Dos yankees se juntan en Vietnam

Uno es presidente y el otro cocinero. La cena en Hanoi de Barack Obama y Anthony Bourdain fue una verdadera fiesta

La foto de Obama y Bourdain en un bolichito de Hanoi me hizo acordar a aquel legendario aviso de tarjeta de crédito: dos bun cha en el centro de Hanoi: cuatro dólares. Dos cervezas: un dólar. Propina: un dólar. Cenar con Anthony Bourdain/Barack Obama en Vietnam: no tiene precio. Para todo lo demás están las tarjetas de crédito.

Todos conocen a Obama, ese hawaiano de padre africano y madre blanca que llegó a presidente de Estados Unidos en base a un carisma fuera de lo común. Para los que todavía no conocen a Anthony Bourdain, va un dato: es el cocinero más cool del planeta.

Obama está en una gira por Asia, en la que está cumpliendo con visitas inéditas a países con los cuales Estados Unidos ha estado en guerra, y que han sufrido de manera muy severa la circunstancia que los enfrentó al país más poderoso del mundo. Después de Vietnam, en cuya guerra murió un millón de personas, el presidente viajó a Japón, donde Estados Unidos dejó caer dos bombas nucleares.

Sin embargo, Obama se hizo un tiempito para comer con Bourdain en ese lugar que se ve en la foto. Ambos aparecen sentados en esas butacas de plástico azul, ante una mesita rectangular de una modestia conmovedora.

Esa cena será el plato principal del inicio de la cuarta temporada del programa de Bourdain en CNN, Parts Unknown, que se emitirá en setiembre próximo. Bourdain ya conocía Vietnam, un país que le cambió la vida, según declaró hace poco. Obama no.

Ningún presidente estadounidense había visitado Vietnam después de la guerra que terminó en derrota para los norteamericanos el 30 de abril de 1975.

El presidente, sin embargo, conoció el sudeste asiático mucho antes que el cocinero. Obama vivió desde los cinco años de edad hasta los diez en Yakarta, en la isla de Java, Indonesia, al sur de Vietnam.

Bourdain adelantó que la conversación tuvo que ver con la infancia del presidente y los olores y sabores de la comida callejera de esa región del planeta, que ahora está tan de moda que Vietnam ha sido el país elegido por los aventureros gastronómicos como el país con mejor comida callejera del mundo.

La afición por la buena comida del presidente se generó ahí, muy cerca de donde estaba comiendo con Bourdain, en tanto que la del cocinero nació en su adolescencia, cuando probó las ostras en un pueblo de pescadores de Francia.

La foto causó un revuelo importante a través de la telaraña digital. Casi lo primero que se advierte es la tranquilidad sobrenatural que tienen los comensales alrededor del presidente de Estados Unidos. Se ven tan auténticamente interesados en sus propios asuntos que parece una broma.

Otro de los comentarios más usuales se refiere a la simetría en la que están presentados los platos sobre la mesa. Está claro que la foto está muy bien preparada. Si se la muestra junto a la foto de la muchedumbre que espera la salida del presidente después de la cena, se ve que el sentimiento real de la gente era bastante más entusiasta.

Comieron bun cha, uno de tantos platos típicos de Vietnam: cerdo a la parrilla marinado con salsa y cebolla de verdeo, servido con fideos de arroz y vegetales. No se trataba de algo exótico para ninguno de los dos. Bourdain ha dicho que a esta altura, después de 14 años de viajes, nada es exótico para él. El presidente, por su parte, demostró una habilidad tan natural en el uso de los palitos, que parecía que los usaba de forma rutinaria en la Casa Blanca.

Entrevistado en setiembre de 2014, Bourdain señaló tres países que excedieron sus expectativas, en cuanto a su cultura culinaria: Irán, Colombia y Uruguay. Obama todavía no vino por acá. Por si hacen falta voluntarios, yo soy capaz de participar en lafoto del Mercado del Puerto, al lado de estos dos, sin darles la mínima importancia, concentrado en una buena molleja.


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