El Día de la Marmota

Las luchas presupuestales, con todo respeto por los actores de ambas partes, me han hecho recordar esa película

El Día de la Marmota es una comedia protagonizada por el humorista Bill Murray y conocida también como Atrapado en el tiempo o Hechizo del tiempo. Cuenta la historia de un meteorólogo que acude a un pequeño pueblo en Estados Unidos  cada 2 de febrero para retransmitir el comportamiento de una marmota que determina cuánto tiempo queda hasta que termine el invierno. Esta tradición local se conoce como el Día de la Marmota. Pero una vez queda atrapado por una tormenta de nieve y a la mañana siguiente, misteriosamente vuelve a vivir el mismo día. Y así, sucesivamente. Solo logra romper el hechizo cuando se da cuenta de que el conocimiento adquirido el día 2 de febrero (y que los demás habitantes del pueblo no tenían) lo debe usar para hacer felices a los demás –entre ellos, a su compañera de grabación– y no para su propio beneficio, como pretendió durante un tiempo.

Las luchas presupuestales, con todo respeto por los actores de ambas partes, me han hecho recordar al Día de la Marmota. Siempre se repite lo mismo: el gobierno ofrece aumento a los docentes, estos lo consideran insuficiente y van a la huelga, se  ocupan los liceos, se pierden un importante número de día de clase, se distorsiona la vida de cientos de miles de niños y de sus familias que no saben qué hacer con sus hijos y, al final, por agotamiento y desgaste, se llega a un acuerdo que no satisface a ninguna de las partes. Esto ocurre quinquenalmente con la presentación del Presupuesto y anualmente con la Rendición de Cuentas que, más que rendición de cuentas, es otro nuevo presupuesto.

Gobierno (sea cual sea su color) y docentes protagonizan esta actuación todos los años. Parecen “atrapados en el tiempo”, o en una lógica que no lleva a ningún lado. O al menos a ningún lado bueno, pues mientras la discusión se tensa (y este año se tensó mucho por “paros preventivos”, por un lado, y declaración de esencialidad en la enseñanza, por otro), solo se debate sobre lo económico de la educación que, con ser importante, no es lo esencial.

Gobierno y docentes parecen atrapados en el Día de la Marmota y no ven forma de salir de un tire y afloje que no conduce a nada, genera malestar y desconfiaza, hace perder días de clase que, por más que se diga, no se recuperan, y sobre todo evita que se analice y afronte el problema principal que es cómo mejorar la educación y cómo mejorar la carrera docente y hacerla más atractiva no solo económica sino también socialmente. Los sueldos son una parte de ese atractivo pero no la más importante. Al fin y cabo, la docencia tiene una cuota alta de vocación como la medicina u otras profesiones.

En Finlandia no es que los maestros ganen mucho dinero –ganan bien, sí; pero no mucho–, pero están muy bien valorados socialmente. Y quizá por ello ser maestro es una de la profesiones más deseadas y socialmente apreciadas. Tanto es así que la carrera de Magisterio es más difícil que Medicina o Ingeniería y solo uno de cada 10 aspirantes logra ingresar. Lejos estamos de este paradigma que permitió a la educación en Finlandia salir de la mediocridad en que se encontraba en los años de 1980 y alcanzar la excelencia que goza hoy.

Cambiar de paradigma es lo que precisamos urgentemente aquí si deseamos salir del Día de la Marmota en el que estamos atrapados. Tenemos que pensar outside the box (fuera de la caja) si queremos romper el círculo vicioso salario-conflictos que se repite año a año. Y outside the box es hacer, entre todos los actores, del Magisterio una carrera apetecida y una carrera exigente, como ocurre en Finlandia, donde los aspirantes se eligen de entre quienes tienen los más altos promedios en secundaria y deben aprobar una maestría antes de ser admitidos.

Convengamos que la exigencia, la dedicación y el esfuerzo no son rasgos de nuestro sistema educativo, con honrosas excepciones. Se tiende a exigir cada vez menos esfuerzo para aprobar los cursos y hasta los padres son cómplices de esa corriente, pidiendo reducción de exigencia donde la hay. Predomina la ley del mínimo esfuerzo en una sociedad que no valora el trabajo y la dedicación, y quiere todo y lo quiere ya.

Es preciso abandonar la lógica exclusivamente presupuestal en el debate educativo. Es preciso abandonar el Día de la Marmota. Y es preciso ingresar en la lógica de la calidad y del esfuerzo y del sacrificio. De lo contrario, estaremos expropiando el futuro de nuestros hijos.

 


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