El muy largo declive del coloradismo

En seis etapas pasa de los seis décimos a menos de un décimo del país
Desde José Fructuoso Perafán de la Rivera y Toscana hasta Jorge Luis Batlle Ibáñez, el Partido Colorado tuvo en sus manos la jefatura de gobierno por 137 de los 186 años y nueve meses de constituida la República; fueron casi tres de cada cuatro años.

El otro cuarto año de cada cuatro1 correspondió al Partido Blanco/Partido Nacional por 32 años y 5 meses, a regímenes propiamente militaristas por 16 años y 2 meses, y al Frente Amplio por 12 años y casi 2 meses (al presente)2.
De los seis partidos en el mundo con vida más que sesquicentenaria en sistemas relativamente competitivos, el Partido Colorado es el único que superó el centenario en la titularidad del gobierno3. Estos dos datos hablan a las claras de su importancia histórica no solo a nivel nacional sino a nivel planetario.
En los últimos tres cuartos de siglo, de 1942 a la fecha, pueden computarse cinco periodos (y en camino, un sexto). Uno, de sobre representación, en 1942, cerca de los seis décimos de los votos válidos. Dos, dominante, más o menos en torno a la mitad del electorado afirmativo, de 1946 a 1954 y nuevamente en 1966.

Tres, en el entorno de los cuatro décimas, en dos tiempos: 1958-1962 y 1971-1984. Cuatro, en torno al tercio del electorado, de 1989 a 1999. Cinco, el desplome: la feroz caída entre 1999 y 2004 al 10,6%, el repunte transitorio que ilusionó la vuelta a los viejos tiempos en 2009 (17,5%) y la vuelta a la dura realidad en 2014 (13,3%).

Despunta un sexto periodo, que es lo que registran las encuestas en los últimos doce meses: previo al caso Cambio Nelson el Partido Colorado se situaba en una intención hipotética de voto no más allá del 8%, en gran medida golpeado por la aparición del Partido de la Gente, de Novick; y luego el cimbronazo del episodio que involucró al secretario general colorado de Maldonado.

Desde la conformación del Estado moderno (1919) hasta 1999 hubo 24 elecciones, y fue el primer partido en 19 y el segundo partido en cinco: 19264, 1958, 1962, 1989 y 1999; en los primeros cuatro casos detrás del Partido Nacional y en el último detrás del Frente Amplio. En las tres elecciones del siglo XXI resultó siempre el tercer partido.
Y ahora corre el serio riesgo de pasar a ser el cuarto partido, e inclusive a no tener asegurado y tener que disputar el cuarto lugar. En resumen; 19 elecciones primero, 5 elecciones segundo, tres elecciones tercero y dudosas posibilidades de conservar el tercer lugar.
Como puede verse se está ante un largo declive5 que –si se considera que el resultado de 1942 fue una sobre representación ocasional– comienza en 1954, hace más de 60 años.

Analizar la caída del Partido Colorado requiere algo más que mirar los errores de Pedro Bordaberry (que los hubo e importantes), los golpes recibidos por la Intendencia de Salto o por el Cambio Nelson o por la aparición de Edgardo Novick, porque si apareció es porque hubo espacio para ello.

Por supuesto que es necesario mirar todo ello. Pero hay que mirar las otras caídas. Primero, cronológicamente, la del fin de la hegemonía colorada en 1958, cuando por primera vez entrega el poder a su entonces tradicional adversario, en lo que constituyó un hecho histórico; los errores que pudiese haber cometido Luis Batlle y la erosión de la batalla fratricida entre el sobrino (La 15) y los hijos (La 14) de José Batlle y Ordóñez.

En un segundo momento la caída de 1989, los errores que hubiesen cometido Julio Ma. Sanguinetti como presidente o Jorge Batlle como candidato, y el duro conflicto entre uno y otro (cada una de estas dos caídas hizo dejar por el camino a una décima parte del electorado).

Luego en un tercer momento el desplome de 2004, con la pérdida en una sola elección de lo mismo que las dos caídas anteriores (dos décimos del electorado); y ver allí qué errores hubo en el último gobierno colorado, de Jorge Batlle.

Y entonces sí, luego con calma ver por qué no se puso superar este desplome y por qué no solo no se supera sino que se atisba otro desplome dentro del desplome.
También se debe analizar el juego de contradicciones ideológicas escondidas detrás de peleas familiares o personales. Porque el Luis Batlle progresista y hombre fuerte, y la 14 conservadora y colegialista, representaron concepciones diferentes de Estado.
Sanguinetti estatista y afín al ala moderada de la socialdemocracia, Jorge Batlle libremercadista y afín al liberalismo europeo, uno y otro propusieron modelos de país diferenciados. Y luego quedó el dominio del modelo conservador de Bordaberry.

Al terminar cada una de estas etapas de caída, el Partido Colorado no hizo una reflexión profunda y colectiva, aunque hubo algunos intentos de explicación diferente, como lo fue el desafío de Zelmar Michelini en 1962.

En general el coloradismo se refugió en la búsqueda de culpas puntuales propias y de culpables ajenos, en centrarse en lo anecdótico. Tarde, muy tarde, le llegó la hora de reflexionar en profundidad, porque ya no tiene más tiempo.


1 -Se computan las presidencias de la República en los periodos de Poder Ejecutivo único y unipersonal, y en periodos colegiados, las mayorías del Consejo Nacional de Administración (1919-1933) y del Consejo Nacional de Gobierno (1952-1967).
2-En Partido Blanco/Partido Nacional se computan los 3 meses de Juan Antonio Lavalleja como Gobernador y Capitán General provisorio al comienzo de la etapa constitucional. En regímenes militaristas se computan el periodo de Latorre y la dictadura 1973-1985. En 1958 como Partido Colorado se computan también los votos de la Unión Demócrata Reformista y del Movimiento Renovador.
3-Los otros son el Partido Conservador británico, los partidos Demócrata y Republicano de los Estados Unidos de América, los partidos Conservador y Liberal colombianos, además del Partido Nacional.
4-Ganó al Partido Nacional porque éste votó dividido. La suma de Partido Nacional y Partido Blanco (Radical) supera al Partido Colorado.
5-Ver La larga caída del coloradismo en El Observador, octubre 26 de 2008, en Factum Digital, www.factum.uy l

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