Dressing mental

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Por Lautaro Pérez Rocha (*), especial para El Observador

¿Y cuáles son los grandes problemas a resolver en la ganadería uruguaya para su desarrollo? Un joven, estando ahora en China, me tiró ese dardo envenenado. Mi respuesta: nos falta justamente hacernos esas preguntas, que nos den el rumbo y la visión. Hay que pensarla diferente. Necesitamos un verdadero dressing mental.

Las recientes y endémicas discusiones sobre el pago en tercera balanza y los rendimientos del ganado son una muestra más de cuán baja tenemos la mira y de la miopía reinante. La ganadería y el país precisa enfocarse en los temas que son realmente sus problemas y buscar soluciones para ello.

Esa es la gran debilidad: la incapacidad de identificar y priorizar desafíos, pensar soluciones a medida y alinear esfuerzos de largo plazo. Pese a la muy buena institucionalidad que nos caracteriza, es débil la generación de una corriente de trabajo, volumen colectivo de juego en términos futboleros.

Los temas prioritarios son el acceso a mercados, la producción ganadera, el agregado de valor y las capacidades de investigación e innovación. Un ejemplo de nuestro desenfoque. Realizamos un trabajo fenomenal de medición de las pérdidas ocurridas que se dan en la cadena por defectos en la calidad. La última auditoría de la carne realizada (2013-2015), las situaba en US$ 31 millones. Sin embargo, no medimos con igual tenor cuánto anualmente se pierde por un acceso deficitario a los mercados ni cuánto es lo que deja de producir el país por los terneros que no nacen.

El sistema ganadero tiene enormes oportunidades para avanzar en sus indicadores reproductivos y productivos

Hay quienes, aisladamente, arrojan estimaciones al respecto. Sobre el acceso, el año pasado circuló en la prensa una estimación que cifraba en US$ 230 millones las pérdidas por ese concepto. Hace dos semanas, en una jornada particular se mencionaba que la diferencia entre los indicadores de vaca preñada y ternero destetado significaban 300 mil animales menos, o sea, US$ 800 millones anuales. Más allá de la precisión de los números, para estos tres imperfectos e incompletos ejemplos, es una bofetada: prestamos atención al 3% de lo que sería la brecha potencial. ¡No nos estamos preguntando cuáles son los grandes problemas a resolver!

El sistema ganadero tiene enormes oportunidades para avanzar en sus indicadores reproductivos y productivos. ¿Por qué no pensamos soluciones, estrategias para eso? En el país más vacuno del mundo la tasa de preñez y destete no hay quien la mueva.

La faena de novillos de hasta 4 dientes, que es un indicador de la velocidad de engorde y de rotación del stock ganadero, también sin avanzar. ¿Cuánto más puede mejorar (económica y sustentablemente), qué se precisa para ello? Uruguay, donde se consume más carne vacuna y es el que menos sabe de sus consumidores y al que menos los educa. De punta a punta en la cadena, hay mucho por hacer.

Nuevamente, volver a lo básico. Y acá tiene que haber un papel de liderazgo y agenda más consensuada entre todas las organizaciones y en particular desde el Ejecutivo, los organismos vinculados al sector y las gremiales. No se necesitan grandes planes, basta con aquellos que entren en un par de hojas: la agenda priorizada y los resultados esperados, qué factores afectan el logro de esos resultados, qué indicadores medir, y qué trabajos hay que hacer.

Estamos buscando respuestas a problemas menores, a cuestiones erradas; el desafío es identificar las verdaderas y relevantes preguntas para el desarrollo ganadero. El ajuste del dressing hay que hacerlo en nuestra forma de pensar y proyectar.

(*) lautaro@adinet.com.uy