Del pizarrón a la acción

Alumnos de UTU crearon un ejercitador de piernas para un compañero en silla de ruedas

Decir que “momento es igual a fuerza por distancia”, para explicar la rotación de las ruedas de una bicicleta, puede resultar un concepto intangible para un chico de 15 años. Pero para Nicolás y sus compañeros de Tecnología de la Escuela Técnica Arroyo Seco, esta  fórmula constituye una realidad de lo más concreta.

No hay nada más real que trabajar en un ejercitador de piernas para silla de  ruedas. No hay nada más tangible que luchar por la realización de un sueño: que Nicolás vuelva a caminar. 

En setiembre de 2010, Nicolás se enteró de que padecía mielitis transversal, un trastorno neurológico que le inflamó la médula espinal y en cuestión de minutos lo dejó sin caminar. Los médicos le dijeron que el período de recuperación era de seis meses a dos años y que luego de ese tiempo iba a ser muy difícil mejorar. Un año después, Nicolás logra pararse y caminar con andador. Pero desde  que comenzó el taller de Tecnología en su instituto las posibilidades de ganarle la carrera a la enfermedad son aun mayores.

La idea surgió del propio Nicolás y de su madre. Él fue quien en el primer día de clases habló de su enfermedad y propuso el proyecto. Él fue quien, guiado por los profesores Sergio Celis y Álvaro Ricaa, convenció a sus compañeros para presentarse en la Feria de Ciencias el próximo 13 de setiembre.

“Nicolás tiene una chispa y una avidez por hacer el proyecto que nos da impulso a todos”, señala Celis.

El sistema del ejercitador tiene el objetivo de que el usuario pueda mover sus piernas desde la propia silla de ruedas, un invento que no se encuentra desarrollado en Uruguay. Utilizando la vieja bicicleta de Nicolás y otras partes que sus compañeros fueron llevando, crearon un  artefacto con dos pedaleras. El mecanismo es sencillo: la pedalera que está a la altura de las manos genera el movimiento, que se transmite a través de la cadena a  la de los pies.

Ciencia solidaria
Pablo se pone las gafas protectoras y saca chispas al pulir el cuadro de la bicicleta, para que no dañe las piernas de su compañero. Mientras tanto, Gastón y el otro Pablo se dedican a aplicarle querosene y grasa a las cadenas del artefacto. Luego, el propio Nicolás se vuelve parte de la experimentación y prueba el particular artilugio.

Sus compañeros toman delicadamente los pies de Nicolás y los ubican en la pedalera inferior. A base de ensayo y error descubren que será necesario generar un método de agarre para que las piernas no se abran y los pies no caigan de su apoyo.

De forma paralela, otro grupo desarrolla una rampa para uno de los escalones del instituto.

“En cualquier ciclo básico debería haber educación tecnológica, pero, por el contrario, esto ha ido para atrás”, sostiene Celis. El profesor, que lleva décadas trabajando en los clubes de ciencias, siente un afecto especial por este equipo en el que la aplicación de la ciencia y la tecnología logra también un fin solidario y transformador.

“Para mí el proyecto es muy diferente. Te dan más ganas de trabajar cuando ves el entusiasmo que hay”, comenta.

Falta muy poco para que el grupo se presente en la Feria de Ciencias y los chicos trabajan incluso fuera de hora para avanzar lo máximo posible en su proyecto. ¿Que si quieren ganar?  “¡Nos gustaría quedar en la historia!”, dice Nicolás, con su ímpetu habitual. Para sus  compañeros, en cambio, el objetivo es el que cumplen día a día: “Nosotros lo hacemos por él”, afirma uno de ellos.

Mientras tanto, Nicolás sueña con estudiar ingeniería en sistemas y con volver a hacer lo que más extraña: jugar al fútbol. El horizonte quizá se expanda aún más. Cabe la posibilidad de que patenten el invento y de que este novedoso artefacto surgido de las aulas pueda convertirse en  un instrumento para la recuperación de muchas otras personas que anhelan volver  a caminar.

Proyecto UTU

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