Entre monte, arroyos y sierras

A fines de 1800 esta casona albergó el antiguo almacén de ramos generales de la zona y en 2012 reabrió sus puertas resignificada
Al llegar a Pueblo Edén, un encantador rincón de las sierras de Maldonado con menos de 100 habitantes, se destaca la antigua casona que conserva su aire de casco de estancia colonial, resignificado como una vivienda contemporánea.

Sobre la ruta 12, a 90 minutos del aeropuerto de Carrasco, a 30 kilómetros del océano Atlántico y a 40 kilómetros de Punta del Este y Minas, se encuentra la construcción que a fines de 1800 era un paraje inevitable para los pobladores de la zona de Mataojo, por tratarse del almacén de ramos generales. Minuciosamente reformada durante más de dos años por sus dueños y un equipo de obreros y artesanos de la zona, ahora brilla bajo un nuevo esplendor.

Uno de los rescates más valiosos es la piedra de las paredes, descubierta tras picar los viejos revestimientos de revoque y barro. Se elevaron los techos que eran muy bajos, maniobra que también fue aprovechada para ocultar la nueva instalación eléctrica. Se colocaron tejas en el exterior y en los interiores se hicieron cielorrasos de lambriz de pino y tirantes de eucaliptos en algunos ambientes, mientras en otros se dejó el hormigón a la vista.

Al traspasar la enorme puerta de madera de tres metros y medio de altura, tres grandes ambientes sociales se encuentran conectados y ofrecen doble circulación, mientras que las cinco habitaciones de la casa se distribuyen alrededor del patio interno. Dentro de un terreno de 9.200 m2, un arroyo serpentea a través de un jardín de árboles frutales y eucaliptos, tranquilo refugio de aves, insectos y otros animales.

9.200 metros cuadrados tiene el terreno en el que se ubica la casona de Pueblo Edén
El cielorraso es de lambriz de pino con tirantes de eucaliptos de 8 metros a la vista. Las arañas fueron diseñadas por un artesano brasileño y se pueden usar con lamparitas eléctricas o con velas.

El mobiliario de la cocina fue realizado por un carpintero local en cedriño y en la isla central se utilizaron los tirantes de pinotea de la construcción original. El revestimiento combina baldosas de cerámica moderna con mosaicos calcáreos que compraron por lote en un remate y otros realizados artesanalmente por La Casa de la Baldosa en San Carlos.

El equipamiento de acero inoxidable ofrece un toque moderno en equilibrio con el entorno.

El techo de hormigón a la vista es otro detalle que aporta una estética contemporánea. En un extremo del ambiente se dispuso un living con confortables sillones de cuero; como complemento, un par de butacas de ratán de una estancia del sur de Estados Unidos y una mesa ratona de campo con pintura decapada. En este rincón se destaca la lámpara de cerámica portuguesa. En el extremo opuesto del ambiente, la gran mesa de madera es acompañada con sillas de arce y asiento de tripa tejida, una técnica tradicional canadiense.

En algunas puertas se conservan a la vista los arcos de medio punto con ladrillos verticales de la construcción original de fines de 1800. La calefacción de los ambientes principales es mediante losa radiante, que en algunos casos se complementa con pintorescas y eficientes estufas a leña de doble combustión de la marca española Hergom.

En los cuartos se dejaron detalles de piedra y cielorrasos de hormigón a la vista.

En los baños se mantuvieron los detalles de piedra en las paredes, combinados con las baldosas calcáreas y los cielorrasos de hormigón pintados de blanco. En un ángulo de la bañera se colocó una escultura de la cultura indígena canadiense inuit (mal llamada esquimal). El mobiliario fue realizado a medida en cedriño y sobre la mesada de mármol italiano se colocó un antiguo espejo de cedro comprado en un remate.

En todos los pilares de eucaliptos de la galería se colocaron jazmines que atraen pájaros y mariposas, y perfuman el aire por las mañanas y las tardecitas.
El juego de jardín es americano y fue realizado en hilo de papel, las luminarias son galponeras de metal restauradas. Atrás, la escalera caracol que conduce a la azotea con preciadas vistas de 360º hacia el campo y las sierras.

Un rincón del patio se destinó al parrillero de piedra y al horno de barro. A manera de mesada complementaria se colocó una antigua mesa de trabajo de carpintero, una vieja campana y un juego de jardín de hierro.

La casa está rodeada por un monte y un jardín de aspecto silvestre. Se plantaron frutales, lavandas, margaritas, glicinas, rosales y se reprodujo una planta de hortensias que permanecía en el patio de la casa desde hace 80 años.

Producción: Agustina Amorós