Drogas recreativas: su impacto en el cerebro

En el caso de la marihuana, el uso compulsivo crece con el aumento en la concentración de THC

Por Guillermo Fossati

¿Qué son las drogas recreativas? Son sustancias psicoactivas potentes que tienen la capacidad de alterar la percepción de la realidad. Precisamente en esta propiedad está el atractivo y el riesgo de las drogas recreativas.

Tienen el potencial de afectar el mecanismo por el cual percibimos el mundo externo (lo que viene de afuera) y el mundo interno (lo que viene de nuestra mente). Alteran la representación mental de lo que la persona ve, siente, o recuerda. Los efectos de las drogas en la percepción, la motivación, o el placer, resultan de la interacción entre las drogas y las neuronas. Una característica común de la mayoría de las drogas recreativas es el corto período de tiempo entre su uso y el impacto (efecto) en el cerebro. Este es uno de los atractivos de las drogas recreativas: placer inmediato. A título de ejemplo, pocos segundos necesita la nicotina para llegar al cerebro.

La ley de marihuana, el experimento del expresidente José Mujica, plantea una serie de dilemas en la esfera ética (hacer algo malo para ver si se consigue algo bueno). Cuesta entender esto de decir “no fumes marihuana porque te hace daño pero yo, Estado, te la ofrezco y te la vendo”. Una clara contradicción sanitaria. Algunos, defensores del denominado “mercado legal de la marihuana”, reaccionan diciendo: “el Estado también fabrica y vende alcohol” (algo que anunció que dejaría de hacer). Lo cierto es que la existencia de un error no sirve de excusa para cometer otro. Por otra parte, se habla de “regulación responsable” cuando se está ofreciendo y vendiendo una sustancia que se sabe produce daño. En palabras de Tabaré Vázquez: “A la corta o a la larga la marihuana produce daño”. Además, siendo el Estado el que te la ofrece y te la vende, se fortalecen mecanismos de autoengaño y se puede terminar generando una disminución en la percepción del riesgo que conlleva el uso de esta sustancia. Se está haciendo más fácil la llegada a la droga y, diría, más aceptable socialmente su consumo. Esto puede dar lugar a mayor consumo.

Lo bueno, de lograrse, sería el buscado golpe al narcotráfico. Resultado que surgiría al no tener que recurrir al mercado negro para comprar la droga. En este sentido, puesto que no caben dudas del daño que el comercio de drogas produce en las sociedades (corrupción, crimen, violencia), la intención de la ley es buena. El problema es que tiene mucho de wishful thinking (pensamiento ilusorio). A título de ejemplos, ¿cuál es la chance de competir en precio con el mercado negro? Habrá que ver la reacción del mercado negro una vez que se inicie la venta de la marihuana recreativa en las farmacias. ¿Qué sucedería si el mercado negro reacciona con una sustancial reducción del precio de la marihuana?

¿Qué es lo que hace que la demanda aumente? ¿Cuánto se explica por las condiciones socioculturales actuales? ¿Qué porcentaje de los consumidores pasan de la experimentación y la recreación al uso continuado y riesgoso (dependencia)? ¿Qué porcentaje pasa de la dependencia a la adicción (compulsión por administrarse la droga, ausencia de control sobre la situación, aumento progresivo de la dosis)?

Si bien no todos los consumidores siguen el camino de la adicción, el inicio es el uso recreacional. Existen hábitos de conducta que, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en adictivos. No hay que hacerse trampas al solitario, se trata de sustancias adictivas y su uso puede generar dependencia y finalmente adicción. Cuando las neuronas están expuestas a la presencia de drogas mucho tiempo se acostumbran a esa presencia y se adaptan para sobrevivir. Las pobres neuronas, expuestas a la presencia de las drogas, no pueden protestar. No les queda otra que adaptarse a la presencia de la sustancia. Se adaptan encontrando nuevas formas de reaccionar. Una de estas formas es desarrollando lo que se conoce como tolerancia a la droga. El resultado final de esta tolerancia es que el consumidor pasa a requerir luego una mayor dosis para lograr producir los mismos efectos.

Estas neuroadaptaciones que se producen van modificando al cerebro. El resultado último de estos cambios es un cerebro hecho (“cableado”) para la adicción. Es lo que hace luego difícil dejar de consumir. En el caso de la marihuana, el uso compulsivo de la droga crece con un aumento en la concentración del tetrahidrocannabinol (THC), el principal constituyente psicoactivo del cannabis. Las concentraciones de THC han ido en aumento a lo largo de los años. Es decir, la marihuana disponible hoy es más potente que la que existía décadas atrás. En Holanda, por ejemplo, se ha expresado preocupación por el elevado nivel de las concentraciones de THC en la droga que se vende hoy a los jóvenes holandeses.

En síntesis, todas nuestras experiencias tienen por resultado la formación de circuitos neuronales. Estos circuitos pueden cambiar, para mejor o para peor. La adicción puede, en mucho, explicarse como cambios en determinados circuitos. Estos cambios en el funcionamiento del cerebro se traducen en alteraciones (perceptivas, emocionales, motoras, cognitivas, conductuales, etcétera). El cerebro se modifica para adaptarse a la presencia de las sustancias (cannabis, anfetaminas, cocaína, nicotina, alcohol, etcétera). Otro tanto, pero con características distintas, sucede en el cerebro ante las denominadas “adicciones conductuales” (ludopatía o juego patológico, adicción a internet y a las nuevas tecnologías virtuales, compras compulsivas, etcétera). En breve, el cerebro es tanto la fuente como el efecto de la actividad humana. Hay que cuidarlo.