Elogio de la realidad

Los diarios de Zulema, de la escritora uruguaya Beatriz Dávila, es un conjunto de cuentos muy breves que logran conmover desde la sencillez más absoluta
Desde que el crítico Ángel Rama optara por el adjetivo de "raros" para definir a un conjunto de escritores uruguayos inclasificables (Horacio Quiroga, Felisberto Hernández, Armonía Somers, Marosa Di Giorgio, entre otros) la literatura nacional quedó artificialmente dividida en dos: por un lado los raros; por el otro, todos los que no lo son.

Beatriz Dávila pertenece al segundo grupo y Los diarios de Zulema son un ejemplo de esa otra rica tradición literaria uruguaya, que prefiere no salirse nunca del marco de lo posible, de lo verosímil, de lo real, para escribir ficción.

Ningún suceso fantástico irrumpe en sus cuentos, ningún recurso extraño perturba el desarrollo lógico de las historias que narra.

Si algo raro tienen los relatos reunidos en este libro, es que muchos son extremadamente breves. A la autora le bastan a veces solo cuatro páginas para contar una historia, con su inicio, desarrollo y conclusión perfectamente definidos.

Esa enorme capacidad de síntesis hace que la lectura se asemeje a observar un diminuto álbum de fotos en el que la mirada se detiene sin apuro en cada instantánea.
Son 19 cuentos que caben en 110 páginas, que atrapan al lector por su prosa cuidada y el espíritu feliz que anida en cada uno de ellos.

Los temas son variados pero es posible reconocer la voz femenina que escribe cada uno de los relatos, que descubre (y esa es la magia) lo fantástico que se oculta detrás del suceso cotidiano más banal.

Un viaje en taxi puede servir para ver fugazmente a un coreano salir de un hotel de alta rotatividad y a partir de allí disparar la reflexión sobre la distancia que separa a una existencia de otra. Un viaje en ómnibus y la lucha por un asiento permite descubrir que detrás de una actitud provocativa puede haber razones muy bien fundadas para ese comportamiento.

Como apunta Elvio Gandolfo en el prólogo del libro, los cuentos son costumbristas y también hacen referencia a un tiempo pasado en vías de extinción.

Tal es el caso de La raspa, que reúne a todo el barrio en la casa del vecino que tiene una gallina que cacarea al son de una canción. O La telefonista, que habla de los avances de la tecnología en desmedro del trato personalizado.

Dávila tiene la capacidad de resignificar lo que todos conocemos, de alumbrar bajo una luz nueva sucesos harto conocidos, como la anciana que en Persianas mira la vida desde el interior de su casa.

O esa otra mujer mayor que enfrenta su soledad en El testamento, un cuento que casi se va en la descripción minuciosa de una mañana cualquiera.

También hay espacio para un par de historias donde brilla el buen humor. Los cupones, por ejemplo, es un divertido relato sobre los devaneos psicológicos de una mujer ante la obligación moral de llenarlos.

Lo mismo puede decirse de Las censoras, que cuenta las astucias de una adolescente para burlar la censura cinematográfica que mandaba antaño.

De lo mejor del libro es el relato que da nombre al volumen, Los diarios de Zulema. Allí se cuenta la pasión por la escritura de una mujer, desde que es niña hasta la adultez.

Lo que comienza con un diario personal tradicional deviene en varios diarios simultáneos que terminan acaparando la vida de la protagonista. Llega a tener cinco diferentes: el clásico, él de las cosas buenas, el de las cosas malas, el sentimental, el económico y el de su época de estudiante.

Estos cuentos no buscan la sorpresa, ni quieren impresionar a nadie. Son, en el mejor sentido del término, clásicos. Y esa es una razón más que suficiente para leerlos.

$340

Es el precio de Los diarios de Zulema, de Beatriz Dávila (Irrupciones, 110 páginas)


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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli