Exposición a ruidos molestos genera agresividad, presión arterial y otras enfermedades

Vecinos del Parque Rodó reclaman medidas desde hace dos años por la movida nocturna que se instaló frente a sus casas

Aburridos, amargados, quejosos, aguafiestas. Esos son algunos de los calificativos que recibe el grupo de vecinos de Parque Rodó cuando se quejan del ruido de los boliches de la zona. Para ellos, la fiesta y la comodidad que significa que los establecimientos estén concentrados en pocas cuadras no es ningún beneficio. Todo lo contrario.

Camelia Huino vive en Jackson entre Blanes y Canelones hace 25 años. En su cuadra hay tres boliches y dos más preparan su apertura. Un sábado pueden llegar a concentrarse frente a su ventana 200 personas. “Estuve a punto de tirar la toalla, mudarme, hasta que un día la menor de mis hijas de 17 años me pidió una pastilla para dormir porque al otro día tenía que dar un parcial. Ahí me propuse hacer algo al respecto”. Camelia es una de las 30 vecinas que desde hace dos años acumula en una carpeta decenas de denuncias que terminan con multas. Ahora anuncian un juicio civil a la comuna y los dueños de los boliches por omisión y perjuicios. Dicen que el problema, que les quita literalmente el sueño, desvalorizó sus casas y trajo problemas de salud.

¿Es para tanto?

En 2011 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el ruido ambiental como un tema de salud pública por los efectos adversos que tiene sobre la población expuesta. “Ese estudio lo que hizo fue aclararle a todo el mundo que la molestia por ruido es un efecto adverso en sí mismo y genera el deterioro de la calidad de vida. Sobre eso no quedan dudas”, explicó a El Observador la ingeniera Elizabeth González, profesora titular del Instituto de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental.

La experta señala que entre los efectos más inmediatos se reconoce la suba de la presión arterial y un aumento de la secreción de hormonas que supera lo habitual. “Estas dos reacciones hacen que tengamos respuestas más agresivas y violentas”, explica. Además, la alteración del sueño repercute en la baja del rendimiento laboral y educativo.

Algunos de los estados de ánimo “activos” asociados con molestia por ruido pueden ser la irritabilidad, el enojo, la ansiedad, el fastidio, el nerviosismo y la exaltación. “Lo que nos despierta es el ruido variable, el imprevisto. Me mantengo más vigilante si sé que va a haber ruido y ya estoy en un estado de alerta que me hace estar más irritable”, explica González.

Normativa que hace ruido

Pensar que los reclamos por ruidos molestos son hijos de la modernidad es desconocer siglos de problemática. Esa fue una de las más antiguas causas de conflicto en las ciudades que motivaron las primeras pautas de ordenamiento territorial de las que hay registros en el 600 AC. En la antigua Grecia se prohibió tener gallos en el área urbana y la Roma Imperial prohibía la circulación de carros en la noche.

En Uruguay no existe un marco regulatorio nacional, por lo que cada intendencia tiene su biblioteca. Entre las normativas más antiguas está la de Montevideo de 1974. En 2004 se aprobó la ley de Contaminación Acústica de alcance nacional y, 12 años después, no fue promulgada.

Al entender de González, la normativa es antigua y presenta problemas para la aplicación. Por tanto, los mecanismos de control son laxos e ineficientes. “¿Qué hubiese pasado si Vázquez fuera otorrino?”, se preguntó la experta, en referencia a la política antitabaco del gobierno encabezado por el presidente y oncólogo. La contaminación acústica ha sido además uno de los principales reclamos recibidos por la Defensoría del Vecino.

Menos ruido y más cambios

Después de que se hizo público el reclamo de vecinos, la comuna estableció una medida cautelar en los municipios CH y B donde hasta tanto no se tenga el mapa sonoro no se permitirá instalar nuevos locales por un año. Para los vecinos, no es una solución: los boliches siguen funcionando. “Nuestra vida, nuestro derecho al sueño está siendo vulnerado,”, opinó Nicolás Álvarez, otro vecino.

González es clara sobre los riesgos: “Hay mucha inconsciencia en el sentido de cuánto podemos estar perjudicando y cuánto podemos estar dañando la salud de una persona. El debilitamiento del sistema inmunológico nos hace más propensos a enfermedades, incluido el cáncer. Y esas cosas no se dicen”, indica.


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