El renovado protagonismo de la OPEP

Los acuerdos petroleros de este mes parecen muy firmes porque se apoyan en la decisión de dos países muy importantes como Arabia Saudita y Rusia

Por Alberto Bensión
Especial para El Observador


El pasado 30 de noviembre la Organización de Países Exportadores de Petróleo acordó su primera rebaja de producción en ocho años: a principios del nuevo año, reducirá su producción en 1,2 millones de barriles diarios para llevarla a un total de 32,5 millones diarios, una rebaja de 3,5%.

Después del protagonismo de Arabia Saudita de los dos últimos años, este acuerdo renueva el protagonismo de la OPEP en el mercado petrolero, tal como viene ocurriendo desde 1973. Arabia Saudita y todo el grupo van en busca de los ingresos perdidos por la baja del 40% en el precio internacional, para superar así sus actuales dificultades financieras. A vía de ejemplo, el año pasado las exportaciones de la OPEP fueron de U$S 341.000 millones contra los U$S 753.000 millones del 2014 y el récord de U$S 920.000 millones en el 2012.

Así, Arabia Saudita rebajará su producción en 486.000 barriles diarios hasta un nivel de 10.1 millones. Irak, el segundo productor en importancia de la OPEP, reducirá su producción en 210.000 barriles, los Emiratos Árabes Unidos en 139.000, Kuwait en 131.000 y así los otros. El acuerdo exceptuó a Nigeria y Libia, para permitirles superar sus problemas internos. También habilitó el aumento de la producción de Irán a 3,8 millones de barriles diarios, para recuperarse del efecto de las sanciones de Occidente en los últimos años.

Unos pocos días, otros países que no integran la OPEP, bajo el liderazgo de Rusia, acordaron una reducción de su producción de 558.000 barriles diarios. En particular, Rusia prometió una rebaja de 300.000 barriles diarios en su producción actual de 11,2 millones, que ha sido la mayor de los últimos 30 años. La rebaja más sorpresiva fue la de los 20.000 barriles diarios de Kazakhstan, porque hace apenas dos meses había iniciado la explotación de un gigantesco yacimiento.

Poco después de este segundo anuncio, Arabia Saudita redobló la apuesta, puesto que hizo saber de su disposición a profundizar la rebaja de su producción en relación con el compromiso de dos semanas antes, incluso para producir por debajo de la barrera psicológica de 10 millones de barriles diarios. El nuevo anuncio fue interpretado como una intención de llevar el precio del petróleo a más de U$S 60 el barril.

En conjunto, la rebaja acordada por la OPEP y los otros países podría superar el 3% del nivel actual de la producción, frente a una proyección de aumento de la demanda para el año que viene del orden del 1,5%. Como consecuencia, en estos días el precio del petróleo ya ha subido a unos U$S 52 el barril, que es un aumento de más del 15% con respecto al nivel previo al acuerdo de la OPEP.

Sin perjuicio de este primer efecto, la proyección del precio de futuro está sujeta a diversas otras variables que son de difícil predicción. Para empezar, la firmeza del acuerdo dependerá del grado de cumplimiento del compromiso asumido por los países firmantes. Tradicionalmente Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait han sido respetuosos de sus promesas, pero no siempre ha sido con sus socios. Hay una relación política muy compleja entre Arabia Saudita e Irán y hay países como Venezuela y Nigeria que pasan por situaciones financieras muy apremiantes. En particular, si bien hay una instancia de revisión prevista para el próximo mes de mayo, ya se anuncia que el recorte de la producción de varios países sólo podrá ser cumplido a lo largo del año, según sus posibilidades.

El registro histórico de los acuerdos de la OPEP indica que en conjunto, sus miembros sólo cumplen en un 80% la rebaja prometida. Si este resultado se repite en esta instancia, será necesario el cumplimiento estricto del compromiso asumido por los otros países para lograr el efecto deseado sobre el precio del petróleo, un supuesto muy exigente.

La otra gran amenaza al acuerdo conjunto de este mes es de origen externo a los países que lo firmaron, porque como solo comprende a un 60% de la producción mundial de petróleo, no incluye a otros productores importantes como Estados Unidos, China, Canadá, Noruega y Brasil. En el 2014, Arabia Saudita decidió impulsar una rebaja importante del precio del petróleo básicamente para neutralizar la competencia que entonces planteaba la producción hidráulica de petróleo de Estados Unidos. En buena medida ese objetivo fue logrado.

Pero ahora, con un nivel de precios del orden de los U$S 55 el barril, el ímpetu del competidor que pareció quedar al margen del mercado, vuelve a reaparecer. Las estimaciones correspondientes indican que el año próximo la producción estadounidense tiene perspectivas ciertas de crecer en unos 800.000 barriles diarios, más o menos la mitad de la rebaja acordada por la OPEP y sus aliados.

Esto sin perjuicio de los cambios de fondo que desde hace ya tiempo vienen cambiando la estructura del mercado de la energía, como la importancia creciente de la energía eólica y solar, la mejora de la eficiencia de la industria ya instalada de refinación y la reanudación de varios proyectos de explotación transitoriamente abandonados a lo largo de estos años pero que recobran viabilidad al nuevo nivel de precios.

En resumen, los acuerdos petroleros de este mes parecen muy firmes porque se apoyan en la decisión de dos países muy importantes como Arabia Saudita y Rusia. Pero a la vez, vuelven a poner a prueba la cohesión interna de un grupo no muy disciplinado de productores, al tiempo que abren una nueva oportunidad para el dinamismo ya probado de la producción de Estados Unidos.

Toda la movida tendrá entonces un efecto al alza sobre el precio del petróleo, pero abre también una cierta cuota de incertidumbre sobre el nivel del año próximo.


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