El principio del fin

El Partido Republicano corre el riesgo de perder mucho más que las elecciones, en el ciclo que empieza este 1º de febrero

"El rabí lo miraba con ternura / y con algún horror. ¿Cómo (se dijo) / pude engendrar este penoso hijo / y la inacción dejé, que es la cordura?". Así narra Jorge Luis Borges, en el poema El golem, la desazón de Judá León, que era rabino en Praga, al ver el comportamiento del ser humano al que había dado vida en su laboratorio.

La situación se repite hoy en el Partido Republicano, de Estados Unidos. En vísperas de las elecciones partidarias en el primero de los 50 estados de la Unión, Iowa, el líder en intenciones de voto es un monstruo que se alimenta de la frustración de los blancos pobres e ignorantes, un sentimiento que fue inoculado por el gran aparato de propaganda del partido.

Los "rabinos" republicanos miran a Donald Trump y no pueden creer que lo hayan engendrado. La prédica racista y xenófoba del partido, de forma más o menos velada, sucumbió ante la prédica racista y xenófoba del candidato, sin ningún tipo de velos.

El establishment republicano se dedicó a bombardear cualquier tipo de iniciativa del gobierno liberal de Obama, sin ofrecer una alternativa viable a cambio. Confiaban en alimentar el resentimiento del electorado y después proponerles una figura más o menos conservadora, como promesa de cambio.

Trump se dio cuenta de que podía aprovechar la frustración generada por la derecha y erigirse en la esperanza de los postergados: duro contra los inmigrantes, contra los musulmanes, contra los chinos y contra todos los que se quieran interponer en su proyecto de convertir a los Estados Unidos en el gran país que fue.

El problema es que por el camino deja prácticamente a todas las minorías afuera. Es muy difícil para un hispano justificar su voto a Trump. Tampoco los va a recibir de parte de los negros y ni hablar de los musulmanes. Es muy improbable que sea votado por cualquier descendiente reciente de inmigrante de cualquier parte del mundo. Le quedan solo los blancos, siempre y cuando no estén muy bien educados.

Eso alcanza para ganar las internas del Partido Republicano, según parece, pero es muy muy difícil que sirva para ganar las elecciones generales.

La alternativa a Trump hoy es el senador por Texas, Ted Cruz, un producto del movimiento de derecha conocido como Tea Party. Cruz está en contra de negociar sus principios ultraconservadores, por lo cual es odiado por sus pares, tanto de izquierda como de derecha.

Pues el electorado del Partido Republicano está dispuesto a elegir a uno de los dos como su candidato a presidente de Estados Unidos. Es su manera de decir que están de acuerdo en que Obama es el Anticristo y que si seguimos así vamos a terminar en una dictadura negricomunista, pero no confían en que el establishment esté haciendo algo para remediarlo.

Es la primera vez en décadas que los grandes donantes del Partido Republicano no pueden imponer a uno de los suyos. Alguien que pueda mostrar una cara humana frente al electorado en general, a los moderados, los indecisos, los que votan por un partido o por otro, según el candidato.

De todo esto queda una cosa clara: si no sucede algo muy imprevisto, el 20 de enero de 2017 asumirá la primera mujer presidente de Estados Unidos. Hillary Clinton no es la candidata ideal, pero es con toda obviedad lo mejor que le puede pasar a Estados Unidos y, por extensión, al resto del mundo.

Y en cuanto al Partido Republicano, es de esperar que tomen lo que está pasando como una lección. Que se acomoden a la realidad, que encuentren maneras válidas de impulsar una agenda conservadora viable, en lugar de resignarse a ser una minoría temerosa, enojada y armada hasta los dientes.

Populares de la sección

Acerca del autor