El fin de un milenio de hostilidad

El histórico encuentro del papa Francisco con el patriarca Kirill selló el fin de un cismático milenio de hostilidad por una nueva era de cooperación hermanada entre las iglesias católica y ortodoxa rusa
El histórico encuentro del papa Francisco con el patriarca Kirill selló el fin de un cismático milenio de hostilidad por una nueva era de cooperación hermanada entre las iglesias católica y ortodoxa rusa. No se vislumbra reunificación, que el extenso comunicado conjunto de ambos líderes dejó librada al "momento establecido por Dios". Pero se comprometieron "a colaborar fraternalmente" en la búsqueda de paz en los conflictos que convulsionan el mundo, en el mejoramiento de las condiciones de vida de los perseguidos y desprotegidos y en la defensa de "los principios morales", incluyendo la familia como "centro natural de la vida humana y de la sociedad", y condenando severamente el aborto y la eutanasia.

La reunión sin precedentes del pontífice romano y el jefe de la poderosa ortodoxia rusa, no exenta de connotaciones políticas al margen de su profundo impacto religioso, marcó el fin de largos siglos de confrontaciones. Estallaron a partir del cisma de 1054, cuando el patriarca de Constantinopla fue excomulgado por Roma por disensiones teológicas. Desde entonces, bajo los zares, el comunismo soviético y los gobiernos que lo siguieron, Rusia mantuvo una actitud de rechazo y enemistad hacia la Iglesia católica. San Juan Pablo II incidió decisivamente en la formación de movimientos anticomunistas en Europa Oriental, incluyendo el sindicato Solidaridad en su Polonia nativa, que desembocaron finalmente en el colapso de la URSS.

Las tensiones se aliviaron, pero sin desaparecer, después de la muerte de Juan Pablo, bajo los papas Benedicto y Francisco y a partir de la asunción del patriarcado por Kirill, en reemplazo del intransigente Alexis. Finalmente en 2009 el Vaticano y Rusia restablecieron relaciones diplomáticas. El presidente Vladímir Putin mantuvo siempre a la Iglesia ortodoxa como un instrumento del poder político. Kirill, suele intervenir públicamente en asuntos económicos y militares de Rusia. Incluso ha calificado de "guerra santa" las acciones armadas de Putin en Siria en respaldo del asediado gobierno dictatorial de Bachar al Asad y defendió la intervención armada de Moscú en Ucrania.

Dado el estrecho lazo entre Putin y Kirill, en la eliminación de rispideces ancestrales rubricada en La Habana probablemente incidió una decisión del presidente ruso. Difícilmente Kirill habría llegado a un acuerdo de reconciliación con el papa Francisco sin aprobación de Putin. Para el amo ruso la estatura mundial que ha ganado el pontífice romano es una posible vía para mejorar la imagen de su país y atenuar las sanciones que le impusieron las potencias occidentales por la crisis ucraniana. Pero al margen de cálculos políticos, la reunión con Kirill fortalece los esfuerzos ecuménicos del papa Francisco por restañar divisiones generadas en la cristiandad a lo largo de los siglos. El acuerdo con el patriarca de la principal iglesia ortodoxa sigue a numerosos encuentros y ceremonias conjuntas de Francisco con líderes del judaísmo, el islam, denominaciones protestantes y las otras iglesias ortodoxas de los Balcanes. El tiempo mostrará los resultados del encuentro con Kirill. Pero no ha sido menor la afirmación de los dos líderes religiosos de que "nos reencontramos como hermanos", rompiendo un hielo milenario de sospechas y acrimonias.

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