El encanto de Hoi An

En el centro de Vietnam, un pequeño pueblo hipnotiza a los visitantes con la seducción del sudeste asiático y la mezcla tradiciones de diversas culturas
Entrar en la ciudad ancestral de Hoi An es un viaje al pasado. El amarillo fuerte de las casas, pegadas una al lado de la otra y con sus tejados y puertas de madera, hacen de este pueblo de pescadores ubicado en el centro de Vietnam un destino especial para quienes no buscan más que deleitarse con lo que ven.
Hoi An no tiene grandes atracciones. La noche termina temprano –a las 22 horas cierran los restaurantes y poco queda abierto después de la medianoche– y el pueblo puede caminarse por completo en una tarde. Hay a quienes les basta con pasar allí dos o máximo tres noches.

Pero ese es, justamente, su encanto. Recorrer las angostas calles una y otra vez es indispensable para ir descubriendo siempre detalles nuevos: balcones adornados con plantas, jaulas de pájaros, miles de lámparas de colores hechas con tela de seda, inciensos prendidos de a montones o marcos de madera tallados con diseños tradicionales.

La visita a templos budistas –que están entreverados en el pueblo ancestral– y las galerías de arte local completan la experiencia.

Mezcla de culturas

hoian

La influencia de japoneses que se asentaron en el pueblo dejó como imagen más tangible el puente viejo, una construcción del siglo XVI que se convirtió en uno de los lugares más fotografiados por los turistas que visitan la ciudad.

La mezcla de tradiciones, en donde también participaron chinos, holandeses y franceses, hicieron que Hoi An sea un destino con características distintas de lo que puede ser cualquier otro lugar del país. Quizá esa sea la razón por la que todos los días haya más de una pareja de vietnamitas, con vestidos tradicionales y maquillajes en tonos de porcelana, que eligen el pueblo para posar sus fotos de casamiento.

Todo a medida

Las sastrerías son uno de los puntos fuertes de Hoi An. Están casi que una al lado de la otra y los vendedores se desviven por convencer a los turistas a que entren a ver sus prendas.

Una vez que adentro, el sastre no hace más que acercarse con cuatro o cinco libros repletos de fotos de ropa. Después hay rollos y rollos de telas para elegir. Acto seguido: el regateo. El precio final puede ser hasta menos del 50% del que el vendedor ofreció en primer lugar.

El tiempo de entrega depende de la estadía del turista y en algunos casos pueden tener el encargo pronto en apenas unas horas.

Un mar de velas

La luna llena lleva a Hoi An una noche de fiesta. En la mañana los vecinos y comerciantes hacen ofrendas a sus ancestros con velas, comida e inciensos que ponen en las entradas de sus casas. Al caer el sol las luces de la ciudad quedan apagadas y la iluminación solo lleva a través de velas y lámparas.

Miles de vietnamitas y extranjeros llegan desde otros lugares con el objetivo de subirse a un bote, pedir un deseo y tirar una lámpara hecha con papel con una vela prendida.

La corriente se la va llevando hasta que se encuentra con otras cientos de lámparas amontonadas en el río y su dueño la pierde de vista.

Las claves

Clima. Hoi An tiene un clima tropical entre setiembre y enero, época de monzones. El mejor momento para visitarla es entre febrero y mayo, aunque también es cuando hay más turistas. La temperatura ronda todo el año entre los 25 y 30 grados.

Dinero. Las decenas de sastrerías y locales de artesanos, sumado a los bajos precios de los productos, vuelven a esta ciudad un paraíso de compras. En todos los comercios se regatea y se pueden rebajar hasta más de la mitad de la oferta inicial.

Vida rural. Vale la pena alquilar una bicicleta y recorrer la zona rural, repleta de arrozales y de cañadas, y donde se puede conocer el modo de vida más tradicional de la zona.

Comida. El plato más característico es el bahn bao banh vac (la rosa blanca), unos bocados rellenos hechos con harina de arroz. Solo una familia en todo Hoi An sabe hacerlos y es la que provee la especialidad a restaurante y comercios del pueblo.

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