Diez emprendedores históricos del este del país

Piria, Aguilar, Lussich y Páez Vilaró son algunos de quienes dejaron huella para la posteridad en el turismo nacional

Cuando nos sentamos a mirar la puesta de sol en algún balneario del este, resulta extraño pensar que, no hace demasiados años atrás, la costa uruguaya era una sucesión de arenales casi inexplorados. Con los indígenas más adeptos a los ríos y los criollos más interesados en criar ganado y cultivar tierra adentro, el desarrollo turístico de las playas uruguayas se dio recién cuando empezaron a llegar inmigrantes europeos -sobre todo ingleses y franceses- que tenían la costumbre de ir a descansar a la costa.

Entre esos inmigrantes de fines del siglo XIX, hubo algunos hombres de negocios que se destacaron por su espíritu visionario, su actitud emprendedora y sus ganas de dejar un legado a la posteridad.

Casas en el Este realizó un ranking de los diez visionarios, emblemáticos en sus balnearios, que además dejaron una huella en el turismo a nivel nacional, inspirando a otros para hacer crecer la costa uruguaya.

Casas en el este general.jpg

1. Francisco Piria (1847-1933)

Si hubo un hombre influyente en el impulso turístico de toda la costa, fue Francisco Piria. Uruguayo hijo de italianos, hizo la escuela en Italia y se destacó como rematador. Al fundar Piriápolis en 1893 y concebirla como la primera ciudad balnearia, fundó el turismo en Uruguay. Su legado alcanza muchos otros balnearios fundados por personajes a quienes influyó directamente con su visión moderna, que trajo de sus estudios en Europa.

Piria se enamoró del Puerto del Inglés en 1890. Supo que ese marco de cerros era el entorno ideal para construir "la ciudad balnearia del porvenir", como la definía. Y trabajó incansablemente para concretar ese sueño, incluso cuando entonces no estaba extendida la costumbre de vacacionar en la playa. Además de la planificación del territorio para fundar la ciudad, creó todas las atracciones e infraestructura necesarias para convocar al turismo más allá del verano. Hasta hoy, los empresarios uruguayos de todas las industrias lo consideran su principal referente histórico. Su misticismo es parte indisoluble de la identidad de Piriápolis.

2. Francisco Aguilar (1776-1840)

Punta del Este le debe su origen a Francisco Aguilar y Leal, un comerciante acaudalado que llegó de las Islas Canarias (España) a comienzos del siglo XIX. Se enamoró de estas tierras y de una criolla con quien formó su familia, dedicándose a la producción agrícola y al comercio. Tanto fue su amor por esta tierra, que participó activamente en la revolución libertadora de 1811 y obsequió la localidad llamada "Villa Ituzaingó"en 1829, que más tarde sería el principal balneario del país.

Entre sus innovaciones, Aguilar fue el primero en explotar los recursos naturales de la zona, como la faena de lobos marinos y ballenas en el Puerto de Maldonado. Como intendente de Maldonado, impulsó la construcción de obras públicas enla ciudad fernandina. Llegó a traer dromedarios, los únicos animales capaces de trabajar en el desierto que entonces era la franja costera. En 1830, los fernandinos juraron ante él la Constitución de la República.

3. Enrique Burnet (1845 – 1927)

Si hoy en vez de arenales vemos pinares en Punta del Este, es gracias al navegante inglés Henry Burnett, que llegó a a la costa tras un accidente naviero. Otro personaje que, enamorado de una oriental, se quedó para formar aquí su familia.

Burnet fue el responsable de forestar toda la zona de Punta del Este, continuando la tarea de poblamiento iniciada por Aguilar. La forestación fue el gran recurso de creación de balnearios para hacer habitables los lugares y resguardarlos en invierno, cuando las bajas temperaturas y el fuerte viento hacían casi imposible quedarse en la costa.

Los pinos que Burnet plantó persistentemente en la península -idea traída de Europa- lograron contener la fuerza de los médanos que amenazaban con cubrir la nueva localidad. Su casa es hoy uno de los atractivos históricos más importantes de Punta del Este.

4. Antonio Lussich (1848 – 1928)

Hablando de grandes forestadores, Antonio Lussich hizo historia en el este creando el inmenso arboretum que hoy lleva su nombre en Punta Ballena y que le dio tanta vida a esta zona.

Contemporáneo de Francisco Piria, Lussich era hijo de un mercader croata, y también plasmó la influencia europea de su formación en el trazado de su obra forestal. Después de luchar en la Revolución de las Lanzas y la Guerra Grande, se hizo cargo de la empresa de salvamento marítimo de su familia y amasó una de las fortunas más grandes del Río de la Plata, con lo que pudo comprar árboles de todos los continentes y traerlos a nuestra costa para crear el inmenso jardín en torno a su residencia.

El legado de Lussich fue más allá de la botánica: en su juventud escribió "Los tres gauchos", una novela gauchesca que el mismo Borges consideró "el borrador del Martín Fierro".

