De Montevideo a Hong Kong en una biblia

La travesía de telones diseñados y creados por talento uruguayo
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Que lo llame Julio Bocca a su oficina al poco tiempo de estrenar puesto como Director Nacional del Ballet del Sodre inquieta a cualquiera.

Hugo Millán, reconocido vestuarista de teatro, ilustrador, profesor de diseño de vestuario en la EMAD y la ORT, acudió a la cita, de la cual salió con un desafío que marcaría su futuro: diseñar vestuario y escenografía para el Ballet Nacional Sodre (BNS) y otras compañías. Según cuenta, las reuniones con Bocca son muy eficientes, no duran mucho más de unos pocos minutos y en esa primera lo acribilló: "¿Tenés un portfolio?", "¿Qué tenés que hacer dentro de dos semanas?" , "¿Tenés la visa y el pasaporte al día?". "Listo, te vas a Estados Unidos a trabajar en una obra".

telones Sodre

Con antecedentes en vestuario de carnaval o de teatro, el ballet presentaba desafíos distintos, como el ser puramente funcional, todo cortado en la cintura (opuesto a su estilo continuo y fluído) o tener en cuenta los movimientos extremos de los bailarines. Ese trabajo requirió conocer a fondo a los bailarines, lidiar con egos y plazos acotados, pero también afianzó su relación con Julio Bocca. A fines del año pasado, a la vuelta de un viaje donde actuaba como jurado en un concurso, el director del Ballet lo convocó a su oficina una vez más.

Esta vez, elevó la exigencia preguntándole a Millán si quería desarrollar la escenografía y el vestuario de la obra El Corsario, que sería interpretada por la Companía oficial de ballet de Hong Kong en el Teatro Nacional de esa ciudad a partir de noviembre de 2017.

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La compañía había decidido incorporar El corsario a su programación y para ello contrató a la coreógrafa canadiense Anne Marie Holmes, quien interactuó con Bocca en ese concurso como jurado. En las charlas sobre qué está haciendo cada uno quedó impresionada con la puesta en escena del BNS de ese ballet, el año anterior.

En un principio, el Ballet de Hong Kong solo iba a alquilar vestuarios y escenografías, pero luego decidieron comprar la licencia, que es propiedad del BNS; ya que fue para dicha compañía que Millán realizó el trabajo.

Luego de varios bocetos y tentativas, Millán viajó en octubre pasado a Hong Kong con la "biblia" (el manual de diseño de vestuario y escenografía de una obra) de El corsario, para mostrársela a la contrapartida china.

A partir de esa documentación, se procedió a su ejecución. La costumbre es hacerlo en China continental, España o Suecia, pero Se al saber que los talleres del Sodre habían realizado un buen trabajo con la escenografía, pidieron cotización. Cuando vieron que el presupuesto les servía, encargaron los telones, y el vestuario se mantuvo con ejecución local. Los trabajos se realizaron en un taller con un área similar a la boca del escenario que debían cubrir.

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Millán debió desdoblarse en mil roles, durante días y noches (las comunicaciones con Hong Kong son en la madrugada) para supervisar los trabajos de los telones en Uruguay (con un equipo liderado por Gustavo Petkoff) y de los trajes en Hong Kong via Skype, e-mails y llamadas. A ello le sumó sus actividades habituales como docente y vestuarista: se convirtió en un profesional exigido hasta la última fibra, con pocas horas de sueño pero mucho estímulo y compromiso hacia su tarea.

Su propia vida se convirtió en el mejor tributo al legado de una infancia en Mercedes, donde se crió entre los dibujos y piezas de un padre mecánico y una madre modista.

Aún así, es una persona mucho más joven de lo que indicaría su trayectoria en diversos rubros, y mucho más elocuente y amable de lo que indicaría su cansancio. Y, aunque se pregunta por qué se compromete con tanta cosa, encuentra el momento donde vislumbra la recompensa y los resultados por los cuales trabaja.

Sobre su experiencia en oriente en octubre, Millán comenta maravillado la capacidad de los creativos de manejarse con un lenguaje gráfico: sus diseños e ilustraciones fueron perfectamente interpretados por su interlocutora, quien realizaba anotaciones en chino junto a sus dibujos, mientras ponían toda clase de recursos a disposición, como el de fabricar un encaje con un diseño preciso suyo si él no lo encontraba en plaza.

De improvisar soluciones, dominar el arte de que algo de mediana calidad parezca de primera o no tener más de dos o tres lugares donde comprar insumos, pasó a tener cientos de proveedores distintos disponibles para elegir.

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Es un reconocimiento muy singular y de trascendencias imprevisibles: este espectáculo, con su vestuario y escenografía, será visto por mucha gente ya que el Ballet de Hong Kong hace giras por toda Asia y Estados Unidos.

El pasado fin de semana, el Sodre abrió sus puertas durante cuatro horas exclusivamente para que el público apreciara la escenografía con el autor y los artesanos que trabajaron en ella presentes. En pocos días, las telas terminadas se embarcarán prolijamente dobladas a China, donde se ajustarán, plancharán a vapor y suspenderán en un escenario con boca muy similar a la del Sodre. En octubre, Millán viajará para supervisar el montaje, previo al estreno de la obra, el próximo 3 de noviembre.

El trabajo no es el que uno espera de una escenografía del ballet clásico ni mucho menos: tiene instancias de fondo de cuento de hadas facetado, otras de patterns geométricos o de una psicodelia estimulante que uno no puede más que ansiar verla en acción con la iluminación, los bailarines y la música completando la magia.

Esas provocaciones fuera de regla son herramientas con las cuales las compañías de ballet trabajan para actualizar repertorios clásicos para llevarlos a nuevos públicos. El baile es el mismo, la música también, pero el vestuario y el entono pueden crear nuevas formas de percibirlo y mantenerlo vigente.

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Después de esta patriada, pocas cosas podrían entusiasmar a alguien, pero Hugo Millán ya encontró su objetivo: ponerse a trabajar en una escenografía para La Bella Durmiente, cuyo vestuario será de la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada, a estrenarse en el 2018; y una escenografía para El Quijote, el próximo agosto, también de estreno nacional.

No se difundió el valor de la licencia exportada pero Millán asegura que normalmente tienen costos aproximados de entre los 200 y 300 mil dólares, lo cual supone una brecha de calidad y posicionamiento para vender el talento uruguayo más allá que el consabido, limitante y ya no tan representativo "Uruguay Natural".

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