El fútbol vuelve a las andadas

Todo indica que ni las cámaras ni el nuevo sistema de venta de entradas estarán listos a tiempo

El normal comienzo del fútbol oficial en febrero está atado con alfileres por la lentitud de avance y los alcances incompletos de las medidas para erradicar la violencia en el deporte. Se están debatiendo con parsimonia, lejos de la tajante promesa del presidente Tabaré Vázquez de actuar sin demora y con mano dura contra los revoltosos. Después de años de inacción de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y de los dirigentes de clubes, hay algunas acciones en marcha para recuperar seguridad. Pero todo marcha a un ritmo paquidérmico, tanto en la instalación de las esenciales cámaras de identificación facial como en el complejo sistema de venta de entradas identificadas con nombre y apellido, entre otras medidas pendientes.

Todos admiten la urgencia de completar soluciones. Pero contribuyen a demorarlas las sagradas vacaciones estivales, que han frustrado reuniones de trabajo. Celestino Conde, asesor letrado de la comisión de Violencia en el Deporte del Ministerio del Interior, advirtió a El Observador que si las cámaras no están instaladas en la fecha límite del 31 de marzo se resolverá si el campeonato, si es que ha empezado en febrero, continúa o se suspende. Destacó que “se está pagando el precio por tanto tiempo desperdiciado”, debido a la demora de la AUF con esas instalaciones tecnológicas, que recién cambió cuando Vázquez bajó el martillo. Y un agente del sector privado involucrado en la trazabilidad de las entradas, aseguró que es “imposible” que el sistema esté en pleno funcionamiento para febrero.

Persisten incertidumbres, por otra parte, en quiénes y cómo evitarán disturbios dentro de los estadios. El programa acordado en reuniones de representantes del gobierno, la AUF y otros organismos establece que la Policía hará controles solo fuera de los campos de juego, dejando la vigilancia dentro de los estadios en manos de una seguridad privada que hasta ahora ha fracasado y que no se sabe cómo se organizará de manera eficiente. La Guardia Republicana solo entrará a las canchas en caso de peligro de disturbios, vacuo eufemismo ya que ese riesgo existe siempre y se conoce de antemano en el caso de hinchadas que incluyen revoltosos identificados. Además el Ministerio del Interior se limitará meramente a aconsejar a la AUF que no se permita el ingreso de personas con antecedentes de violencia, incluidas en una lista negra confeccionada por esa cartera.

El programa viene oscurecido por dos fallas básicas. Una es que todo indica que ni las cámaras ni el nuevo sistema de venta de entradas estarán listos a tiempo, a lo que se agrega la incierta eficacia de los previstos cuerpos privados de seguridad. La otra es la función a medias que el Ministerio del Interior parece dispuesto a cumplir. En su lugar, los violentos conocidos tienen que ser recluidos en dependencias policiales desde antes y hasta después de los partidos, en vez del consejo ministerial a la AUF de que no los deje entrar. Y por otro, como ya hemos sostenido, es esencial la presencia policial dentro de los estadios como elemento disuasivo y eventualmente represivo, sin esperar a que estallen los disturbios y tal como se hace en todos los países que enfrentan el mismo problema. Si no se apura la marcha en las medidas adecuadas y la Policía no se instala dentro de las canchas, 2017 probablemente vea una triste repetición del accidentado fútbol del año pasado.


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