El síndrome Disney ahora le toca a Selena Gómez

Selena Gomez es una clase extraña de estrella pop. No tiene ni la dotada voz ni la cantidad de hits que ostentan sus colegas; tampoco el aura atractiva, el estilo o la personalidad de otras celebridades perseguidas por paparazzi; y apenas comparte un cierto parecido con la fallecida cantante con la que comparte primer nombre. Probablemente se piense en ella como "la ex de Justin Bieber" antes de poder enumerar alguna de sus canciones. Sin embargo, la cantante de 24 años es actualmente la persona más seguida en Instagram, y su popularidad se basa en la combinación de una imagen y una personalidad pública cuidada a la perfección, canciones correctas, así como una base sólida de fans infantiles y juventiles.

Este particular tipo de fama que ha llevado a Gómez a la cima es sin dudas endeble, y por eso ahora se encuentra en la mira de los medios, que alimentan su presencia con rumores y conjeturas sobre su salud, los efectos de la popularidad, y la contrapartida de tener como ex a una de las estrellas más populares del mundo.

El 31 de agosto la cantante anunció la cancelación de su gira mundial alegando que necesitaba tomarse un tiempo para concentrarse en su salud, tras una recaída de lupus, enfermedad autoinmune que padece y que se ha comenzado a manifestar acompañada de depresiones y ansiedades. Sin embargo, la prensa rosa alega que el disparador fue un encontronazo con Bieber en Instagram, luego de que el cantante se enfrentara a sus fans debido a unas fotos que publicó con su nueva novia, lo que podría haber generado que Gomez ingresara en una espiral emocional descendente.

La historia repetida

Es larga la historia de las figuras que comienzan su vida en el espectáculo y que crecen dificultosamente. Desde Britney Spears hasta el mismo Bieber, muchos han pasado por las típicas controversias en las que se ven envueltas estrellas infantiles, con problemas de salud o de absusos de sustancias. La carrera de Gomez, así como la de otras colegas como Miley Cyrus o Demi Lovato, comenzó en Disney. Tras participar del programa Barney y sus amigos, la joven actriz fue reclutada por la empresa de Mickey Mouse para protagonizar el programa Los Hechiceros de Waverly Place. Desde entonces, Gómez ha participado en un sinnúmero de películas y series, además de lanzar su carrera musical en 2009 bajo el nombre Selena Gomez & The Scene.

Como muchos de su generación, Gomez le dedicó su infancia al espectáculo. Pero durante su juventud comenzó un camino más consciente y serio –asociándose con UNICEF– así como comercial –fue la cara de marcas como Coca-Cola, Pantene y recientemente Louis Vuitton–, alejándose de las controversias y los excesos típicos de adolescentes con acceso a mucho y sin límites.

Cuatro discos después, un currículum que sigue creciendo, largas giras –llegó a presentarse en vivo en Uruguay en 2012–, tres años con Bieber y su amistad con Taylor Swift, hicieron de Gomez una figura reconocida, pero adolescente.

Su quinto disco, titulado Revival (2015) fue señalada por la cantante como su ingreso hacia la adultez. Se lanzó un año después de que fuera internada en un centro de rehabilitación, y luego de que confirmara que la causa de esa internción no había sido el abuso de sustancias sino el lupus. Ese disco también marcó un nuevo camino para Selena Gomez, luego de que despidiera a su madre y padrastro como sus mánagers y finalizara su contrato con Hollywood Records, sello que es parte del grupo Disney Music.

Fue una ruptura que funcionó. Revival tuvo buenas críticas –aunque su voz nunca logra ser el fuerte de su música– y marcó un crecimiento artístico, además de lograr emanciparse exitosamente de la estructura Disney.

Por los motivos que sean, Gomez es otro ejemplo que muestra que las estrellas infantiles están condenadas a crecer con los obstáculos de tener al mundo mirándolos. Y en este caso, no importa tanto que sus fotos en Instagram sean tan perfectas.


Populares de la sección

Acerca del autor