El rumbo de los precios de las materias primas en 2017

Durante 2016 el precio promedio de los alimentos subió aproximadamente 10%, según estimaciones de la FAO, una tendencia fundamental para que el agro uruguayo pueda seguir funcionando
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

El precio de las materias primas y los alimentos tocó un piso hace poco menos de un año y a partir de ese entonces ha logrado una cierta recuperación, relevante en el caso de las oleaginosas y los lácteos, modesta en el resto de los productos. El petróleo, como es habitual, ha liderado la tendencia, aunque el vínculo petróleo alimentos es algo más laxo que en la década pasada.

Lo que realmente movió al promedio, por ejemplo observado a través del índice de FAO, fue la importante suba del azúcar, un rubro marginal para Uruguay, aunque por lo importante del ascenso tiene algún efecto de arrastre sobre el precio del maíz. Brasil sorprendentemente está importando etanol desde Estados Unidos, ya que los ingenios están plenamente dedicados a la producción azucarera.

Desde sus mínimos en enero de 2016, el índice global ha subido 10%, pero ese aumento llegó hasta octubre, a partir de ahí básicamente se ha mantenido estable. ¿Es posible esperar que siga aumentando?

Por un lado vale la pena desglosar cómo se compone ese aumento. En magnitud lo más importante estuvo en el azúcar, que subió en el año cerca de 40%, como el índice general con un máximo en octubre. Salvo mejorando los números de Alur y encareciendo a la industria de los dulces, es una materia prima de impacto limitado sobre el conjunto del agro.

La recuperación más importante para Uruguay estuvo por el lado de los lácteos y las oleaginosas. Los lácteos recuperaron en el año 30% en los números de FAO. Y pueden tener al menos un 2017 equilibrado en los actuales valores. No se está esperando una recuperación importante de la producción de Nueva Zelanda y al mismo tiempo, los dos últimos remates de Fonterra parecen enviar la señal de que el aumento ocurrido ya es suficiente. Pero el índice de precio de lo lácteos cerrará el año en los mejores niveles desde noviembre de 2014. Un marco aceptable para empezar el año y puede sostener un cierto ascenso si se confirma un repunte en el precio de los cereales que se empieza a insinuar.

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El otro ascenso de precios importante de 2016 fue el de las oleaginosas. De acuerdo a FAO subieron 26% en el año. Tuvieron su mínimo en enero del año pasado y desde entonces subieron hasta noviembre, cuando alcanzaron los mayores precios desde agosto de 2014, pero siempre lejos de los precios que tuvieron entre 2008 y mediados de 2014. Una recuperación que permite que el cultivo siga en Uruguay, que permanezca ofreciendo un margen teóricamente interesante, pero que como ascenso de precios parece haberse agotado.

En efecto este repunte llevará a una cosecha récord en Brasil y si el clima lo permite también a cosechas elevadas en el resto del Mercosur. Argentina volvió a tener problemas de inundaciones en algunos lugares y de sequía en otros. Por otro lado, China sigue comprando. Pero este marco favorable para la soja llevará a que Estados Unidos expanda el área. Con lo que cabe anticipar, se viene otra gran cosecha de soja a mediados del año próximo. ¿Cuánto puede resistir el mercado sojero los persistentes aumentos en la oferta? Esa es la gran pregunta. Y la respuesta solo la sabe China.

En este caso puede ser probable que la soja haya alcanzado un máximo hace un mes, y que hasta la ocurrencia de algún problema climático grave es probable que se mantenga en calma o aún en leve descenso. El péndulo que favoreció hasta ahora a las oleaginosas debe empezar a estabilizar a los cereales, que están sometidos a intensa presión por las grandes cosechas ocurridas en maíz, trigo y arroz.

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Un área récord de soja en Estados Unidos para el año próximo es un dato de indudable peso. Aquí pueden haber varias sorpresas vinculadas a la era Trump. Por un lado la posible agudización de un conflicto con China puede llevar a que los asiáticos prefieran la oleaginosa sudamericana. Trump ha dado señales de acercamiento a Taiwan que han molestado mucho en la China continental.

