Drones: un negocio que crece en alerta por la informalidad

Los principales actores de plaza ven con preocupación la lenta fiscalización en el rubro
Así como la mayoría de los grandes avances tecnológicos a lo largo del siglo XX, los vehículos aéreos no tripulados también nacieron impulsados por fines bélicos. Es sabido que la guerra no solo se gana en los campos de batalla, sino también en los centros de investigación. De hecho, los primeros drones datan de la primera guerra mundial entre 1914 y 1918, aunque no fue hasta finales del siglo pasado que alcanzaron mayor versatilidad.

Hoy en día, el uso comercial de los drones se ha extendido a rubros que abarcan la realización fotográfica y audiovisual, la seguridad, el análisis de cultivos y suelos, los inventarios, e incluso ya existen prototipos para el transporte de pasajeros y cargas. Se espera que el modelo Ehang 184 –que lleva el nombre de la empresa que lo fabrica y tiene una autonomía de 50 kilómetros o 30 minutos de vuelo– esté operativo como taxidrón a mediados de este año en Dubái, en lo que representa una verdadera alegoría "supersónica".

Ante la baja de los precios de la tecnología, los drones se fueron haciendo cada vez más accesibles en Uruguay. Debido al aumento sostenido de importaciones –sobre todo a finales de 2014–, surgió en 2015 la Asociación Uruguaya de Drones (AUD) con el objetivo de acompañar a la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (Dinacia) en la búsqueda de un marco regulatorio.

Además de velar por cuestiones de seguridad, una de las principales razones que llevaron a la formación de la asociación fue que se fiscalizara y evitar así que se generara una competencia desleal para las productoras que se desempeñan en lo audiovisual y empresas que brindan servicios en el agro (los dos negocios fuertes del país). La facilidad para adquirir un dron y montar una empresa audiovisual, aseguran, perjudicó el negocio.

La cobertura del seguro de mayor valor para los drones es de US$ 200.000 y tiene un costo anual de US$ 700 y el de menor costo es de US$ 58 y es por US$ 10.000. La Dinacia exigió el seguro y el de responsabilidad civil para drones (se adaptó el de aviones), y solo lo ofrece el Banco de Seguros del Estado.

La AUD elaboró un manual gratuito que es tenido en cuenta a la hora de la prueba para adquirir la licencia de piloto. También se ofrecen cursos de piloto –una novedosa profesión en plena expansión– por parte de empresas como Drone.Uy, Dédalo y Fly School.

Según datos aportados por el asesor de la Dinacia, José Palermo, en la actualidad hay 16 empresas registradas, 75 dispositivos autorizados para volar en el país y 25 permisos de pilotos aunque varios más se encuentran en trámite.

Entre 2014 y 2015 se importaron alrededor de 7.000 drones en Uruguay, cifra que engloba tanto dispositivos para uso profesional como amateur. En el caso de los primeros, los costos pueden ir hasta los US$ 100 mil, mientras que los segundos se pueden obtener desde los US$ 50.

"Lo primero que hay que tener en cuenta al hablar de drones es que son robots, con capacidad para tomar decisiones para asistir al ser humano, seguir determinados rumbos que no son en línea recta, programarse para tareas agrícolas, auxilio médico o soltar determinadas cargas", explicó a Café & Negocios el director para América Latina del fabricante DJI, Manuel Martínez. La empresa de tecnología china acapara el 70% del mercado mundial de drones para aplicaciones civiles y el 90% en Uruguay.

Martínez estuvo en Uruguay recientemente para asistir al taller "Oportunidades en el aire. Integración de drones en la trama productiva y de negocios", organizado por el Proyecto de Internacionalización de la Especialización Productiva (PIEP), dependiente del Ministerio de Industria. Destacó el ecosistema creado en el país entre autoridades y usuarios. Para el ejecutivo, la situación en Uruguay es muy positiva para hacer negocios con drones porque hay una política pública impulsando el desarrollo de los servicios de esa industria.

Además, agregó que en Uruguay ya se están dando cuenta de que el país puede ser líder en Latinoamérica en venta de servicios. "La lógica debería ser: para qué vamos a estar inventando drones si ya hay empresas más competitivas que los están haciendo. Se debe apuntar a los servicios, aprovechar la industria del software que ya tienen", dijo Martínez.

Pioneras y reguladas

Una de las primeras empresas en apostar a la utilización de estas herramientas en lo audiovisual fue Dédalo, después de alguna mala experiencia audiovisual y fotográfica de sus socios tanto en avioneta como en helicóptero.

El socio de la firma y vocero de AUD, Alejandro Ferrari, señaló que a los que empezaron desde 2013 con el uso de drones para generar un servicio diferencial les fue muy bien. "Marcamos una línea y con un mercado tan chico si te hacés conocido por un producto de entrada vas a tener más impacto que el que tienen los que se van sumando. El que pega primero en Uruguay pega dos veces", manifestó Ferrari.

Esa realidad no es igual para todas las empresas que apostaron a esta tecnología. Ferrari sostuvo que mucha gente que invirtió hasta US$ 20 mil para poder trabajar en el área publicitaria hoy se ve perjudicada por pequeñas productoras que se fueron sumando y que no pagan impuestos o los seguros.

El costo de mantenimiento solo del hardware de un dron para uso profesional puede ir de US$ 2.000 a US$ 3.000 anuales.

"De todas formas después del boom de 2014 creo que vamos a llegar a una meseta. Aunque ahora el trabajo ha descendido, a la larga vamos a quedar los que empezamos con el negocio. El primer factor a tener en cuenta en este sentido es lo costoso que resulta mantener un dron, más el costo de una empresa y del seguro de responsabilidad civil", dijo el empresario.

