El camino sin retorno de las víctimas del delito

Aunque reciban una atención adecuada, aseguran que el dolor los acompañará para siempre. La clave es aprender a vivir a con él

Cuando una persona sufre un accidente cardiovascular (ACV), la atención que se le pueda brindar en las primeras horas es determinante para mitigar las secuelas. De igual manera el apoyo que reciba la víctima de un delito es vital para que la crisis que experimenta no se convierta en un trauma, explicó a El Observador la psicóloga Pilar Ríos, integrante del Centro de Atención a las Víctimas de Violencia y Delito (Cavid) del Ministerio del Interior.

El Cavid comenzó a funcionar en 2009 y desde entonces da auxilio psicológico a las víctimas de delitos violentos y a los familiares en los casos de homicidios.

Para eso, los siete psicólogos que trabajan en la unidad reciben un reporte diario de los nuevos casos y entran en contacto con la víctima o los familiares en las primeras 48 o 72 horas luego de ocurrido el hecho. En lo que va de octubre el Cavid atendió 130 casos.

"La persona está en crisis cuando la llamamos, está enojada y angustiada. Algunos no quieren saber de nada y te mandan a detener a los delincuentes. Tenemos que tener espalda para escuchar esos reclamos porque ser parte del Ministerio del Interior tiene una carga adicional en nuestra tarea. Muchos no quieren a la policía en su casa", explicó Ríos.

De todas formas, la mayoría de las víctimas que son contactadas aceptan la ayuda que consiste en cinco entrevistas con psicólogo y trabajador social. Luego de eso se las evalúa y, de ser necesario, se las deriva para una atención más integral.

"El solo contacto telefónico a la persona le hace bien. Nosotros le advertimos lo que le puede pasar, lo que es esperable", explicó a El Observador Ana Silva, otra psicóloga del Cavid. Las alteraciones en el sueño, en la alimentación, no querer bañarse, encerrarse en su casa o un estado de hipervigilancia son síntomas que puede experimentar quien pasó por un hecho violento.

Para las urgencias que tengan las víctimas hay un servicio telefónico que funciona las 24 horas y es atendido por psicólogos. "Nunca llamó nadie en una situación límite, pero sí con mucha angustia y allí los guiamos para que salgan de ese momento", cuenta Silva.

Para evitar la revictimización, el Cavid se encarga de capacitar a los policías, que son los primeros en tomar contacto con la persona. Se les pide que no abran juicios de valor contra la víctima, que no den sermones ni prejuzguen. También se forma a los fiscales para el nuevo rol que tendrán en 2017 y a los becarios que tomarán las denuncias en las comisarías.

Una marca para toda la vida

Una pared con unas 30 fotos recibe a quien llega a la sede de la Asociación de Familiares y Víctimas de Delitos (Asfavide) en General Flores 2419. El rostro de Lola Chomnalez o el de Héctor da Cunha destacan entre las demás víctimas anónimas que solo son un puñado de las que se acumularon en los últimos años. "A ese señor le coparon la casa y lo golpearon tanto que lo mandaron al CTI, donde murió", dice Graciela Barrera, fundadora de Asfavide, mientras repasa una a una las historias que se esconden detrás de cada foto.

Barrera lleva la muerte de su hijo grabada en la mirada que solo se le ilumina cuando habla de lo que han logrado con la fundación en estos cuatro años. El principal avance que reconoce en favor de las víctimas es la pensión que se otorga en ocasión de una rapiña, copamiento, secuestro o cuando la persona haya resultado "incapacitada en forma absoluta para todo trabajo".

En los casos donde la víctima muere, el beneficiario puede ser el cónyuge, los hijos menores de edad o los mayores que "estén absolutamente incapacitados para todo trabajo".

Desde su aplicación en 2013, el BPS lleva otorgadas 137 compensaciones según datos actualizados al mes de julio de este año. La pensión no es acumulable con otras prestaciones, se paga mensualmente y su valor es de seis BPC, unos $ 20 mil.

Además de "un abrazo o una palabra de aliento", quienes concurren a Asfavide pueden acceder a asesoramiento legal, capacitación profesional y atención psicológica. "Actualmente hay 12 personas que se atienden con nuestros psicólogos", dijo tímida Barrera, quien enseguida aclara que, aunque la cifra pueda parecer baja, para una organización que se autofinancia es mucho.

De todas las dificultades que debieron superar, Barrera destaca que la indiferencia sigue siendo el principal enemigo de las víctimas. "Creo que vende más cuando te matan que cuando salís en defensa de la paz", dice resignada.

En su lucha no hay lugar para la política. Por eso resolvió que no participa de marchas y reconoce que fue tentada por "varios sectores políticos" para sumarse a sus filas, ofertas que rechazó porque "el dolor de los familiares no es para hacer política".

El hecho desgraciado que convierte a una persona en víctima o arranca a un ser querido de una familia puede ser superado con la atención debida, pero es un título que los acompañará para siempre. "Te acostumbras a vivir con eso, como un saco que te pusieron un día y nunca más te lo podés sacar", concluyó Barrera.


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