El primer mes de la economía de Trump

Hasta ahora el "America first" solo se instrumentó a través de la "persuasión moral" de un discurso público de tono nacionalista

Por Alberto Bensión

Hace cuatro días, Donald Trump afirmó que en el mes que lleva en el cargo logró más que “ningún otro presidente electo de Estados Unidos”. Es una afirmación por lo menos discutible.

En una economía que ya venía funcionando con relativa normalidad, en este último mes solo se puede contabilizar el cambio de la inversión de tres empresas desde México a Estados Unidos, la denuncia del TPP y la autorización para la construcción de dos oleoductos.

“America first” es el gran principio que orienta a la acción del actual gobierno: una política de sustitución de importaciones a favor de la producción nacional, para atraer a Estados Unidos primero a las fábricas americanas que hasta ahora producían para el mercado doméstico desde terceros países y además, a otras empresas que puedan producir para el mercado interno.

Hasta ahora esta política económica solo se instrumentó a través de la “persuasión moral” de un discurso público de tono nacionalista, que ha amenazado a las empresas americanas con inversiones en el exterior con la imposición de un arancel sobre el ingreso de su producción al mercado doméstico. En el mismo sentido va el anuncio de una futura renegociación del Nafta. De esta forma Trump logró sus primeros resultados: las industrias automotriz y de aparatos de aire acondicionado abandonaron algunos de sus planes de inversión en México para anunciar nuevas plantas en Estados Unidos.

Otro componente importante de la acción económica del nuevo presidente americano es el de su injerencia directa en la formación de algunos precios de la economía.

Durante la campaña electoral Trump sostuvo que eran excesivos los precios del avión presidencial Air Force One y de los aviones de combate F-25, dos componentes del gasto público. En estos días, con el fin de estimular la competencia entre los contratistas, el presidente insinuó la posibilidad de comprar otro tipo de avión de combate, el F/A-18 Super Hornet. Los resultados aún están por verse.

Otro nivel de precios cuestionado en la campaña electoral fue el de la industria de los medicamentos. Aunque en una reciente reunión con los principales fabricantes del sector, el presidente descartó un control de precios, habrá que ver su evolución en los próximos meses. Entretanto, fueron prometidos una baja de los impuestos y un menor plazo para que las oficinas competentes aprueben nuevos medicamentos, a cambio de que las fábricas fabriquen la mayor parte de sus productos en Estados Unidos.

La reforma tributaria fue otro de los grandes cambios prometidos por Trump, con una rebaja de las tasas de los impuestos sobre la ganancia de las empresas y sobre el ingreso de las personas.

Ahora la reforma parece orientarse a favor de las ideas del Speaker de la Cámara de Representantes Paul Ryan, de una rebaja de la tasa del impuesto a las ganancias de las empresas del 35% al 20%, pero con el agregado que será deducible el ingreso proveniente de las exportaciones pero no el egreso para comprar importaciones. Puesto de otro modo, el nuevo impuesto impulsaría una especie de “devaluación fiscal” del dólar, que, tal como era de esperar, ya está concitando la disconformidad de los sectores de importación.

Con la intención de remover algunas de las normas de regulación del sistema financiero, Trump ordenó también una revisión de las reglas del Dodd-Frank Act aprobadas con posterioridad a la crisis del 2008 y también de la llamada Regla Volcker que pone límites a los bancos para invertir en forma especulativa sus propios fondos. También será revisada la regla que propició Obama, con la resistencia de la banca, que requiere que los asesores en la inversión en cuentas de retiro actúen en el mejor interés de sus clientes. Pero también aquí habrá que esperar, porque aunque en forma muy sutil, ya las autoridades de la FED han dado una opinión contraria a esta posibilidad de cambio.

Hasta aquí se trata de reformas que buenas o malas, tienen relación con la economía interna. Pero hay otros anuncios, aún indefinidos, que podrían provocar perturbaciones de importancia en la economía mundial.

Por cierto, México ya está sufriendo perjuicios importantes como consecuencia de las acciones del nuevo gobierno. En cambio, los efectos de la denuncia del TPP no serán inmediatos.

El tema más importante es la relación con China. Trump prometió imponer un arancel sobre las importaciones provenientes de ese país y el nuevo secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, acaba de declarar su intención de analizar la aparente “manipulación monetaria” en la que incurre el gigante asiático. No obstante, en estos días Trump acaba de indicar que en ambos temas primero será necesaria la negociación entre ambas partes.

Lo mismo ocurre con el yen, puesto que hace un tiempo Trump señaló que su debilidad era consecuencia de una política deliberada de Japón. Pero después de la reciente visita del primer ministro Shinzo Abe a Washington, parece que la relación entre ambos países también será objeto de una futura negociación.

La relación económica con la Unión Europea también está bajo revisión. Un importante asesor de la política comercial del gobierno americano acaba de declarar que Alemania se aprovecha de la debilidad del euro para volver más competitiva a sus exportaciones. Pero la evolución de la moneda europea es de responsabilidad del Banco Central Europeo.

En el primer mes, mucho ruido y algunas pocas nueces. Habrá que seguir esperando.