En el ojo del huracán

Francamente, Frank, del estadounidense Richard Ford, contiene cuatro relatos de calidad que revelan desde el humor y el cinismo la decadencia del sueño americano

Hace ya mucho tiempo un reconocido director de cine estadounidense, al ser consultado sobre la esencia del séptimo arte en su país, sentenció: "Es una pena que las únicas películas buenas sean aquellas que hablan mal de nosotros mismos". La frase puede extrapolarse sin problemas a la literatura de un país que vive de exportar felicidad al mundo pero que es cuestionado sin cesar desde sus entrañas.

Richard Ford (Mississippi, 1944) es un representante ilustre de esa corriente de artistas que de una u otra manera pone siempre en tela de juicio la validez del american way of life, del sueño americano. Lo ha hecho siempre y lo vuelve a hacer en Francamente, Frank, un libro compuesto por cuatro relatos donde da nuevamente la palabra a su alter ego más famoso, Frank Bascombe.

A ese personaje Ford le debe todo. El periodista deportivo (1986), El Día de la Independencia (1995) y Acción de Gracias (2006) lo tienen como protagonista. Se trata de un sobreviviente, un hombre que ha superado un cáncer, un divorcio, la muerte de un hijo y una carrera literaria frustrada. Que ha sido periodista deportivo y agente inmobiliario.

En esta nueva entrega Frank es ya un jubilado cínico que espera la muerte de un momento a otro mientras contempla, muy a su pesar, la decadencia de todo lo que lo rodea. A pesar de que vive con su nueva mujer, Sally, es el hombre más solitario del mundo. Un viejo que está empeñado en reducir las cosas a lo estrictamente necesario para sobrevivir, incluidas las palabras, pero que es arrastrado siempre por las circunstancias.

Los cuatro relatos cuentan sucesos diferentes pero están conectados entre sí. En Aquí estoy yo, el primero, Frank asiste al día después del paso por New Jersey del huracán Sandy. Un hombre al que le vendió su casa y que acaba de perderla durante la tempestad, lo llama para pedirle consejo sobre qué hacer con el terreno, ahora vacío.

El periplo entre las ruinas le permite a Ford trazar un poderoso fresco que resulta una metáfora muy explícita de la decadencia estadounidense. También le sirve para hablar de la crisis económica y la catástrofe de la burbuja inmobiliaria, que azotó a la clase media con más virulencia aún que el propio huracán.

Pero Ford no quiere hundirse con el barco y, para salvarse, recurre a un humor negro que recorre todo el libro. Desde allí, el autor reparte palos a diestra y siniestra. Especialmente para esos ciudadanos que izan la bandera de su país cada mañana en la puerta de sus casas de madera pero que son incapaces de hacer algo por el prójimo.

Todo podría ser peor hace hincapié en el tema del racismo. Frank recibe la inesperada visita de una mujer negra en su propia casa. Se trata de una antigua inquilina que regresa cuarenta años después de haberse ido de allí en medio de una sangrienta tragedia familiar. El manejo de los tiempos narrativos y la descripción de la mujer son soberbios.

En La nueva normalidad y Muertes de otros, Ford aborda los temas de la enfermedad y la muerte. La visita a su exesposa enferma de Parkinson y a un amigo con cáncer terminal, sirven para destrozar al sistema sanitario de Estados Unidos y a las lujosas clínicas privadas de terapias alternativas, que garantizan milagros financiados en cómodas cuotas.

Hay que señalar que en los cuatro relatos el autor emplea una técnica narrativa muy particular que consiste en incluir largas digresiones en medio de los diálogos, lo que puede sorprender a más de un lector. Francamente, Frank está lejos de ser de lo mejor de Richard Ford, pero tiene varios momentos geniales que hacen que valga la pena. l


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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli