EEUU está perdiendo su control sobre el Pacífico

El giro de Filipinas hacia China es más que mera bravuconería
Por Gideon Rachman
Financial Times


Hillary Clinton y Donald Trump están visitando todo Estados Unidos en los frenéticos últimos días de la campaña electoral. Pero los acontecimientos no se quedan quietos. En el otro lado del mundo, EEUU acaba de sufrir un revés estratégico significativo.

El retroceso se ve reflejado en la aparente decisión de Filipinas de cambiar de bando en la lucha por el poder emergente entre EEUU y China. En una visita a Beijing la semana pasada, Rodrigo Duterte, el presidente de Filipinas, anunció una "separación" de EEUU y una nueva relación especial entre su país y China.

En uno de los pronunciamientos diplomáticos más extraños en un año ya raro, Duterte proclamó en el Gran Salón del Pueblo en la capital china: "Hay tres de nosotros contra el mundo: China, Filipinas y Rusia. Es la única manera". La declaración fue recibida por cálidos aplausos de su público.

Duterte tiende a hablar sin pensar. En una aparición poco después de asumir el cargo, hizo titulares al llamar al presidente de EEUU, Barack Obama, un "hijo de puta". Pero hay algo más que mera bravuconería involucrada en el giro Duterte.

El líder filipino también ha dicho que tiene la intención de poner fin a la cooperación militar con EEUU. Aparentemente, las patrullas navales conjuntas en el Pacífico cesarán, al igual que las operaciones antiterroristas conjuntas en la isla meridional de Mindanao. Algunos estrategas estadounidenses están preocupados de que Filipinas podría incluso ahora convertirse en una base para la marina china, que se expande rápidamente.

Clinton, en particular, comprende el significado de todo esto. Un tema central de su período en el Departamento de Estado giró en torno al esfuerzo por reforzar la posición de EEUU en Asia y el Pacífico. Fue Clinton quien proclamó en 2010 que EEUU tiene un "interés nacional" en la libertad de navegación en el Mar del Sur de China.

Esta declaración enfureció a los chinos, cuya famosa "línea de nueve puntos" en los mapas oceánicos parece afirmar que casi todo el Mar del Sur de China se encuentra dentro de las aguas territoriales de Beijing.

Como Clinton dijo en Goldman Sachs, en un discurso pronunciado en 2013 y recientemente filtrado, le preocupa que las reclamaciones marítimas de China "estrangularán a las vías marítimas y a los países que bordean el Mar del Sur de China". Esas preocupaciones se han avivado aún más con el programa chino de construcción de "islas" en las aguas en disputa.
Filipinas estaba en el centro de los esfuerzos estratégicos y legales de EEUU para aflojar el posible estrangulamiento de China sobre el Mar del Sur de China. Algunos de los conflictos más tensos implican una confrontación entre China y Filipinas. Fue Manila quien presentó una demanda legal contra los avances de Beijing sobre el Mar del Sur de China, al obtener una resolución en su favor ante un tribunal internacional en julio.

Esta decisión es crucial para el argumento de Washington de que su disputa con China no es una lucha de poder en general, sino más bien un esfuerzo, de EEUU, por proteger el orden jurídico internacional, en beneficio de todos.

En un nivel puramente estratégico, Filipinas es (o era) también vital para los esfuerzos de EEUU para luchar contra las instalaciones militares que China parece estar construyendo en sus islas artificiales.

A principios de este año, Manila y Washington acordaron incrementar la presencia militar de EEUU en cinco bases en territorio filipino. Ahora, esos acuerdos entre EEUU y Filipinas probablemente sean revocados. En términos más generales, el argumento moral de EEUU por "enfrentarse a China" es mucho más débil si los propios vecinos de China ya no parecen estar tan preocupados por sus reivindicaciones territoriales.

Algunos estrategas estadounidenses sostienen que, a la larga, Filipinas redescubrirá el interés estratégico en la búsqueda de la protección del "Tío Sam". Pero también es posible que Duterte, a pesar de sus excentricidades de hombre salvaje, sea en realidad parte de una tendencia en el sudeste asiático.

El próximo año, Filipinas dirigirá la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. Y esto sucederá al tiempo que otros dos importantes aliados de EEUU en la región –Tailandia y Malasia– han comenzado a inclinarse hacia China.

El golpe militar en Tailandia en 2014 condujo a un enfriamiento en las relaciones entre Bangkok y Washington, cuando los estadounidenses pidieron un rápido retorno a la democracia; y en 2015 Tailandia anunció la compra de submarinos chinos. Najib Razak, el primer ministro de Malasia, también se dirigió a Beijing en busca de socorro al defenderse de las investigaciones de corrupción en Occidente.

Frente a todos estos contratiempos en el sudeste de Asia, EEUU buscará nuevas oportunidades diplomáticas y estratégicas. Un país que seguramente continuará resistiendo el dominio chino de la región es Vietnam. Este mes, el USS Frank Cable y el USS John S McCain se convirtieron en los dos primeros buques de guerra estadounidenses en visitar la base naval vietnamita de Cam Ranh Bay desde el final de la guerra de Vietnam en 1975.

Durante el período más crítico de la guerra, la bahía de Cam Ranh sirvió como base importante tanto para la Marina como para la Fuerza Aérea de EEUU en la lucha contra Vietnam del Norte.

No obstante, es una ironía histórica, y una muestra de cómo el ascenso de China está cambiando Asia, que Vietnam pueda invitar a los militares estadounidenses de nuevo a Cam Ranh Bay, esta vez como un aliado, y no como un enemigo

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