Por otro lado, Trump se manifestó en contra del acuerdo firmado con Irán, que devolvió el petróleo iraní al mercado. La agudización de ese conflicto puede impulsar el precio del crudo y por esa vía dar sostén a la oleaginosa.

Si solo por los motivos de oferta y demanda previstas fuera, el sostenimiento de los precios ya sería un buen resultado. Los futuros parecen anticipar alguna baja pensando en la cosecha de Uruguay de 2018. Salvo un cisne negro, las cuentas de la soja cerrarán en 2017 mejor que en 2016, pero en 2018 los precios serían en dólares nominales algo más bajos que los US$ 360 que estuvieron disponibles para esta cosecha.

¿Hicieron pie los cereales?

La gran apuesta en materia de recuperación de precios en 2017 está en los cereales. Pero esto no tendrá impacto hasta 2018. La recuperación será lenta, gradual y ocurrirá por último en el Mercosur. Puede ser que el primero en reaccionar sea Estados Unidos. La razón es la baja en el área prevista en maíz y en trigo. En ambos casos habrá un retroceso, que llevará la superficie de trigo a los menores niveles en varios años, pero que tendrá la magnitud más importante en el maíz que le cederá aproximadamente un millón de hectáreas a la soja.

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La baja en el área maicera de Estados Unidos tiene otro ingrediente interesante: la producción de etanol de ese país es actualmente la mayor de su historia. La suba del precio del petróleo y la persistencia de un grano barato han permitido que los números del etanol cierren. Y la primera semana de 2017 fue la de mayor producción de la historia. Por lo tanto, las reservas de maíz pueden caer en el corto plazo por una mayor demanda y en el mediano plazo por una menor oferta.

Algo parecido está pasando en el trigo, donde las reservas mundiales son muy amplias pero al menos en Estados Unidos se espera un declive de oferta. De modo que el 2017 ha empezado con firmeza para los dos cereales. Pero eso no se expresará en Uruguay y Brasil, que han tenido grandes cosechas de trigo y se encaminan a tener enormes producciones de maíz. La recuperación de precios solo llegará en el segundo semestre de 2017, pero las perspectivas de baja de área de Estados Unidos parecen ya empezar a dar firmeza a ambos precios, claro está desde el muy bajo nivel en el que están actualmente.

Donde el ternero se hace toro

Una mirada a lo que puede traer el 2017 no arroja tendencias en ningún sentido claro para la ganadería. La demanda de Asia continuará, pero con una oferta relevante desde Estados Unidos y el Mercosur. La firmeza en el mercado local puede venir por razones internas. Las buenas lluvias de verano, la buena preñez que pueden tener los vientres y el alto precio del ternero pueden terminar dando sostén a los novillos para preservar relaciones de reposición que dejen a los invernadores en el negocio; y de las vacas por menos oferta de descarte que en 2016.

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No hay grandes argumentos para esperar subas, pero cruzar un mes tan importante como enero con una buena situación forrajera es de la mayor importancia. Para responder la pregunta inicial, si se da una suba, difícilmente llegue a otro 10%, salvo que el cambio climático incida en la oferta.

Lo peor pasó, pero lo que viene no será fácil

Desde el punto de vista de los precios internacionales, el piso se tocó hace un año. En lo que refiere a lácteos y oleaginosas eso está claro, y aunque no hayan más subas por delante, parece muy poco probable que se vuleva sobre los mínimos de un año atrás.

En cereales es posible que el mínimo en Uruguay se alcance en el primer semestre de 2017. Brasil y Argentina tuvieron grandes cosechas de trigo y aumentaron considerablemente el área de maíz.
Resistir es ganar tiempo.

Los altos rendimientos que pueden obtenerse con maíz de primera, que ya cruzaron la floración con buen nivel de agua, puede ser el anticipo de una cosecha de cultivos de verano que compense con kilos lo que no le darán los precios; y que le aporten a la ganadería una baja de costos adicional a la de los fertilizantes, como para que el agro pueda seguir cruzando estos tiempos de baja en el ciclo, a la espera que la persistencia de la demanda asiática y algún recorte en la oferta vaya recomponiendo los precios.

La mayor fuente de variación estará en el clima. Si golpea en Uruguay será devastador; pero si golpea en otras zonas y levanta el precio internacional puede permitir un buen 2017.


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