De golpe en golpe: la situación interna de Venezuela

Maduro niega haber dado del golpe de Estado del que todo el mundo la acusa. La oposición, con el parlamento silenciado, resiste en las calles el discurso oficial
Venezuela vuelve a vivir días negros en su historia política. El jueves 30 de marzo de 2017 quedará marcado en el calendario por el quiebre institucional, pese a que el chavismo lo niegue.

La historia cercana se repite para una revolución bolivariana que con su líder fallecido, Hugo Chávez, supo intentar golpes de Estado, padecerlos y ganar en las urnas.

Ahora, el presidente Nicolás Maduro, el elegido de Chávez, apela a otro golpe y se mantiene en silencio en el Palacio Miraflores, la residencia oficial en Caracas, rodeado de militares armados hasta los dientes.

Ahí se mostró recibiendo a embajadores y en otras actividades protocolares, como si nada pasara.

El gobierno intentó alejarse de la decisión del Tribunal Supremo de Justicia –que le responde políticamente– que de un plumazo sacó del medio al Parlamento.

En Venezuela, los reclamos de democracia se hacen escuchar –la oposición hará marchas este sábado– y los pedidos de ayuda apuntaban a la comunidad internacional.

El mundo respondió con una arremetida de condenas al golpe que el gobierno de Maduro no acepta. Y para no dejar dudas, la negación la estampó en un comunicado de la cancillería.

Incluso intentó pasar a la ofensiva al afirmar que se tomaron "correctivos legales para detener la desviada y golpista actuación de los parlamentarios opositores declarados abiertamente en desacato a las decisiones del Tribunal Superior de Justicia".

Pero Maduro, que no tiene el poder de Chavez, no la tiene fácil y enfrenta divisiones internas.

La fiscal general, Luisa Ortega Díaz, cercana hasta ahora al chavismo, criticó el rumbo tomado y rechazó sentencias del máximo órgano judicial.

"Se evidencian varias violaciones del orden constitucional y desconocimiento del modelo de Estado consagrado en nuestra Constitución (...), lo que constituye una ruptura del orden constitucional", afirmó Ortega, al referirse a lo hecho por el Tribunal.

El gobierno de Maduro, que tiene el respaldo de la cúpula militar, y por tanto las armas para imponerse por la fuerza, rechazó el accionar de los gobiernos "de derecha intolerante y pro imperialistas de la región" que buscan "mediante falsedades e ignonimias" atentar contra el Estado de Derecho y el orden constitucional.

Lo cierto es que entre los gobiernos que lo condenan hay algunos que son de izquierda, como Chile y Uruguay que expresaron su voz a través de la Unasur, el organismo que impulsó el chavismo para contrarrestar a la OEA donde está "el imperialista" de Estados Unidos.

Para la cancillería venezolana, detrás de todo este movimiento de países está "el Departamento de Estado y los centros de poder estadounidense".

Jerarcas del gobierno de Maduro son acusados por la Justicia de Estados Unidos por tráfico de drogas. Incluso sobrinos políticos fueron detenidos por ese delito.

"Es absolutamente inadmisible, sin fundamento jurídico alguno, que un grupo de países conjurados se inmiscuyan en los asuntos de jurisdicción exclusiva de Estados soberanos", prosigue el texto de la cancillería venezolana.

La presión internacional comenzó luego que el Parlamento fue silenciado y se siguen sumando voces de protesta.

Adentro, los principales referentes de la opositora Mesa de la Unidad Democrática, rechazan la lectura oficial de los hechos, y no dudaron en salir a gritar que enfrentan un golpe de Estado.

Poder militar

Venezuela es de los países de América Latina que más armamento compró en los últimos años.

Tiene 165 mil militares activos y 25 mil reservas.


El país petrolero donde la mayoría vive mal

Además de la crisis política que afectó la institucionalidad del país, Venezuela convive con una economía al borde de la quiebra, fuertemente afectada por la caída de los precios del petróleo, su principal producto de exportación, y una inflación proyectada de 2.200% para fines de este año, según el Fondo Monetario Internacional.

La población sufre el vivir diario, no sólo por no tener dinero, que todos los días pierde valor, sino por la carestía de productos básicos.

Las góndolas de los almacenes están vacías, y tampoco las farmacias tienen remedios para vender.

El Ejército controla industrias de alimentos que según el gobierno se dedicaban a especular.

La seguridad es un capítulo aparte. Venezuela enfrenta guarismos similares a países en guerra al tener una tasa de homicidios de 90 cada 100 mil habitantes.


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