El coeficiente de inserción en el futuro

Un nuevo cálculo para ver qué tan preparado se está para enfrentar desafíos

Un estadígrafo y sociólogo militante nazi-fascista, Corrado Gini, creó, usando una curva de distribución, un coeficiente que hoy lleva su nombre, que mide supuestamente la desigualdad de ingresos o riqueza. En la práctica, el coeficiente no sirve para nada, salvo para que el marxismo residual empuje por más impuestos y los políticos de cualquier bandería aprovechen para conseguir más fondos para repartirse.

En términos técnicos, se mide de uno a cero, o de cien a cero, la relación entre población e ingresos. Cuanto más alto es el resultado, más concentrada está la riqueza. Lo estúpido de la ecuación es que en un país donde todos fueran pobres, el coeficiente daría cero, es decir un resultado perfecto. O sea, se trata de un coeficiente de resentimiento, que no sirve para nada, y mucho menos para combatir la pobreza.

Pero se ha hecho tan famoso, como tantas otras ecuaciones de los planificadores centrales que han costado tanta hambre, que me inspira para arrojar la idea de un nuevo coeficiente, que ofrezco en primicia a mis amigos uruguayos como contrapartida para conseguir un trato favorable en las eliminatorias.

Lo he denominado Coeficiente de Inserción en el Futuro (CIF) y paso a explicar el concepto.

Se ha disipado prontamente la esperanza de que las políticas voceadas por Trump sirvieran de excusa para impulsar a cerrar aún más ciertas economías, por ejemplo, la uruguaya. Eso habría sido mortal, con Trump o sin él. Pero la verdad es que el mundo se está enfrentando a la realidad de que el futuro no es algo lejano, sino que está ahí, en la esquina, no a años luz como nos gustaría. Y que es ineludible, además.

A menos que se insista en la creencia peligrosa de algunos países de que tienen un pacto con Dios que los hace únicos, hay ciertos conceptos que deberían chequearse para ver cómo se está preparando cada uno para los evidentes y conocidos desafíos. Este test funciona de 0 a 10, como en el colegio (de antes, por lo menos) y solo hace preguntas, dejando la conclusión al lector. Vamos al cuestionario.

– Es generalmente aceptado que la educación será fundamental para preparar a los jóvenes para el mundo que se viene. Innovación, creatividad, adaptabilidad, apertura mental, capacidad de cambio e integración. Y buen conocimiento de ciencias básicas y comprensión de texto.

¿Qué puntaje le pondría a la educación pública actual en esa tarea?

– La dinámica del futuro provocará una continua desaparición de empleos, más difícil de recrear en especial en tareas de tipo blue collar o de servicios básicos. Eso implicará un sistema permanente de reentrenamiento, enseñanza de nuevos oficios, y un mecanismo de reinserción laboral de los desplazados.

¿Cuán preparado está su país para este proceso?

– Es probable que la explotación de materias primas agrícolas no tienda a ser demasiado rentable ni produzca ingresos que puedan ser repartidos entre toda la población. Eso requiere tener planes y proyectos para diversificar esa fuente de ingresos, que en general surgirán de la iniciativa privada, no de la estatal.

¿Qué nota le pondría a su país en este aspecto?

– Cualquier plan de crecimiento o simplemente de reemplazo de actividades, implica inversión. Pero dicha inversión está sujeta a la existencia de proyectos y desarrollos viables, basados en la competitividad y la creatividad privadas, por obvias razones que se aprecian en los pobres ejemplos de gestión estatal en cualquier rubro.

¿Considera que en su país existen ese tipo de proyectos, o pueden generarse en un plazo relativamente breve?

– Los impuestos, los costos laborales, los salarios rígidos y el sistema legal-sindical, son mecanismos de protección que, sin embargo, terminan impidiendo exportar. Si no se puede exportar, es virtualmente imposible sobrevivir en el mundo que viene.

¿Considera que su país goza de las condiciones propicias en este plano para encarar el difícil proceso que se avecina?

– Simétrico al proteccionismo laboral de la izquierda, el proteccionismo de la derecha que impide importar con altísimos recargos es igualmente paralizante para el futuro. Tanto porque mantiene bajo el tipo de cambio –un suicidio– como porque hace imposible firmar tratados de libre comercio, ya de por sí difíciles. Además, encarece el costo de vida mucho más de lo que ayuda a crear empleo.

¿Piensa que las políticas de su país en este sentido lo hacen estar preparados para un escenario global de destrucción-creación de empleo permanente?

– En razón de las dudas que plantea un mundo inmediato tan cambiante y riesgoso, los países deberían minimizar su gasto público y no tomar deuda en ninguna moneda, salvo para proyectos de inversión con riesgo privado.

¿Su país sigue esa práctica?

– Debido a lo cambiante, veloz e imprevisible de la evolución de la realidad, los gobiernos y los políticos en general deben estar preparados para que sus ideologías sean solo un marco de referencia muy amplio, no un vademécum que guíe paso a paso sus decisiones. Esto es porque deberán cambiar conceptos, creencias y legislaciones que para muchos servían hasta ayer, pero que no tienen ninguna cabida en el mercado futuro, necesaria y definitivamente global.

¿Cómo calificaría en este rubro la actitud y predisposición de su gobierno y de todos los políticos de su país?

– En todas las opiniones, prácticamente sin excepción, el peso que se le otorga al Estado del futuro es el de un facilitador, un alivianador, un persuasor, un eliminador de obstáculos. Y ciertamente el de ser capaz de liderar todas las transiciones del modo más inclusivo y humano posible. Está bastante claro que ningún inversor pondrá su dinero en proyectos del Estado, que ha sido incapaz de generar riqueza, o más bien, ha sido capaz de transformar riqueza en pobreza.

Esto significa que el Estado que viene deberá ser apolítico, pragmático e imparcial.

¿Cómo ve a su país en este rubro?

– Los mecanismos electorales también deberían ser reformados para permitir la elección de representantes sin partido, sin mecanismos de alianzas ni escamoteos, al igual que reforzarse un sistema judicial y político que castigue casi instantáneamente el fraude contra la sociedad, no en largas investigaciones de comité, sino de jueces veloces.

¿Considera que su país ha avanzado en esa tendencia?

Se trata de 10 preguntas para que conteste el lector, el gobierno, la oposición, quien fuere. El puntaje máximo es de 100, y el mínimo es de cero. Según los puntajes, podemos establecer algunas conclusiones:

Si usted obtiene entre 100 y 75, su país – y usted– están bien preparados para salvar cualquier abismo que depare el futuro.

Si el resultado es entre 74 y 50, es evidente que habrá una cuota más relevante de sufrimiento en un futuro próximo, pero con posibilidades.

Si consigue entre 49 y 25, deberá meditar seriamente sobre dónde meterse en los próximos años.

Y si saca 25 o menos, bueno, le deseo suerte, y lo mejor en la reencarnación.

El coeficiente se llama CIF. Parece una broma. Hágalo y después hablamos, con los resultados en la mano. Y recuerde. Si no le gusta el resultado, es su opinión, no la mía.


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Dardo Gasparré

Dardo Gasparré