Continente en llamas

Aquiles o El guerrillero y el asesino, del escritor mexicano Carlos Fuentes, es una novela póstuma que a pesar del caos estructural, destaca por su prosa y sus ideas
Siempre que se piensa en el lugar más infernal de la Tierra, la primera respuesta instintiva que viene a la mente es África. Si hay un continente donde la vida no vale nada, donde la muerte campea a sus anchas, es ese. Las guerras civiles, las matanzas, la Malaria, el Sida, el hambre de millones de seres humanos, justifica la respuesta.

Por estar tan arraigada esa idea, se pasa por alto otro dato que desde hace unas décadas los organismos internacionales hacen circular en los medios: el lugar más violento del mundo es América Latina. Lo que es lo mismo que decir que en ningún otro lugar del planeta el hombre es más lobo del hombre, que en este lado del mundo.

La noticia de que la paz podría estar llegando a Colombia gracias al tratado firmado por el gobierno del presidente Santos y las FARC (que debe aún ser ratificado por la ciudadanía en un referéndum) tiene, por todo lo expresado, una significación mayúscula. Cincuenta años de violencia, muerte y llanto pueden terminar.

Si sucede, no lo verá el escritor mexicano Carlos Fuentes, ya que murió en 2012. El autor de La muerte de Artemio Cruz, intuía que la paz era posible, ya que guardo el manuscrito de Aquiles o El guerrillero y el asesino en un cajón durante años, porque no quería que saliera a la venta hasta que se firmara el pacto.

Su viuda respetó su deseo aún después de fallecido y por eso sale recién ahora esta novela que reivindica la figura de Carlos Pizarro, alias "Comandante Papito", uno de los líderes del movimiento guerrillero M-19, que decidió apostar por la democracia y deponer las armas en 1990, para presentarse a las elecciones colombianas.

En plena campaña electoral Pizarro fue asesinado mientras viajaba fuertemente custodiado en un vuelo de Avianca. El insólito crimen (el sicario recogió una metralleta del baño del avión y lo acribilló ante todo el mundo) nunca fue aclarado.

Por suerte la novela de Fuentes no se dedica a esclarecer si el asesinato fue obra de los servicios de seguridad del Estado, si fueron sus excompañeros de armas disgustados por su paso al costado o si fue el narcotráfico, sino que se centra en tratar de explicar la génesis del espiral de violencia que azotó a Colombia desde la década de 1950.

El otro eje del texto es la búsqueda de un cómo y por qué un joven con un futuro prometedor, hijo de un militar y una maestra, nada carenciado, dejó todo atrás para incorporarse a una lucha armada incierta y peligrosa, lo que a la larga le costó la vida.

Al leer se notan algunos defectos y varias virtudes. Se observa cierto caos estructural, fruto de que se trata de una obra póstuma armada por manos ajenas. Además de capítulos algo inconexos, lo más criticable es que pasajes novelados se alternan con otros donde Fuentes reflexiona en voz alta, lo que provoca que se pierda el hilo.

La novela se salva gracias a la prosa del mexicano, barroca pero llena de significación en cada una de sus palabras, y por un montón de escenas muy logradas. Entre ellas cabe destacar el excelente retrato de la vida íntima de una familia singular, los diálogos entre el futuro guerrillero y el sacerdote jesuita que lo educó, la pelea psicológica con un poderoso narco, o las discusiones del padre con sus superiores militares.

Expresamente están excluidos de este fresco los políticos, a quienes Fuentes señala como los principales responsables de la dilatada hecatombe colombiana. De haber dejado al pueblo indefenso a merced de los terratenientes, las guerrillas, los militares, los paramilitares y los narcotraficantes.

En conjunto, Aquiles o El guerrillero y el asesino funciona. Tiene, además, ese sabor latinoamericano que parece estar diluyéndose definitivamente tras la muerte de autores de la talla de Gabriel García Márquez o del propio Carlos Fuentes.

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli