Crímenes a la italiana

Una primavera de perros, de Antonio Manzini, es la tercera novela policial de la saga del subjefe Rocco Schiavone, que se destaca por su buen humor y dinamismo
Si una constante ha tenido la novela policial a lo largo de su historia es la necesidad de presentar siempre a un detective singular, único. Generalmente, cuanto más se distancia el personaje del imaginario popular, cuanto más excéntricas sean sus costumbres y más raros sus métodos deductivos, mejor. De Auguste Dupin al comisario Montalbano, pasando por Poirot, Maigret, el padre Brown, Marlowe, Spade, Archer o Wallander, todos reúnen ese requisito.

No sucede lo mismo con la crítica social que rodea las aventuras de los diversos sabuesos, que varía mucho de acuerdo a la época. El clasicismo inglés era parco en la descripción de los problemas del país. La novela negra estadounidense, en cambio, denunció con fuerza las miserias del sueño americano. Los policiales europeos de las décadas de 1970 y 1980, olían a guerra fría. Los de hoy, representan el caos y la violencia extrema.

A diferencia de los escritores escandinavos, que quieren venderle al mundo que aquello es horrible aunque nadie les crea, los italianos saben bien de lo que hablan cuando escriben sobre crímenes y venganzas. Pero si por algo destacan, es por el tono de comedia que atenúa la sordidez de todo el asunto, que también puede leerse como una forma de sublimación de la angustia.

Las novelas policiales de Antonio Manzini son representativas de esa particularidad y en especial está ultima, Una primavera de perros, tercera entrega de la saga protagonizada por el subjefe de policía Rocco Schiavone, un camorrista con placa que ha sido desterrado de su adorada Roma a una pequeña y fría ciudad de los Alpes.

Un simple accidente de tránsito sirve de punto de partida a esta novela dinámica y entretenida, que luego muta para transformarse en un melodrama que tiene como centro el secuestro de una joven de buena posición económica y la subsiguiente extorsión.

Schiavone, que continúa fumando marihuana por las mañanas y enamorado de la novia de su ayudante más fiel, conduce una investigación no demasiado brillante pero llena de situaciones hilarantes que terminan atrapando al lector.

La comedia se impone a lo largo de todo el libro por sobre lo policial y allí está la clave del éxito del autor italiano, que es muy hábil a la hora de presentar situaciones jocosas que rayan en lo absurdo.

Algunos diálogos son impagables, sobre todo, los que mantiene Schiavone con varios de los personajes secundarios recurrentes de la saga.

A dos subalternos muy estúpidos pero serviciales, por ejemplo, les encarga encontrar la puerta que se abre con una llave que puede ser clave en el caso. Una tarea imposible que los policías se toman muy en serio mientras el lector ríe por lo bajo ante lo ridículo de la misión y la pantomima que representa Schiavone para darles ánimo.

Lo mismo sucede con los encuentros con el juez Baldi, un personaje increíble al que debe recurrir para conseguir órdenes de allanamiento y escuchas telefónicas.

El policía siempre adivina el estado de ánimo del magistrado mirando una foto de él con su mujer, que unas veces está a la vista del visitante y otras, boca abajo.

Hay que destacar también un par de recursos literarios de Manzini, que tiene una prosa muy accesible, pero se permite sus licencias. Por una parte, presenta un monólogo en tiempo real de la chica secuestrada, que intercala durante todo el libro, lo que contribuye a mantener al lector interesado por su suerte. Por otra, narra una escena crucial a través de los ojos de un gato, audacia muy lograda y valorable.

La complicada vida sentimental de Rocco Schiavone es otro de los puntos fuertes de una novela que, sin ser una maravilla, resulta verosímil y sumamente entretenida.


$520

Es el precio de Una primavera de perros, de la editorial Black Salamandra (238 pág.)

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli