El cuento chino

Vázquez ha fundado su optimismo en sus charlas de café con Macri y Temer
El ministro Rodolfo Nin está sumamente complacido con los resultados de la gira presidencial a China.

"Quedó todo muy encaminado", trinó ante los corresponsales. Y, adelantando su propia calificación a lo actuado, aplaudió el que denominara "un gran éxito de la diplomacia uruguaya".

¿Y en qué consistió esta señera victoria?

En primer lugar, la inclusión del chino mandarín en el programa de aprendizaje de idiomas del Plan Ceibal, algo "relativamente fácil" de lograr, según un empresario informático. Qué pena que el Plan Ceibal no haya contribuido en nada al programa de aprendizaje del idioma castellano, inglés o portugués. Y qué pena que, cuando el tema se trajera a la mesa, los responsables del plan se apresuraran a informar que el mismo no se puede medir en resultados curriculares, ya que se trata de una mera "herramienta", independiente de sus contenidos. No se apresure, por tanto, en exhibir carteles en mandarín, ya que es muy probable que a lo largo de por lo menos una década el idioma se hable tanto en Uruguay como se lo hace hoy.

En segundo lugar, la extensión de visas para estudiantes chinos que quieran aprender a jugar al fútbol: el sorteo de un obstáculo migratorio del que, por lo menos yo, no tenía ni idea que existiera.

En tercer lugar, el hermanamiento entre el departamento de Rocha y la provincia de Guangdong, una simpatía protocolar que, a efectos prácticos, se traducirá en la instalación de un nuevo consulado uruguayo en China.

En cuarto lugar, la planteada participación uruguaya en la llamada "Ruta marítima de la seda siglo XXI", un verdadero delirio del que se hiciera vocero el presidente Tabaré Vázquez. Esta iniciativa del presidente Xi Jinping, inscrita en el contexto del megaproyecto de constitución de una zona de libre comercio a lo largo de las antiguas rutas de la seda, denominado "Un cinturón, una ruta" (Obor), aspira a constituir un plan de interconexión marítima que, partiendo de los puertos meridionales chinos, ligue los centros logísticos asiáticos a lo largo del Índico, golfo pérsico, mar Rojo, el este de África y, desde allí, Europa.

El rol que Uruguay jugaría en tan fenomenal iniciativa es un misterio, y que el régimen que inaugurara la interconexión ferroviaria del Tren de los Pueblos Libres sea el que tenga las claves para descifrarlo, es una perplejidad.

En quinto lugar, claro, pero primero de los objetivos gubernamentales, está la posible negociación de un tratado de libre comercio con China, cuyo fundamento es hoy el comentario del presidente Xi Jinping a su par uruguayo en cuanto a que le da la "bienvenida a la iniciativa". Y sobre la base de esto, Vázquez y Nin han fijado "como fecha límite" a efectos de firmar el tratado el año 2018.

Pues que esperen cómodamente sentados.

China ha firmado, al día de hoy, 13 TLC. Negocia ocho. Está estudiando cinco. El firmado con Australia, por ejemplo, se planteó en 2005 y recién pudo firmarse en 2014. Pocos de estos TLC, por lo demás, guardan formatos en común: de hecho, ni aún los tres que hay firmados en América Latina (Chile, Perú, Costa Rica) salen del mismo molde.

Pensar que Uruguay, el pequeño país que el frenteamplismo se ha encargado de empequeñecer más aún, atándolo a la medieval noria del Mercosur, y que nada ha negociado con nadie en ningún lado durante 25 años, va a negociar un TLC con la economía más grande del mundo en 24 meses es apenas una medida del universo paralelo en el que habitan sus gobernantes.

Quienes, por lo demás, no han sabido oír tampoco lo que se dijera en China: el director general para América Latina y el Caribe de su cancillería específicamente relacionó la visita a la "estrecha comunicación con Mercosur" sobre la cual descansan los términos de la indefinible "asociación estratégica" con la que entretuvieran a los visitantes.

"Yo creo que no va a haber inconveniente", aseguró, en tanto, Vázquez al tratar el pequeño problema técnico que supone el que Uruguay integre una supuesta unión aduanera con Argentina, Brasil, Paraguay y Venezuela.

Pues podría haberlos. El presidente argentino ya ha adelantado que preferiría que un TLC con China fuera obra común del bloque. Vázquez ha fundado su optimismo en sus charlas de café con Mauricio Macri y Michel Temer, ninguneando por omisión la opinión paraguaya y ya olvidado de su socia ideológica, la dictadura venezolana.

Y, mientras el uruguayo volvía a perorar en China sobre el rol de nuestro país como mítica "puerta de acceso a un mercado regional de 250 millones de habitantes", el presidente brasileño anunciaba, en India, que Itamaraty tiene ya pronta una propuesta de 500 preferencias arancelarias para intercambiar con Nueva Delhi, "en el ámbito del Mercosur" (sic).

Recapitulemos: redefinir jurídicamente el Mercosur, de forma de habilitar acuerdos con terceros países, y negociar un TLC con China, de los que ya no se reducen más a rebajas arancelarias, sino que incursionan en los llamados parámetros de Singapur (propiedad intelectual, mecanismos de reclamo, lineamientos ambientales y laborales, etcétera). Hacerlo con los talentos administrativos del gobierno que no puede resolver el problema de hacinamiento carcelario de sus presos adolescentes. Y hacerlo en 24 meses. "Yo creo que no va a haber inconveniente".

El país ya ha visitado esta improvisación engañosa. José Mujica brindó, hace apenas tres años y con el mismo Xi, en celebración de los préstamos ya otorgados para construir un puerto de aguas profundas y una red ferroviaria. "Nos ofrecen hacer las obras de Estado a Estado, y está la financiación", cacareaba. "Ya hay tres empresas interesadas", precisaba. "Y otros tantos para hacer las escolleras..." ¿Balance? "Ahora habrá que decidir si nos endeudamos con ellos o buscamos otro camino e incluso habrá que evaluar de mandar un proyecto de ley". Su canciller, un cantamañanas más exitoso que el actual, lo resumió afirmando: "Nos vamos con lo que vinimos a buscar".

Pues nos vinimos otra vez con lo que fuimos a buscar: el humo de las promesas. "Absolutamente afirmativo", respondió el ministro Danilo Astori a la requisitoria respecto a si había recibido expresiones de interés chino en ejecutar obras portuarias y ferroviarias en Uruguay: tal vez el "nexo de cultura y paz" con el que los alucinados viajeros creen que atarán el país a la ruta marítima de la seda.

El Uruguay al que estos fuegos de artificio no logrará distraer, sin embargo, también fue parte de la delegación de turistas presupuestales: allí estuvieron los más de 20 mil puestos de trabajo que se han destruido apenas en la industria de la construcción y en los últimos meses, la catarata de regulaciones insensatas con las que el régimen frenteamplista maniata cada día de cada año la iniciativa individual, la feroz resistencia corporativa de su brazo sindical a abrir la economía a la competitividad.

Esos son los verdaderos fundamentos del comercio internacional, y no las camisetas de la selección de fútbol que nuestros representantes distribuyen a diestra y siniestra, en la esperanza de que alguna cómplice reacción les regale alguna de las promesas que han incumplido en estos once, largos, años, y que ya no llegarán a cumplir, por más sahumerios chinos que enciendan.

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