Cuba libre con Jack Daniels y porros de Philip Morris

Movimientos en la economía mundial permiten pensar en el fin de algunos dogmas

José Pepe Mujica está reunido en torno a una mesa en La Habana Vieja con Fidel Castro. Una botella de Jack Daniels vacía y varios restos de puros Cohíba yacen alrededor del pupitre. "El capitalismo a muerto", exclama eufórico Castro. "De que me hablás si estamos en el lobby de un hotel cinco estrellas construido por Donald Trump?", le retrucó el ex presidente uruguayo.


Castro: "Todo cambia compañero Pepe, si hasta pusieron a Maurice Obstfeld, un keynesiano, en el corazón del imperio como economista jefe en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, además, con Obama acordamos abrir una embajada americana en la isla y una cubana en Washington".


La conversación es una ficción, lo que no es ficción son los movimientos en la economía internacional.


"Todos los escritos de Obstfeld hablan de una visión estructuralista de la economía, y se lo considera un cultor del neokeynesianismo.

El nombramiento representaría un cambio con respecto a las visiones ortodoxas históricas que el FMI viene manteniendo desde hace décadas. Algo de este cambio ya había comenzado a mostrar el organismo, al criticar abiertamente el ajuste que desde la Comisión Europea se le impuso al gobierno griego del izquierdista Alexis Tsipras, que por estos días intenta sacar al país de la bancarrota", escribió el periodista argentino Carlos Burgueño a propósito del tema en el diario Ámbito Financiero
La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, al presentar su nuevo economista jefe dijo que , "es conocido en todo el mundo por su trabajo en economía internacional y es considerado uno de los macroeconomistas más influyentes". Su antecesor fue el encargado en los últimos tiempos de comandar desde el organismo financiero internacional los paquetes financieros destinados a rescatar a Grecia; y diseñar las medidas de ajuste fiscal que se le impondrían al gobierno de ese estado para que puedan ser aceptados como destinatarios de esas ayudas.


El cambio de economista, si Obstfeld aplica en el FMI lo que planteó como teórico en sus libros, representa una posición más firme en contra de los ajustes fiscales y más cercana a la visión de esperar que un país crezca y se desarrolle antes de la aplicación de planes de ajustes simples, planos y directos. El nuevo economista en jefe es, además, defensor del diseño de planes específicamente pensados para cada Estado y cada momento determinado, en lugar de los menús habituales del FMI . abundó el especializado periodista argentino de Ámbito Financiero a propósito del tema.


¿Eran los cambios en el FMI y en el relacionamiento entre Washington y La Habana los motivos del brindis con whisky americano en lugar del tradicional mojito cubano?


Sigamos con la ficción.
El encuentro entre los dos viejos revolucionarios tenía un motivo más trivial. El barbudo que conduce la dictadura más antigua del mundo quería felicitar al hoy senador uruguayo por haber salido limpio del embrollo del quiebre de Pluna que esta semana se saldó con la renuncia del ex presidente del Banco República Fernando Calloia por un frustrado negociado que según confesó Mujica él pergeñó aunque nunca pisó un juzgado y nada hace pensar que lo haga debido a que cuenta con la inmunidad de los fueros parlamentarios al ser senador de la República
Ya despuntada el alba en La Habana Vieja Castro le prometería a Mujica interceder ante la multinacional tabacalera Philip Morris para que se instale en la provincia de Guantánamo de forma de industrializar cigarrillos de marihuana con cannabis cultivado en Uruguay por refugiados sirios que habían estado recluidos en la prisión que Estados Unidos aún tiene allí como resabio de la Guerra Fría. "Si logramos hacer unos buenos mangos le soluciono a Tabaré el agujero fiscal que le dejé y evito que mi pueblo tenga que pagar con combustibles más caros el déficit de Ancap que dejó el hijo del Bebe y  que si fuera una empresa privada ya estaría quebrada", comentó entusiasmado Pepe a Fidel antes de tomarse la última.

 


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