Despertarse en Uruguay y desayunar en Brasil

Un asentamiento partido en dos, y una brasileña que nació uruguaya porque era más barato: las historias del límite entre Rivera y Santana Do Livramento
Todos los días Miriam se despierta del lado uruguayo, camina unos pocos pasos hacia la cocina, en territorio brasileño, y comienza preparar la comida que luego venderá para ganarse el pan. En esta modesta casita de madera, en el asentamiento del Cerro del Marco, justo sobre la línea que divide Rivera de Santana do Livramento, la electricidad con la que se enciende la luz llega desde Brasil y el agua que sale de la canilla es de OSE.

"Yo no sé dónde vivo, algunos dicen que esto es Brasil, y otros que es Uruguay", comenta Miriam con un marcado portuñol típico de la ciudad de Rivera, donde la línea fronteriza es más invisible que en ningún otro lugar. Como ella, unas 30 familias integradas por uruguayos y brasileños están instaladas en este asentamiento que durante décadas ha sido un dolor de cabeza para los sucesivos gobiernos al frente Intendencia de Rivera y el municipio de Santana Do Livramento.

Esta unión entre Uruguay y Brasil que es particularmente fuerte en este lugar, está presente también en buena parte de los más de 800 kilómetros de frontera con el gigante del norte. Geisabele, una comerciante de artesanías de 26 años, es un ejemplo de lo que ella misma reconoce como "identidad fronteriza". Hija de padres brasileños, nació en el Hospital de Rivera porque los cuidados médicos que requería el parto eran más baratos del lado uruguayo, razón por la que tiene doble nacionalidad.

"Yo no soy ni uruguaya ni brasileña, soy fronteriza", dice en un portugués al que ya casi lo que quedan rastros del castellano que aprendió mientras asistía a la escuela Nº 8 de Rivera, pese a vivir en Livramento. "Cuando cruzaba a Uruguay hablaba solo español, pero de la frontera para acá, solo hablaba portugués", cuenta.

Gesiebel Frontera
Gesiebel es hija de padres brasileños, pero nació en Uruguay porque el costo de los cuidados del parto eran más baratos.
Gesiebel es hija de padres brasileños, pero nació en Uruguay porque el costo de los cuidados del parto eran más baratos.

El puesto de artesanias de Geisabele está ubicado en la Plaza Internacional, un símbolo de hermandad entre Rivera y Livramento, cuyo mantenimiento depende en partes iguales de Brasil y Uruguay. Aquí algo tan simple como cambiar la luminaria, o reacondicionar los bancos del espacio público, requiere la autorización de las autoridades de cancillería en Montevideo y Brasilia.

En la oficina del intendente de Rivera, Marne Osorio, los símbolos patrios uruguayos, como la bandera de los 33 Orientales, la de Artigas y el pabellón nacional, comparten un lugar al lado de la bandera de Brasil. Hijo de padre brasileño y madre uruguaya, este político colorado desistió de tener la doble nacionalidad por su actividad, pero no reniega de esa "identidad única" que comparten riverenses y santanenses.

"En esta frontera hay un intercambio cotidiano en lo laboral, lo educativo, lo sanitario, lo social, y por eso para nosotros la doble nacionalidad es algo absolutamente natural".

Ricardo, un comerciante uruguayo que se define como "doble chapa", piensa en Rivera y Livramento como una única ciudad, y la calle Sarandí en la que tiene su puesto (del lado uruguayo) como un centro de compras compartido, que solo se cierra cuando ambos países se enfrentan en una cancha de fútbol. "Cuando juega brasil y hace un gol Uruguay vuelan las ciudades con bombas, y pero cuando termina el fútbol la policía cierra la línea divisoria".

Ricardo Núñez Frontera
Ricardo Núñez muestra su documento uruguayo y brasileño.
Ricardo Núñez muestra su documento uruguayo y brasileño.

Los tiempos políticos


Es difícil determinar cuándo comenzó a poblarse el asentamiento del Cerro del Marco, pero hay al menos tres generaciones que se criaron en aquellas casitas de madera cubiertas de espesa vegetación. La administración de Osorio, como la de muchos de sus antecesores, tiene el objetivo de realojar a las familias que viven allí, en un trabajo que deberá coordinarse con el gobierno de Santana. Es que según el intendente, solo si ambos países actúan al mismo tiempo se podrá reacondicionar la zona y evitar que más familias se muden a ese lugar.

Roberto, que ha vivido en el Cerro del Marco durante más de 40 años, ya ha escuchado las promesas de una eventual reubicación de parte de los gobiernos de Uruguay y Brasil, pero esta vez cree que se está más cerca que nunca.

Es que la advertencia realizada por parte de bomberos uruguayos de que el cerro corre riesgo de derrumbe, podría acelerar el trámite: "Cuando hay tormenta se caen los árboles, el cerro se desmorona", contó Roberto.

mARINELA FRONTERA
Marinela
Marinela


Otros vecinos como Miriam, son más escépticos. "Cada tanto cae una piedra chica, pero nunca pasó nada", dijo esta mujer que está decidida a quedarse en la casa en la que ha vivido toda su vida.

En abril, las fuertes lluvias que azotaron el norte del país obligaron a las autoridades a evacuar de urgencia a seis familias que habitaban en el asentamiento por el riesgo a ser aplastados por un eventual desprendimiento del cerro.

Sin embargo, según explicó Osorio, si bien Uruguay ya tiene un lugar preparado para la reubicación de las familias uruguayas, el gobierno de Santana –que se ocuparía de las familias brasileñas– asumió en enero de 2017, y por lo tanto "está un momento político diferente".
"Hoy no tenemos un cronograma de realojo porque tenemos que esperar que se ajuste el nuevo gobierno", explicó el intendente de Rivera.

Miriam, que es uruguaya pero está casada con un brasileño, preferiría vivir en Livramento, donde la vida es más barata. Roberto, que también es uruguayo pero tiene hermanos, sobrinos y nietos brasileños, prefiere una solución en Uruguay, porque allí están sus "raíces".

Mientras los tiempos políticos se ajustan, y las cancillerías en Montevideo y Brasilia, a 500 y 2.300 kilómetros del marco fronterizo, hacen sus definiciones, los vecinos del Cerro del Marco ven como cada tanto, alguna piedra cae rodando hacia el fondo de sus casas.

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