Decir adiós no es irse

Mujica sigue cabalgando pues no sabe hacer otra cosa y lo necesitan. El MPP sin él se caería a pedazos
Hace un montón de años José Mujica dijo al semanario Brecha que se iría para su casa si el Frente Amplio ganaba las elecciones de 2004.

"La idolatría ronda por todos lados en la izquierda", le comentó el periodista Marcelo Pereira: "Estoy hablando con alguien que se ha vuelto estrella". Y Mujica respondió: "Sí, ya sé, y es bastante incómodo.

Pero se va a terminar, eso tiene un plazo fijo. Cuando te idolatran tanto, después te van a putear mucho, no te preocupés, es por un tiempo. Para ser Gardel, lo mejor es saberse ir, pero estamos en una circunstancia..."

Trece años después el Pepe sigue en su circunstancia. Él es unos de los caudillos políticos más exitosos de la historia uruguaya, y la izquierda lo necesita para mantener la tropa en el redil.

Mujica volvió a levantar polvareda esta semana.

El lunes 13 se reunió en Soriano, en torno a un asado, con un grupo de personas que fueron intendentes departamentales entre 2010 y 2015, mientras ejerció la Presidencia de la República. Parecía un asunto cándido, pero no hay nada inocente en torno a Mujica: cada movimiento suyo es un hecho político, que angustia y entrevera a sus rivales.

Nada más peligroso que un viejo zorro seductor que dice que no va a ser candidato y se mete, como bobeando, en el gallinero del vecino.

Mujica niega que vaya a competir otra vez por la Presidencia de la República, pero cada vez más personas, incluso en su entorno político cercano, creen que inevitablemente lo hará.

Él ya fue el presidente con más edad de toda la historia uruguaya. Si corre de nuevo, y tiene éxito, asumiría su segundo mandato con 84 años, demasiado viejo según todos los estándares, pero no tanto para Uruguay, donde –como en la antigua España– los muertos mandan más que los vivos.

Mujica, quien se inició políticamente en el Partido Nacional, al lado de Enrique Erro, se reconoce como blanco en su interpretación de la historia uruguaya. Pero su buen vínculo con los intendentes del interior, mayoritariamente blancos, tiene más que ver con su personalidad abierta y con su forma franca de hacer política.

Buena parte del éxito de Mujica radica, precisamente, en que no pertenece al tipo de frenteamplista dogmático, religioso y arrogante, que provoca rechazo y cierra puertas.


Mujica hará política hasta que se muera, pues no sabe hacer otra cosa. "Fue siempre un militante político arquetípico, una persona consagrada de sol a sol a los asuntos públicos, un político vocacional y profesional", escribió Adolfo Garcé en 2015, comparándolo con Tabaré Vázquez.

"En su tabla de valores, la noción de 'éxito' personal, individual, no tiene sentido. Una vida virtuosa es la que se consagra al servicio público (siempre y cuando, además, en el ámbito privado, se viva con sencillez y austeridad). Para Vázquez, la política fue otra 'carrera'. Para Mujica, fue, es, y seguirá siendo, una misión".

Y Mujica también sigue haciendo política porque no tiene sustituto. Tire pa'lante que empujan atrás, cantó el poeta.

Aún no todos comprenden en la izquierda el valor de los individuos, que en Uruguay importan tanto o más que los partidos y los bizantinismos ideológicos, y son, al final del día, la clave de la derrota o la victoria. Sin Mujica, el hasta ahora muy exitoso MPP se cae a pedazos.

Su mujer, Lucía Topolansky, fue derrotada fácilmente por Daniel Martínez cuando aspiró a la Intendencia de Montevideo. Ernesto Agazzi y Alejandro "Pacha" Sánchez fueron humillados cuando compitieron por la Presidencia del Frente Amplio. Andrés Berterreche, suplente de Mujica en el Senado, es un buen trabajador hosco y sin carisma.

La vieja "corriente"radical de izquierda, esa vertiente política que en 1971 expresó Enrique Erro, tiene naturalmente, por inercia, unos 100.000 votos; no muchos más. El resto de torrente del MPP, unos 250.000 sufragios, los agregó Mujica, quitándoselos a colorados, blancos, socialistas e independientes.

Algunos dirigentes de la izquierda opinan que si el "Viejo" no enciende su maquinaria electoral, el Frente Amplio regalará un montón de votos y perdería las elecciones de 2019. Los astoristas, sus grandes rivales en la interna, creen que todo lo ineficaz que resultó en el gobierno es de eficaz en una campaña electoral.

Quienquiera sea el presidente de Uruguay a partir de 2020, tendrá que salir a hablar con sus rivales desde el primer día, antes incluso de las elecciones nacionales, pues es harto improbable que cuente con mayoría parlamentaria propia. Habrá menos soberbia.

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