El día que los pitufos también pasaron hambre

Para un país que precisa mejorar urgente su enseñanza, el libro polémico no es un hecho menor

La expresión de la pobreza extrema es el hambre. Es posible medir la indigencia y la pobreza mediante las necesidades básicas insatisfechas, a través el ingreso de un hogar o de una persona, o aproximarse a esa idea al considerar las oportunidades que tengan las personas para conquistar ascenso social, pero está claro que no hay imagen más fuerte para ejemplificar a la pobreza que la del hambre.

La "Canasta Básica Alimentaria" fija el mínimo ingreso que debe tener una persona para no estar en la categoría de indigencia, o sea el que no puede comprar lo indispensable para no morirse de hambre.

¿En qué tipo de sociedad o de sistema económico, la gente vive mejor? ¿En cuál la gente pasa hambre y el cuál logra comer aunque sea lo básico?

La respuesta puede darse desde lo teórico, desde el planteo de las bases del sistema; y también por la práctica, en base a lo ocurrido en uno y otro sistema.

En lo teórico, ni el capitalismo ni el socialismo se plantean que la gente pase hambre.

En lo práctico, millones de persona han pasado y pasan hambre, tanto en el capitalismo como en el comunismo.

Es importante que los estudiantes uruguayos entiendan el funcionamiento de los dos tipos de sistemas económicos, capitalismo (y libre mercado) y socialismo (y comunismo).

Justo esta semana se generó un lío político a raíz de un texto escolar que se usa en colegios privados, en el que la profesora Silvana Pera, usa el ejemplo de una historieta, "Los pitufos" para explicar el funcionamiento de una sociedad comunista. "Nadie pasa hambre", dijo la docente.

La generosa presentación que la docente hace del comunismo, irritó a legisladores de la oposición, con el argumento de que la profesora se aprovechaba de los alumnos para inducirlos a entender ese régimen como algo fabuloso.

Como respuesta, para minimizar el caso, unos dijeron que el libro no era utilizado por el "Consejo de Educación Inicial y Primaria" (CEIP-ANEP), y otros calificaron el caso como "un hecho menor".

Ni es un hecho menor en sí mismo, ni reduce su gravedad el hecho que "Uy-siglo XX" (Editorial Índice) sólo sea usado en privados.

El libro está ahí, y no es el único; se han conocido varios ejemplos de textos con versiones tendenciosas a la hora de explicar segmentos de historia o de relaciones entre países y rol de organismos. Lo de Pera ni es casualidad, ni es una exclusividad.

Tan impúdica es la referencia, que la profesora Pera ni tuvo en cuenta que también los Pitufos sufrieron el hambre cuando en la quinta historieta de la serie descuidaron las provisiones reservadas para el invierno, y las perdieron en un incendio, por lo que debieron recurrir a la mansión de un millonario para que les ayudara: capítulo "Los pitufos tienen hambre" ("La faim des Schtroumpfs") dibujada por Peyo y publicada en 1961.

Pero no importa la historieta, sino que los niños tengan docentes que les hagan ese penoso juego, porque no es la única referencia tendenciosa; también lo son las que presentan a colorados y blancos de forma negativa.

La manipulación no es nueva, ni lleva rostro maldito. El programa para niños que lideraba el luchador Martin Karadajian, usaba el mismo esquema de división entre buenos y malos, y la caracterización no era casual.

Así, "Ararat, el Armenio" era bueno, igual que "David, el Pastor" y el campeón israelí "Tenembaum", mientras que "Tufic Memet, el Árabe" era malo, y tiraba "arena en los ojos" de sus rivales.

"Ulises, el Griego" era generoso mientras "Ulus, el Mongol" o "El Coreano Sun" eran malditos.

"El Gitano Ivanoff" era bandido, ladronzuelo, pero el campeón argentino "el Ancho Rubén Peucelle" era bien inspirado.

Las figuras norteamericanas, los hippies "Hair" y "Jimmy" eran simpáticos, y el "Caballero Rojo", símil de los súper héroes estadounidenses, era un ídolo.

En cambio, "el Mercenario Joe", fiel reflejo del guerrillero "Che" Guevara, era tan malo que le cantaban: "no te quiere ni tu madre, ni tu padre ...".

Comunistas, asiáticos, árabes, gitanos y cubanos, eran malos.

Argentinos, israelíes, armenios, europeos capitalistas y norteamericanos, eran buenos.

Para los "buenos" había aliento y aplausos, para los "malos", rechazo y repudio.

En ambos casos, en aquel entretenimiento televisivo y en este libro, hay manipulación, que no es un hecho menor.

Pero eso, en un libro dirigido a niños estudiantes, debe indignar.

El deterioro de la enseñanza, pública y privada, lleva a que cada vez más sea importante la contención del hogar para la formación de niños del adolescentes. Antes eso recaía en la escuela, y por eso los hijos superaban a los esforzados padres que querían darle la educación que ellos no habían tenido.

Ahora, pesa más la casa. Y eso, es durísimo para los pobres, que son los más perjudicados, con retroalimentación de pobreza, en el entendido de carencia en las capacidades para el progreso.

Eso es importante: es lo importante.

Lo menor, es que tampoco Lenin era merecedor de una adulación servil.

Porque se podrá adherir, combatir al comunismo o serle indiferente, pero no ignorar el significado de lo que fue el líder de los bolcheviques. "De pie, murió Lenin" tituló José Batlle y Ordoñez hace 93 años al escribir su despedida: "Podrán tenerse ideas muy adversas a las que sustentaba este apóstol de mejores aunque irrealizables devenires, pero no se podrá negar que con él se extingue un magnífico ejemplar humano, uno de esos personajes apasionantes que dan significación a toda una época y sirven para fijarla en la historia".

En Uruguay, igual que en la sociedad pitufa de Pera, nadie muere de hambre y es muy baja la indigencia. Pero hay un drama social latente, que subsiste pese a la época de bonanza; el deterioro de la educación golpea y golpeará más a los más pobres, y no se revertirá con más recursos (que son necesarios) ni con "el 6% del PIB", ni con un cambio de autoridades.

Esas "cabecitas" son resistentes a la mejora en serio.


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