El cantor de la perpetua reinvención

Treinta años de trayectoria no es poco. Hay que poder -y saber- mantenerse vigente. La peripecia de Jorge Nasser, desde hace tantos años, es digna de elogio.

Por Jaime Clara 

APUNTES DESORDENADOS Un día, de algún año de la década del 80, Montevideo apareció tapizada por afiches que anunciaban un recital de rock en el teatro del Anglo, en aquel momento todos nombrábamos como Millington Drake. Era un afiche celeste, con un primer plano de un joven serio, campera de cuero, con mirada severa. Era Jorge Nasser (Montevideo, 1956) para muchos un desconocido.  Sin embargo desde aquel momento, se transformó en un protagonista de primera línea de la música uruguaya. Jugó a varias bandas. Primero fue el rock en solitario, luego la ya mítica banda Níquel, canto de raíz folklórica, momentos de blues, para transitar, hoy, una amplia calle de estilos y propuestas, con solidez e identidad.

En 2013, el colega Valentín Trujillo recordaba en El Observador, que "cuando hace más de una década Jorge Nasser mutó en forma de un músico folklórico descubrió un mundo. Sacó la cabeza de Montevideo, se subió a un auto, aplastó las nalgas en el asiento y recorrió las rutas del Uruguay profundo. Y sin quererlo, se conectó con sus antepasados. Lo que para algunos fue final, para otros fue comienzo. En una vieja casa en la esquina de Cerrito y Guaraní, cerca de la Aduana del puerto, vivieron siete hermanos Nasser. El menor sería el padre de Jorge." (*)

Hace un lustro, el periodista Gerardo Carrasco definió  en Montevideo Portal, que la carrera de Nasser tiene sus  "avatares, primero surfeando la ola del rock nacional, casi corriendo de atrás, luego como primeros exponentes del rock de estadio vernáculo con Níquel, y, de un tiempo a esta parte, encarnado en un cowboy urbano, milonguero eléctrico en procura de un lugar en la canción popular. Si algo hay que reconocerle a Nasser es su tesón, su olfato y su capacidad de supervivencia, y que buena parte de la música uruguaya de los cuatro últimos lustros se edificó a un lado y otro de Nasser. Él y su banda fueron capaces de ganar adeptos en un público poco acostumbrado a descender a los tugurios a ver qué se cocinaba, y que, en cambio, llegaba a la música a través de la TV, la radio, y el festival masivo. Él y su banda, quizás como nadie, supieron generar odios y desprecios en una o dos generaciones de rockeros que, en defensa de vaya uno a saber qué purismo, denostamos (y me cabe el sayo), sus posturas éticas y estéticas." (**)

AMO ESTE LUGAR  La historia del rock uruguayo post dictadura tiene a Niquel, desde 1986, como uno de sus nombres fundamentales. Junto a Pablo Faragó, Nasser encontró un sonido nativo que no se apeaba de las reglas básicas del movimiento que integraban. Fueron fieles a la tradición de grandes nombres que lograron "uruguayizar" -perdón por el barbarismo- su propuesta rockera que quería ser auténtica, en español, pero despegados del portentoso "rock nacional", que venía de Argentina. Fueron momentos de canciones que marcaron una época y que todavía hoy se mantienen como si hubieran sido grabadas ayer: Gusano loco, Candombe de la Aduana, Amo este lugar, por nombrar solo tres de tantas. Nasser confesó en una entrevista que "fuimos un fenómeno popular." Hubo una canción "que cambió para siempre la historia de Níquel, y la mía, que fue el Candombe de la Aduana, que convirtió una banda que movía 300 tipos, algo que era ya raro por esos días, con un fuerte espaldarazo, en un grupo que rompió todo. Si aún hoy ser popular en Uruguay es controvertido, imaginate 20 años atrás. Porque definamos popularidad: Los Tontos, los Estómagos, Los Traidores, eran populares entre los 600 tipos que podían llevar a un Cine Cordón. Creo que ser popular es ser como La Vela Puerca, o Níquel, que llevaba en su momento bastantes miles de personas".

Siempre inquieto, Nasser fundó, en 1995, un sello discográfico independiente, Gargoland, con el que produjo y editó a varios artistas, como el Cuarteto Zitarrosa, Roberto Darvin, Eduardo Da Luz, Lágrima Ríos, Sinfonica de Tambores, entre otros.

A comienzos de los 2000, se retomó la lejana carrera como solista, pero con una mirada sobre el folklore, que su público desconocía. Y muchos no le perdonaron. Se tatuó a Artigas en un brazo, el tono de sus canciones lo acercaban más a Zitarrosa que a los Stones. Provocó el enojo de los fundamentalistas del folklore y los del rock. Sin embargo el mensaje subyacente en sus conciertos, giras y discos de la época era que todos los fundamentalismos son malos.

A Nasser, la vida le depararía otros mojones no menos importantes y bastante más dolorosos. En 2011 sufrió una artrosis degenerativa que le provocó una lesión medular en las vértebras cervicales. Según contó "fue una situación límite, porque hubo muchos riesgos. Si no me operaban, corría riesgo de quedar parapléjico, por la lesión medular. Operándome podía suceder que me tocaran algo porque es un lugar donde pasan todos los cables, para decirlo en lenguaje musical. La manguera por donde van todos los cables a la consola, que está acá (se apunta con el dedo a la sien)". Trujillo recuerda que "el compositor tuvo una recuperación de 90 días. En ese momento no sabía lo que iba a pasar con su vida, si iba a seguir tocando, si iba a evolucionar. Si iba a poder o a querer. La vida lo puso de pronto en un lugar alejado de su mundo y lleno de pasillos, camillas, olor a hospital. La música se volvió para Nasser en un factor terapéutico",

Tras su recuperación, apareció el disco Pequeños milagros. Con este disco, según su página web (***) "Nasser logra una síntesis de su pasado rockero y su etapa solista potenciando el “toque” de guitarras criollas con melodías y sonoridades “post-beatles” en un trabajo que se anuncia como “el mejor de su carrera”."

La historia no se detuvo en ese disco. Acaba de salir Nasser 3.0, un disco doble grabado en vivo en el Teatro Solís, en el que celebra treinta años de carrera. Un trabajo que, con la aparcería de  figuras como Sandra Mihanovich, Malena Muyala, Spuntone y Mendaro, Gabriel Peluffo y Fede Graña, entre otros tantos que integran sus tres bandas (la Rock, la Blues, la Criolla) demuestra que su camaleónica transformación está vigente. Y que sigue haciendo el camino de siempre, como cantaba desde la Aduana.

 

(*) http://www.elobservador.com.uy/canciones-reunidas-baul-turco-n253431
(**) http://www.montevideo.com.uy/auc.aspx?129506
(***) http://jorgenasser.com/


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