Esperando la próxima lluvia

El problema más grave es el que heredarán las generaciones por venir si el gobierno del principal país del mundo persiste en negar la fiebre planetaria en ascenso
Con un comienzo que tuvo una seguidilla de ocho registros mensuales consecutivos de la más alta temperatura registrada establecidos de enero a agosto, y el resto de los meses entre los cinco más cálidos de la historia, 2016 se convirtió en el año más cálido en la serie de 137 años del servicio meteorológico de EEUU, NOAA. Fue el tercer año consecutivo récord.
Todos los acuerdos internacionales que se han firmado y que Trump ha prometido no tomar en cuenta advierten que cruzar la línea de los dos grados sería desastroso. A la velocidad que va el aumento de temperatura es casi seguro que esa referencia se cruzará sin que las medidas que se están tomando puedan evitarlo. Y al ritmo de ascenso de la temperatura tal vez se cruce ese límite en la década que va de 2020 a 2030. No falta tanto.

La temperatura global promedio de 2016 estuvo entre 0,94 y 0,99° C por encima de la media del siglo XX de 13.9 ° C,. Este 2017 será importante para ver si el ascenso del año pasado estuvo influenciado por las fuertes condiciones de El Niño que prevalecieron a principios de año con temperaturas muy altas en el Océano Pacífico. Aunque otra manera de plantearlo sería si no hay Niños fuertes más frecuentes como consecuencia del calentamiento global.

La gráfica de temperatura mundial sigue por ahora mostrando la temible forma de "palo de golf": una suba muy leve durante muchos años, para luego "doblar el codo" y empezar un ascenso casi vertical. Lo que había denunciado el casi presidente estadounidense Al Gore. Hoy está empezando el gobierno de EEUU su antítesis, el gran negador del cambio climático y promotor del petróleo y el carbón.

Asume cuando sabemos que se ha producido el quinto récord de temperatura en el siglo 21 (2005, 2010, 2014 y 2015). El dato del año pasado también marca 40 años consecutivos (desde 1977) en que la temperatura anual ha sido superior a la del siglo XX. Los 16 años del siglo 21 se encuentran entre los diecisiete más cálidos registrados (1998 es el que está en el puesto 8). Los cinco años más calurosos han ocurrido desde el 2010. No hay tema para la humanidad más importante que este.

Si contamos desde el siglo XIX cuando se empezó a medir, la temperatura sube 0,07º C por década. No parece mucho. Si la cuenta comienza en los años 70, ese aumento se acelera a 0,17 grados por década, lo que llevaría a cruzar los dos grados de anomalía, lo que se advierte sería una catástrofe, en unos 58 años. Pero dado que ese ritmo de aumento se va acelerando, es imprevisible cuán pronto puede suceder. Los acuerdos apuntan a que no se cruce el grado y medio de diferencia respecto a los promedios. Eso ya es casi imposible.

En ese promedio hay diferencias que importan. Una es que en el Ártico la temperatura se desvió muy por encima del promedio y aún en estos días de pleno invierno las temperaturas están cerca del punto de fusión del hielo. Ya se han abierto rutas de navegación que antes eran imposibles y la perspectiva de un mundo sin hielo en los polos es cada vez más probable, lo que alteraría profundamente las corrientes marinas y los vientos. En la Antártida se está por desprender un gigantesco iceberg.

Hielo derretido y más temperatura en los océanos significan un ascenso en el nivel del mar. Y dado que también eso va acompañado de más fenómenos extremos –más temperatura es más inestabilidad- las zonas costeras están en peligro. La rambla de Piriápolis da una buena muestra de ello. Los hielos con su color blanco rechazan los rayos solares. Al derretirse, mucha más energía solar es captada por los océanos. Más se agrava el problema.

El calentamiento del agua de los océanos ya está causando problemas ecológicos graves. La temperatura promedio anual de las superficies oceánicas en todo el mundo fue 0,75 ° C más alta que la media del siglo XX, superando el récord anterior de 2015 en 0,01 ° C. El Niño, al significar un calentamiento de las aguas en el Pacífico, es un componente de ese calentamiento. Se disipó en primavera y fue reemplazado por condiciones débiles de La Niña cerca de finales de año. Aun así, las temperaturas globales de las aguas del planeta se mantuvieron altas, con la temperatura de diciembre elevada a 0,61 ° C por encima del promedio del siglo XX.

Los corales del mundo están en peligro y la gran barrera de arrecifes de Australia ha perdido sus múltiples colores por el blanco, señal de agonía.

Mientras todo esto pasa, en el principal país del mundo asume la presidencia el candidato de las petroleras. Y ha nombrado en la Agencia de Protección del Ambiente (EPA) a un hombre cercano a estas empresas. Este jueves preguntado por el Demócrata Bernie Saunders que opinaba sobre la incidencia de las actividades humanas sobre el cambio climático, el nuevo director de la Agencia de Protección del Ambiente de EEUU, Scott Pruitt evadió la respuesta diciendo que su opinión era "inmaterial".

Al mismo tiempo China, el país con el que Trumpno para de enfrentarse, ha anunciado la construcción del mayor parque solar del mundo, la cancelación de 103 proyectos basados en carbón y su intención de convertirse en la vanguardia de las energías limpias, lo que incluye a la energía eólica. India avanza desde hace tiempo en el objetivo de ser una potencia en energía solar. Y en el propio EEUU transcurre una revolución tecnológica imparable. Pero los zares del petróleo y el carbón han logrado colocar en el poder a un presidente a su medida.

La industria petrolera, centralizada, contaminante y con un poder de lobby que parece infinito, no reconoce ideologías. El subsidio que la sociedad uruguaya ha dado a Ancap es absurdo desde una perspectiva ecológica y desde una perspectiva de lo que debe ser en el futuro una matriz energética limpia. La energía ya no debe ser combustible. ¿Cómo hará Uruguay para asumirlo? El mercado de energía que viene es en red, no centralizado. Paneles solares y surtidores de electricidad. ¿Se va a estimular o maniatar esa revolución? ¿Queremos ser parte del mundo de Tesla o del de los dictadores de Medio Oriente? La energía fósil, es fósil. Ese es el tema.

En Uruguay estos son días de celebrar el sol y el calor en la costa y los programas televisivos de verano. Pero mientras eso pasa a orillas del mar, a pocos kilómetros hay trabajadores y empresarios sudando la gota gorda y esperando por las etapas decisivas de la definición del rendimiento de los cultivos. En estos días se define el rendimiento de los cultivos de verano. La cosecha que sigue a la que el año pasado sufrió daños graves por las lluvias permanentes de abril. Este año va por la revancha y por ahora con buenas perspectivas, pero el riesgo es alto. Bastan dos semanas de calor y sin lluvias para que todo se venga abajo.

Si la próxima lluvia llega a tiempo la agricultura seguirá empujando unos meses más contra los costos y otras adversidades para que la oportunidad uruguaya mantenga su chance. Para que las exportaciones empiecen su recuperación, la red de cooperativas siga funcionando, los fleteros y mecánicos sigan dando empleo y el comercio en buena parte del interior siga moviéndose.

La situación de costos desfasados de Uruguay genera una fragilidad estructural en la que cualquier problema climático generará un efecto ampliado. Todo eso está en juego en las semanas que quedan del verano. Durante lo que queda de enero y febrero, cada lluvia que llegue, es para festejar.
Pero el problema más grave es el que heredarán las generaciones por venir si el gobierno del principal país del mundo persiste en negar la fiebre planetaria en ascenso

Populares de la sección

Acerca del autor