careta que linchar. Y, como decía el militar asesino argentino Ramón Camps, si por cada 100 inocentes linchados hay un culpable no se hagan drama, habrá valido la pena.


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