¿Cómo frenar la obesidad?

Educación, predicar con el ejemplo, evitar los snacks calóricos y negociar con los más chicos como estrategia
Para frenar la actual epidemia de obesidad, nadie discute el refrán de más vale prevenir que lamentar. Como sabe muy bien cualquier adulto con sobrepeso, deshacerse del exceso de kilos y mantenerse así es mucho más difícil que acumularlos en primer lugar. Pero asegurarnos de tener una generación más joven que sea más delgada y más sana podría requerir de empezar incluso antes de que nazca un bebé.

La abrumadora mayoría de los bebés son delgados al nacer. Pero para cuando llegan al jardín de niños, muchos han adquirido un exceso de grasa corporal que prepara el camino para un problema de peso que durará toda la vida.

Estudios recientes indican que la razón de que tantos niños en Estados Unidos tengan sobrepeso es mucho más complicada que el hecho de que consuman más calorías de las que ingieren, aunque esto seguramente es un factor importante.

Investigadores están rastreando los orígenes de tener sobrepeso y ser obesos hasta el peso previo al embarazo de la madre y el padre de un niño, y sus explicaciones van más allá de la simple herencia genética. En la trayectoria de peso habitual, los niños nacen delgados, se vuelven regordetes durante la infancia, luego se vuelven delgados de nuevo cuando crecen y tras eso se vuelven más activos.

Después, alrededor de los 10 años de edad, la grasa corporal aumenta en preparación para la pubertad; un fenómeno llamado rebote de la adiposidad. En los niños con genes de obesidad, "el rebote de la adiposidad ocurre antes y es más alto", dijo el doctor Daniel W. Belsky, un epidemiólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke. "Dejan de adelgazar antes y empiezan a ganar grasa antes y en mayor cantidad". Sin embargo, estudios entre gemelos y familias han demostrado que muchos niños con estos genes permanecen delgados. Además, estos mismos genes indudablemente ya existían en los años 1960 y 1970 cuando la tasa de obesidad en los niños era de una fracción de lo que es ahora. Entonces, ¿qué es diferente en la década de 2010?

Los niños ahora están rodeados de un exceso de alimentos y bocadillos densos en calorías que son poco saludables y fáciles de consumir y a eso le acompaña un déficit de oportunidades para gastar esas calorías extra a través de la actividad física regular. Y contrarrestar un ambiente sedentario y rico en calorías es ahora más difícil de lo que debería ser, con el actual gran énfasis en los logros académicos, la renuencia de los padres a dejar que los niños jueguen en el exterior sin supervisión y la intensa competencia de los dispositivos electrónicos.

"No hay un camino de regreso a un mundo en el cual las calorías sean escasas y obtenerlas sea físicamente demandante", escribió Belsky en un editorial en JAMA Pediatrics. "Y el gobierno y sus públicos han mostrado poco entusiasmo por las regulaciones que restringen el acceso a alimentos apetitosos y densos en calorías". Frenar el consumo de bebidas endulzadas con azúcar y mantener los alimentos chatarra densos en calorías fuera de la casa y otros lugares donde los niños pequeños pasan tiempo es crucial. Es esencial que los padres sean modelo de buenos hábitos alimenticios, coinciden expertos.

Otro tema crítico es el ciclo vicioso del sobrepeso que empieza con las futuras madres y padres que tienen sobrepeso o son obesos. "Si queremos niños saludables, necesitamos mamás sanas antes del embarazo y durante el embarazo", dijo Belsky. "Hay múltiples formas en las cuales los niveles de peso poco saludables antes y durante el embarazo pueden influir en el peso de un niño a futuro". Como explicó David S. Ludwig, un especialista en obesidad del Hospital Infantil de Boston: "Aunque los genes no son modificables, el peso de la madre antes y durante el embarazo lo es". El peso del padre también está resultando ser importante, dijo Ludwig. "Los factores adquiridos influyen en la expresión de los genes", dijo. "Ser pesado altera el ADN en el esperma del padre que cambia la expresión genética y eso puede ser transmitido a la siguiente generación".

Como fundador del programa de Peso Óptimo para la Vida y autor de Ending the Food Fight: Guide Your Child to a Healthy Weight in a Fast Food/Fake Food World, defiende un estilo paterno de autoridad, pero no autoritario, que elimine el estrés y el conflicto en torno a qué y cuándo come un niño. "Nunca obligue a un niño a comer algo", insiste. "Defienda su postura de manera amable pero firme y esté dispuesto a negociar un poco. Cuando un niño se niegue a comer la cena que se le sirvió, póngala en el refrigerador para que la coma luego. Si el niño dice: 'No voy a comerla', la respuesta debería ser: 'Bueno, entonces vete a la cama', y no: 'Está bien, te prepararé macarrones con queso'. "A los niños se les debería permitir controlar su cuerpo, pero los padres deben ofrecer orientación y controlar el ambiente", dijo Ludwig.

Fuente: Jane E. Brody - The New York Times