Cuando la realidad no alcanza

Sobre Mi mundo privado, del argentino Elvio Gandolfo
No importa si para romper la barrera de la realidad un escritor decide situar una historia en el futuro más lejano o retroceder en el tiempo cinco mil años. La misión sigue siendo la misma: demostrar al mundo que todo depende del cristal con que se mire y que la realidad, por más sólida e inmutable que parezca, puede ser distorsionada a voluntad.

Por supuesto, no se trata de discutir si la pared blanca es en realidad una pared negra, pero sí es posible para un escritor como Elvio E. Gandolfo intentar explicar que para él, simplemente, puede no tratarse de una pared en el estricto sentido de la palabra.

Mi mundo privado, su última novela, pivotea sobre esta idea a lo largo de un recorrido autobiográfico que mezcla realidad y ficción sin que el lector sepa muy bien cuándo es una cosa y cuándo la otra. Por suerte –y a diferencia de otros textos que ahondan en los misterios de la creación y de la imaginación– el libro resulta ameno y nada intelectual en el sentido peyorativo del término.

Justamente, por ser práctica y no teoría, el lector acepta el viaje personal que propone el autor, que recrea toda su vida, desde la infancia hasta el presente, en clave confesional aunque sin explicar en profundidad el por qué de cada cosa. Gandolfo se limita a contar a veces lo que realmente pasó una noche cualquiera y otras lo que pudo haber significado ese suceso.

El mundo privado de Gandolfo es tan inmenso como la realidad del universo y cabe entero dentro de su cabeza. Allí se producen miles de asociaciones intrascendentes y otras que, de improviso, dan lugar a un producto nuevo que de tan intenso arremete contra los límites naturales y pugna por salir al exterior para formar parte de la realidad del mundo.

Como señala el autor, el libro nace al impulso de dos imágenes tan disímiles como un fascinante documental de la BBC sobre las mantarayas y el recuerdo del argumento de una novela que nunca llegó a escribir. Eso le basta, luego de detallar con elegancia las características de esos peces y las líneas generales de esa novela perdida, para iniciar.

El recorrido parte de la más tierna infancia, hasta donde llegan los recuerdos del narrador. Esos años, casi perdidos en el tiempo, sirven de cimiento para todo lo que vendrá y son de lo más logrado del libro, quizás porque es precisamente la niñez el tiempo donde con más claridad se observa la delgada línea que separa lo real de lo ficticio.

Luego, con la juventud y la adultez, vienen los libros, los sueños, los amores, las amistades, los trabajos y la vida singular de Gandolfo, con un pie siempre en Rosario y otro en Montevideo. Hombre entonces, no solo dividido entre ficción y realidad sino también entre dos territorios.

De los mejores capítulos del libro es el que dedica a analizar algunos hechos de la historia que lo marcaron, como la caída de Juan Domingo Perón, la muerte de Kennedy o la llegada del hombre a la Luna.

También sobresale el que le dedica a los comics en general y a Snoopy en particular. El paralelismo que traza entre los hábitos del inolvidable sabueso y su propia vida resulta emocionante. También las discusiones con su nieto sobre las nuevas películas de superhéroes, que ven y critican juntos.

El humor se hace presente cuando compara la comodidad de los aviones de antes con los de ahora, cuando intenta reclamar porque no tiene internet y no logra ser atendido por un ser humano, o cuando habla de los meteorólogos y sus errores.

Ameno y bien escrito, Mi mundo privado es por sobre todo un gesto de rebeldía ante esa entidad supuestamente todopoderosa que se llama realidad.

Mi mundo privado
Editorial: Tusquets
Páginas: 174 . precio: $ 460

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli