Con nueve palabras, Sanguinetti dio vida al Partido Colorado

Los colorados son imprescindibles si los blancos quieren ganarle al Frente

El Partido Colorado está viviendo un impasse de esos cargados de interrogantes en los que uno advierte que no hay respuestas correctas y que difícilmente termine bien. ¿Quién es el candidato que puede sacar a la centenaria organización política del pozo? Nadie lo ve ni con claridad ni sin ella.

A los efectos del ejercicio del poder, la chance que las encuestas le dan al Partido Colorado tiende a cero aunque en votos sea un 6,7, 8 o 9 por ciento. "Empezar de cero suena a cero a la izquierda. Me gusta empezar de nuevo", dice en uno de los capítulos de la serie House of Card su protagonista, el filoso y amoral Francis Underwood.

Empezar de nuevo. Quizás eso es lo que deba hacer el Partido Colorado. Y para eso debe huir de los absurdos discursos políticos pronunciados por candidatos condenados a la derrota pero que prometen acciones de un programa que nunca se llevará a la práctica. Entonces, sin cambiar la esencia, otro discurso, otra ubicación para no dar ese espectáculo políticamente patético de un candidato pidiendo el voto ni sabe bien para qué.

Una nueva ubicación puede ser la del perdedor cuya derrota, a pesar de que sea cantada, lo trasciende e involucra una derrota mayor. Lo resumió el expresidente Julio Sanguinetti en una entrevista con El País: "Los blancos solos no le ganan al Frente Amplio". Tan obvio como contundente para ubicar a su partido en un lugar decisorio sin siquiera mencionarlo.

Al lado de quienes pueden tener aspiraciones presidenciales en el coloradismo, y con todo respeto por ellos, la experiencia de Sanguinetti en estas cuestiones es incomparable. Del nivel de las reflexiones políticas, ideológicas, históricas, ni hablemos. Sanguinetti ha demostrado ser un gran estratega.

Logró que el nacionalismo aceptara participar en las elecciones tras el pacto de club Naval, ganó los comicios post dictadura (1984) y luego se convirtió en el primer uruguayo en ser dos veces presidente por voto popular (el segundo fue Tabaré Vázquez) gracias a un debate con Vázquez en el que, con críticas de quienes no entendieron su estrategia, se presentó como un anticomunista feroz, pero así sedujo a los votos de la derecha que dudaban entre él y los blancos, y ganó por una cabeza. Ahora dice que no va a ser candidato pero que sí está en la cancha para jugar por su partido. Y breve jugada verbal de esta semana resumida en nueve palabras estuvo a su altura de estratega.

En resumen, dijo, sin decirlo explícitamente: no, no vamos a ganar, pero los que quieren que el Frente Amplio pierda, nos necesitan como el agua. O sea, no solo no están muertos, sino que pueden definir la elección. Nada menos.


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