En esa misma dirección opinó uno de los socios de producciones audiovisuales aéreas Altavista, Alvaro Scarone, al asegurar que efectivamente en el mercado hay mucha gente que trabaja irregularmente, lo que perjudica a las empresas y al negocio en su conjunto.

"Se tiene que empezar a fiscalizar de alguna manera porque si no va a llegar un momento en que se van a ver drones por cualquier lado. El acceso es cada vez más fácil y algún día puede llegar a pasar algo grave", advirtió.

Mientras tanto, Sebastián Macías, uno de los cofundadores de Dronfies –plataforma web de control colaborativo de drones, utilizada para publicidad y eventos, incubada en Ingenio–, señaló que en 2016 la profesionalización y la cantidad de pilotos aumentaron considerablemente y sugirió que, en aras de controlar, podría desarrollarse un software local.

Los requerimientos de la Dinacia para autorizar a una empresa a trabajar con drones están basados en el decreto 39/77 (Prestación de servicios de transporte aéreo interno e internacional de pasajeros, equipaje, correo y carga), lo que implica las mismas exigencias que rigen para una compañía de transporte aéreo, aunque, según destacó el asesor del organismo estatal José Palermo, los procesos se han simplificado para los drones.

Algo similar ocurre con los seguros, mientras que una condición sí necesaria para operar es que las empresas acreditadas sean constituidas en Uruguay. Para Palermo, la principal preocupación fue siempre regular el espacio aéreo: "Nuestra política fue bien diferente a la de otros países. Asumimos que esta es una industria que se viene y nos reunimos con los actores que estaban trabajando. Nuestra premisa fue: tenemos que ofrecer seguridad pero dejar a la gente trabajar".

El agro como impulsor

Fue Agronegocios del Plata (ADP) la pionera en importar en 2010 el primer dron de ala fija. Se trataba de una avión sin piloto controlado desde tierra mediante una computadora que envía ordenes al piloto automático a bordo. Una vez que fue establecida la regulación de Dinacia en 2014, Pablo Sandoval –quien era uno de los dos pilotos de ADP desde 2010– resolvió crear una empresa dedicada exclusivamente al servicio de vuelo para drones de ala fija.

Básicamente los dos tipos de drones usados en Uruguay son los multirrotores (hélices) y los de alas, que se asemejan a un avión. Los primeros no puede volar por encima de los 120 metros de altura, según la regulación.

Así nació Inteldrones, que ofrece planificación, logística, adquisición de datos remotos y procesamiento de información. También en 2016, tras una alianza estratégica con CSI Ingenieros, empezó a trabajar con las principales empresas forestales.

Para Sandoval, la gran oportunidad en los servicios de drones radica en facilitar las tareas que antes resultaban tediosas. "Trabajos como recorrer un campo de 1.000 hectáreas contando árboles podía llevar días y los resultados eran estimativos, pero en cambio el relevamiento con drones es de alta calidad y se puede hacer en horas y a menor costo", señaló.

Cambio de ruta

La empresa Cloud-stat comenzó hace dos años con la idea de armar drones a medida para el sector del agro. En un principio logró fabricar dispositivos con sensores en asociación con la empresa de seguridad Securitas. Según el CEO de Cloud-stat, el ingeniero francés Max Pattisier, las regulaciones complicaron bastante el modelo de negocios que tenía planeado la empresa.

Después, la llegada de los robots de DJI con máquinas baratas y de buena calidad, hicieron que competir se vuelva casi imposible, por lo que la empresa apostó a barcos no tripulados y drones capaces de cargar más de 100 kilogramos.

"Para los drones de carga utilizamos tecnología de helicópteros ligeros pero no tripulados pensando en atacar el mercado del agro (fumigación), incendios y monitoreos de zonas complicadas", señalo Pattisier. Este tipo de modelos aún no están previstos en la legislación uruguaya.

Luego de varios fracasos comerciales en el desarrollo de prototipos para seguridad rural y vigilancia, Drones.uy logró pivotear a tiempo para enfocarse en agro y topografía principalmente, manteniendo de todas formas un hardware de su confección de dron profesional sobre el que se prototipan otros componentes. Se trata del modelo Jota 3.0, apto para carga y aplicación de agroquímicos. "Tenemos varios hardwares de drones desarrollados, pero comercialmente no podemos competir con el Phantom 4 de DJI", apuntó una de las socias de Drones.uy, Verónica Hugo. La empresa montó su propia academia de formación de pilotos profesionales DroneUy Academy. El curso es de tres meses de duración y el costo es de $ 16.500.

Sobrevuelo luego del tornado de Dolores

Una vez ocurrido el tornado hace un año en Dolores, se realizaron cinco vuelos de drones de propiedad privada cubriendo la totalidad de la zona afectada, y se obtuvo un modelo tridimensional de la ciudad y un nivel de detalle de hasta ocho centímetros por píxel.

Dos días después, los equipos de emergencia tuvieron a disposición en sus dispositivos móviles o computadoras toda la información mapeada por los drones. Esta información pudo ser consultada a través de un servicio online de mapas directamente desde el terreno. En una segunda instancia los datos fueron usados para proyectar la reconstrucción, ver el estado de cada padrón y realizar mediciones.

Según Pablo Sandoval, oriundo de Dolores, la importancia de haber llevado adelante tal medida fue que el Comité de Emergencia pudo tomar decisiones con rapidez a partir de que se pudieron relevar los daños de una zona de desastre en mucho menos tiempo de lo que hubiese llevado hacerlo con un método tradicional. Hubo también empresas aseguradoras que contrataron servicios de drones para relevar los daños ocurridos.


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