En el vino, el tiempo tiene gusto

Ciclo de catas verticales en Punta del Este; sorteo de entradas aquí
El vino es muchas cosas: un alimento, una bebida alcohólica, una compañía, una excusa. Pero también es un individuo. Y al tener vida, evoluciona. Esa evolución se da sobre todo en la crianza en botella, después de haber pasado por barrica de roble, si es que fue pensado para guardar. El gusto de ese tiempo en el vino se aprecia de forma muy clara en las catas verticales.

Las catas verticales consisten en degustar en un mismo momento distintas cosechas del mismo vino. Es decir, apreciar la evolución de una etiqueta a lo largo de los años, con el objetivo de analizar las características de cada año en lo que presuntamente es el mismo producto, aunque como se sabe la uva determina la calidad del vino, y cada vendimia es un capítulo individual.

Tampoco es algo sencillo para el consumidor participar de una degustación de esas características (aunque no hay mucho misterio) porque el oxígeno, los microorganismos, la temperatura y otros factores que afectan al vino a lo largo de su reposo hacen su trabajo. Por eso a la vista los vinos con 10 años o más encima tienden a cambiar de color: los tintos decaen en su intensidad violeta/rojo oscuro y pasan a tener notas teja, en tanto que los blancos intensifican su amarillo, aunque más bien en tonos pálidos. En la boca puede haber sorpresas por la acidez, pero en nariz está la recompensa porque no hay comparación con lo que puede ofrecer un vino joven. Los vinos viejos bien conservados desprenden aromas terciarios, esos que solo se producen en la crianza: frutas pasas, confitadas, también tabaco, cuero y otros aromas apasionantes para descubrir.

Ese ejercicio, que pocas veces está al alcance de los consumidores, queda abierto en un ciclo de catas verticales que realiza el hotel Conrad de Punta del Este (Maldonado).

Semanas atrás se realizó un evento de esas características a cargo de la bodega Familia Deicas y de su encargado de producción, Santiago Deicas. La etiqueta analizada en esa noche fue Preludio, el vino ícono de la bodega, un blend tinto (aunque también hay uno blanco) que se convirtió en un clásico uruguayo y contiene lo mejor de cada año en ese establecimiento.

La del próximo viernes 22 de julio estará a cargo de bodega Pizzorno (Canelones), dirigida por Carlos Pizzorno y con el talentoso enólogo Marcelo Laitano en su plantel. El evento inicia en Conrad a las 21 horas.

Conrad y Sacacorchos sortean una entrada doble para el evento de ese día, basta con enviar un mail a sacacorchos@observador.com.uy para participar.

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