Diario de guerra

El escritor Curzio Malaparte cuenta desde la línea de combate los detalles de la invasión alemana a la Unión Soviética
Curzio Malaparte fue uno de esos intelectuales que encarno en sí mismo todas las contradicciones del convulso siglo XX. Fue un miembro destacado del Partido Nacional Fascista y terminó afiliándose al Partido Comunista Italiano. Fue protestante toda su vida pero abrazó el catolicismo poco antes de morir. Fue un militar condecorado con medallas al valor y sin embargo odiaba la guerra. Fue diplomático, escritor, dramaturgo, cineasta y corresponsal de guerra. Fue casi todo lo que se puede ser.

En realidad era un alemán de pies a cabeza (su padre era germano y su madre italiana), que se llamaba Kurt Erich Suckert. Alguna vez afirmó con ironía: "No me perdonan que sea veinte centímetros más alto que la mayoría de los escritores italianos". Y a pesar de sus palabras, amaba profundamente Italia, sus gentes y su bellísima cultura.

Con Benito Mussolini tuvo una relación de amor y odio permanente, que recuerda a la de Napoleón con su ministro de relaciones exteriores Talleyrand. El Duce nunca le perdonó su famoso libro Técnica del golpe de Estado; Malaparte nunca volvió a apoyarlo después del cobarde ataque italiano a una Francia ya vencida por Alemania.

No obstante, el trato personal se mantuvo. Se dice que la incorporación de Malaparte como corresponsal de guerra a las tropas alemanas durante la invasión a la Unión Soviética, en 1941, se debe a que Mussolini ya no podía soportarlo y así logró sacárselo de encima por un rato.

Gracias a esa maniobra existe El Volga nace en Europa, un libro tremendo hecho con las crónicas periodísticas que Malaparte escribió y mandó regularmente a Italia desde la primera línea de combate, durante la operación Barbarroja y más tarde, en 1943, desde el cerco de Leningrado.

Que Malaparte fuera el único corresponsal en el frente ruso hace que el libro sea un testimonio histórico, irrepetible, único. Pero lo que realmente hace grande al libro es la mirada lúcida de este hombre capaz de anotar cada detalle, de describir con maestría mil cuadros dantescos con enorme lirismo y, al mismo tiempo, intercalar profundas reflexiones sobre las causas estructurales y sociales de la contienda.

Malaparte lo ve todo y lo apunta todo, no se limita a contar tal o cual batalla. El aspecto del cielo, los olores, las miradas, los muertos, las risas, los animales, los pueblos, la maquinaria de guerra, las iglesias, las heridas, los viejos, los jóvenes, los niños, la arquitectura, la sangre, los sueños, las violaciones, los ruidos, los gritos, las vidas.

Además están los diálogos que mantiene con todos los protagonistas, del general alemán al prisionero ruso, del civil aterrado al mecánico. Y hay escenas fantásticas, casi irreales, plasmadas con una maestría que recuerda a Tolstoi en su capacidad de narrar mil detalles simultáneamente construyendo así un fresco impresionante.

Esta el comisario comunista que cae prisionero con cuatro soldados más y que a la mañana siguiente aparece estrangulado. Deja un papel donde explica que le ha pedido a sus compañeros de cautiverio que lo maten. Esta la llegada a un pueblo donde una familia rusa burguesa se viste de gala para recibirlo, le hablan en pulido francés, tienen un sirviente y todos parecen fantasmas de la época de los zares.

Cuando el libro salta a 1943 durante el cerco de Leningrado, con la flota soviética varada en el hielo y la ciudad hambrienta y desesperada, el libro alcanza cotas altísimas de calidad literaria. El Volga nace en Europa es un trozo de historia en carne viva.


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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli