El Berretín: historia bajo tierra

Un edificio de los años de 1940, donde funcionó durante años el viejo almacén La Marina, acoge hoy un nuevo emprendimiento gastronómico. El Berretín propone al comensal una experiencia en la que puede degustar platos característicos, apreciar el arte y recordar nuestro pasado

Por Agustina Amorós

En una propiedad estilo art déco, en la intersección de José María Montero y Guipúzcoa, en pleno corazón de Punta Carretas, funcionó durante décadas el emblemático almacén La Marina. Luego de concretarse el cierre del almacén y, tras varios intentos, en abril de este año el viejo local reabrió sus puertas configurado como parrilla y restaurante. Los cuatro socios inversores, Andrés Mañosa, Renzo Gatto, Daniel Silvera y Guillermo Rendo, tenían una propuesta clara para su emprendimiento. Con vasta trayectoria en el rubro gastronómico, se vieron atraídos por este punto de la ciudad. Su idea era adaptar el local, mantener la esencia del viejo almacén y generar una nueva apuesta de interiorismo y decoración.

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Entre sus planes estaba, incluso, conservar el nombre original. Con esa idea se vincularon con Juan Pablo Roca, del estudio de arquitectura Misura Design. El diseñador, nacido en el mismo barrio, aceptó con gusto el proyecto y en julio del año pasado comenzaron las reformas en la propiedad. La propuesta de interiorismo pretendía mantener gran parte de la estética. Se conservaron los pisos originales, rescatando las antiguas baldosas de tonalidades marrones y amarillas. A pesar de un pequeño cambio de ubicación, se mantuvo el viejo mostrador original y se seleccionaron objetos históricos del almacén, que hoy lucen como piezas de decoración.

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El planteo de Roca asumía una buena presencia de arte en los ambientes. Convocó a la artista uruguaya Lara Campiglia, le ofreció las mesas de los comensales (simples y cuadradas) como lienzo para trabajar y ella las convirtió en auténticas obras de arte, lo que también hizo con otros objetos del lugar. Las sillas son el resultado de una amplia curaduría y van desde antiguas butacas de campo a otras de estilo inglés. Se ponderó la comodidad, por lo que se eligió mobiliario en madera de caoba y roble. La iluminación pretendió alimentar la idea de un ambiente relajado y confortable. Se trabajó con una base de iluminación pareja y se combinó con luminarias antiguas que aportaron calidez a los ambientes.

Cambio de planes

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Además del salón principal, se tuvo en cuenta un ambiente más pequeño con salida al jardín interno que había sido una ampliación de la propiedad original, por lo que la obra pretendía unificar estéticamente los espacios, lo que los obligó a reemplazar el viejo piso de madera. Al levantar los primeros tablones, el diseñador y su equipo se encontraron con un giro inesperado. "Apenas levantamos las primeras maderas se desmoronó gran parte del piso y nos encontramos con un túnel subterráneo de dos metros de profundidad y seis metros de ancho", relata Roca. La cercanía de la propiedad a la antigua penitenciaría de Punta Carretas y las características que tuvo la fuga que allí se produjo de un centenar de presos políticos el 6 de setiembre de 1971 conectan inmediatamente el túnel con el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros y con la histórica fuga del siglo.

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"Aunque, honestamente, cada uno teje su historia sobre el berretín", admite el diseñador y alude con ese nombre a los sitios que tenían los tupamaros en algunos puntos de la ciudad para esconderse. El túnel va en dirección a la calle Guipúzcoa pero no conduce hacia ningún lugar, parecería estar sin terminar. Dentro, se encontraron algunos elementos de trabajo, como un pico y una pala, una hormigonera, un aparato de radio de transmisión con un micrófono, una batería, botellas llenas de tierra y demás artefactos cubiertos de historia y telarañas. "Encontrar este túnel nos tomó completamente por sorpresa. La idea no es teñir la propuesta con ideas políticas. Forma parte del pasado y aposté a la necesidad de mantenerlo. En cierta medida, no nos pertenece a nosotros, es la historia del país", relata Roca aún asombrado por los hechos.

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En consecuencia, insistió con reformular la propuesta de interiorismo. La idea era integrar el berretín al restaurante, sin tomar partido político ni realizar un despliegue que diste de la realidad. Se optó por colocar una estructura de metal y hierro con cristal laminado que recubra el pasaje subterráneo y genere continuidad con el piso. De esta forma, se consiguió exhibir y transitar sobre el túnel, lo que permitió que se colocaran mesas sobre el mismísimo berretín. "Lo dejamos tal cual lo encontramos. Únicamente instalamos una guirnalda de luces para que se pueda apreciar su profundidad". El resultado es increíble y el público agradeció la propuesta. "Las mesas más solicitadas son las que están sobre el berretín", cuenta Roca, anonadado con el desenlace del proyecto.

Platos de la casa

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La oferta gastronómica en El Berretín es acotada y flexible, lo que la vuelve particularmente atractiva. Se desarrolló una carta que se nutre de la cultura rioplatense. La oferta incluye carnes, pastas y comidas de olla, y el cliente tiene la posibilidad de combinar distintas salsas y acompañamientos para su plato. Se trata de una propuesta simple y cuidada, con pequeños matices que invitan a sentirse como en casa. No es una carta sofisticada, sino impregnada de gastronomía uruguaya, que incluye simples deleites, como arroz con leche y Martín Fierro.

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Horario: Todos los días a partir de la hora 20.

Sábados y domingos también de 12 a 16.


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