5. Juan Gorlero (1849 – 1915)

Inmortalizado en la calle más importante de Punta del Este, Juan Gorlero fue uno de los mayores impulsores de la costa de Maldonado para que se convirtiera en lo que es hoy. Con el apoyo de Claudio Williman en la Presidencia, Gorlero combinó su visión empresarial con su actividad política como intendente de Maldonado para darle a Punta del Este la infraestructura necesaria para recibir turistas.

Bajo su mandato se nivelaron calles, se instaló el agua corriente y, en un esfuerzo conjunto con Lussich, se reforestó la Isla Gorriti. Se lo recuerda sobre todo como el primer gran "publicista" de Punta del Este, difundiendo incansablemente su belleza en Uruguay y Argentina para posicionarlo como el primer destino turístico de la región.

6. Horacio Arredondo (1888 – 1967)

Si las costas de Canelones y Maldonado parecían lejanas a finales del siglo XIX, ir a Rocha era como llegar a otro mundo. Aquí la historia de los balnearios no responde tanto a personajes influyentes o grandes fundadores, sino a las familias y trabajadores que poco a poco fueron construyendo sus casas en torno a los faros.

Pero hay una figura que sobresale en los inicios del turismo rochense, y es la de Horacio Arredondo. Este apasionado investigador dedicó años y años a restaurar las Fortalezas de Santa Teresa y San Miguel, y propuso la creación de los parques nacionales que las circundan. Así, Arredondo fue el propulsor del turismo histórico en la región, que le dio su renombre a la costa rochense, además de inspirar a toda una generación de historiadores en la reconstrucción del patrimonio.

7. Miguel Perea (1858-1942)

El particular plano de La Floresta, dicen los historiadores, guarda símbolos masónicos que remiten a su fundador: Miguel Perea. A comienzos del siglo XX, Perea tuvo contacto con Piria y Lussich, también destacados miembros de la masonería.La obra de ambos en Maldonadolo entusiasmó tanto que no se detuvo hasta crear su propio balneario.

Encontró el lugar perfecto en el único monte silvestre de la costa de Canelones, en el entorno del arroyo Sarandí. Allí creó, en 1911, La Floresta S.A de Arboricultura, Balneario y Fomento Territorial, la compañía de forestación que daría origen a La Floresta. La estación de tren, que ya existía a pocos kilómetros del balneario, ayudó a la llegada de muchos turistas de Montevideo y Argentina, que eran trasladados a la costa en un tranvía llamado "decauville". Hoy la emblemática rambla de La Floresta lleva su nombre como homenaje.

8. Natalio Michelizzi (1899-1953)

En el mismo año que La Floresta se fundó Atlántida, gracias en gran parte al trabajo del ingeniero Juan P. Fabini, quien en sus comienzos compró los terrenos junto a Francisco Ghigliani. Pero el nombre más recordado de la ciudad es el de Natalio Michelizzi, quien dio un renovado impulso en la década del treinta para convertirlo en el principal destino de la Costa de Oro.

Michelizzi era un comerciante italiano radicado en Buenos Aires, usual visitante de Atlántida. Tanto le gustaban sus playas, que decidió trasladar aquí sus ideas innovadoras, y llegó a comprar todas las tierras del balneario, logrando una excelente cotización de los solares en muy poco tiempo.

Sus dos grandes legados son el Hotel Planeta con forma de barco -que se hizo en el tiempo récord de seis meses y fue uno de los más avanzados de la época- y el monumento El Águila, que hasta hoy está cubierto por un halo de misterio que hace más imborrable la figura de Michelizzi.


9. Miguel Jaureguiberry (1871 – 1953)

La historia de Jaureguiberry -hombre y balneario- es fascinante. Ya en la tercera edad, después de "cuarenta años levantando utopías", este arboricultor vasco se radicó en la "isla de arena" formada en la barra del Arroyo Solís y la enverdeció con una obra forestal impresionante que hoy es de los rincones ecológicos mejor preservados de la costa.

Después de crear el parque, Jaureguiberry atrajo pobladores de diversas nacionalidades a radicarse en el balneario que hoy lleva su nombre. También participó en la forestación del Parque Balneario Solís y el Parque Andresito en La Paloma.

10. Carlos Páez Vilaró (1923-2014)

Aunque no vivió en la época de orígenes de los balnearios, la magnitud de su obra lo convierte en uno de los personajes inolvidables en la historia de nuestra costa. Portezuelo (y todo Punta del Este) no tendrían su estatus turístico actual sin Casapueblo, ese monumento que el artista dejó para la posteridad.

Páez Vilaró construyó su casa-museo-taller-hotel con sus propias manos, sin planos ni arquitectos, imitando el trabajo natural de los horneros. Su motor fue el cariño por sus amigos, a quienes les construía habitaciones si se quedaban más de lo previsto. Ese cariño permanece hasta el día de hoy en cada culto al sol que se vive en los balcones de Casapueblo.

Además de esta creación costeña, Páez Vilaró dejó una obra vastísima que es una oda a la integración cultural y a los valores humanos, y que puso a la idiosincrasia uruguaya en los ojos de los países que recorrió.












Populares de la sección