¿Después de Niza, qué?

El islamismo radical de los fanáticos del ISIS ha centrado en Francia sus ataques cobardes

Primero fue CharlieHebdo en enero 2015, después París en noviembre de 2015, ahora le tocó a Niza. Sin duda, el islamismo radical de los fanáticos del ISIS ha centrado en Francia sus ataques cobardes a gente inocente, de cualquier raza, sexo, edad, nacionalidad y religión. Las celebraciones del día nacional de Francia, en una apacible noche de verano junto al Mediterráneo reunieron a miles de personas, de diferentes nacionalidades, de diferentes edades, de diferentes razas. Y los 84 muertos y los 130 heridos engloban estadísticamente una muestra casi perfecta del conjunto. Nadie se atribuyó el atentado pero tiene todos los signos y las marcas del ISIS o del Al Qaeda. Y en fondo ¿qué más da que sea uno u otro? ¿qué más da que sea revancha del ISIS al ver que pierde la guerra territorial en Siria y en Iraq?

La pregunta es ¿cómo evitar más Nizas, más París, más Bruselas? Todos los gobernantes de los países afectados prometen renovar la lucha contra el terrorismo en Irak y Siria y aumentar las medidas de seguridad internas. François Hollande dijo ayer que en Niza: "Las fuerzas de seguridad (...) habían tomado todas las medidas para que estos fuegos artificiales estuvieran, en la medida de lo posible, protegidos", para luego felicitar la actuación policial que permitió "neutralizar al asesino" y "acabar con la carnicería". Obsérvese bien que dice "en la medida de lo posible". Pues bien, no fue "posible encontrar esta medida" porque las tácticas de los terroristas van cambiando y como son suicidas, es muy difícil detenerlos. Sí es posible prevenir y detener a quien pretende matar y salir con vida porque sus opciones de acción y escape se acotan, pero a quien su vida no le importa porque encontrará pronto recompensa en el paraíso islámico con todo tipo de placeres, en muy difícil detenerlo o hasta preverlo. Puede estar en un camión, en un tren, en un aeropuerto, en un avión. Y no necesita estar en Estados Unidos donde es muy fácil adquirir armas con lato poder de fuego. El de Niza es un atentado "low cost": no hay que movilizar una célula de varios hombres como en París o Bruselas, no hay que saltar controles en los aeropuertos, no hay que conseguir armas y municiones sofisticadas. Nada. Basta un "lobo solitario" (o, mejor, un "loco solitario" aunque este loco tenía mujer y tres hijos) que alquila un camión de 19 toneladas, aprieta el acelerador y va haciendo "eses" durante dos kilómetros para causar casi tantas víctimas como en París con 10 terroristas asaltando una discoteca y varios restaurantes simultáneamente.

La idea del camión no es original. Está escrita en un manual de 2010 de AlQaeda llamado "Open Source Yihad" en el que se dan ideas baratas y sencillas para hacer atentados de alto impacto y con pocos recursos. Una de ellas es precisamente alquilar un camión y usarlo como una segadora para "segar la vida de los infieles". Lo único que se requiere es "la voluntad de dar la propia vida por Alá". Y concluye: si usted puede llevar armas, hágalo para matar más gente al final del recorrido. Y señala que "este método es ideal para usar en países como Israel, Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australia y Francia". Le recomiendo que no siga leyendo los otros métodos del libro "Open Source Yihad" porque se le pondrán los pelos de punta de lo fácil que es cometer atentados a gran escala "si uno está dispuesto a dar la propia vida por Alá".

Será larga la lucha para terminar con este tipo de terrorismo fanático, pero una de las formas de combatirlo es destruir su refugio, centro de reclutamiento y de adoctrinamiento: el califato que ocupan en Iraq y Siria. Sobre todo Siria, donde se mezclan con refugiados y vuelven a los países occidentales de los cuales son ciudadanos legales. Al Qaeda vio reducida su capacidad de acción luego de que Afganistán no fue un santuario seguro de entrenamiento y refugio. Desde que se establecieron en Siria, los yihadistas realizan atentados en 23 países con un saldo de 1700 muertos y miles de heridos.

Pero la acción armada, con ser importante, no será suficiente. Es vital el repudio unánime del Islam, en todos los países y ciudades, a los radicales que en nombre de Alá pretenden imponer a sangre y fuego la religión islamista a los infieles de todo el mundo. Los yihadistas tienen que sentir el desprecio y el rechazo unánime de sus compañeros de religión y estos les deben hacer ver que van por el camino equivocado. Y los estados árabes deben dejar de comprar petróleo al ISIS, porque el ISIS no es solo enemigo de Occidente o de la religión cristiana sino de toda la humanidad.

Después de todo, no estamos ante un choque de civilizaciones sino un choque de fanáticos que toman como propio el nombre de Alá contra el resto de la humanidad


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