"Firmar el protocolo de soja con China no fue una medida inteligente"

El presidente de la Agropecuaria de Dolores dijo que todos los costos se cargan al productor
Por Lucas Farías
De su viaje a Dolores, Soriano

¿Qué balance hacen de esta zafra de verano que concluye?

En principio es bueno por el rinde, el clima en la primera parte de la zafra acompañó bastante. Estamos acostumbrados a hacer zafras bastante comprimidas; la logística porteras adentro se intensificó mucho. Hay una alta capacidad de trilla respecto a otras épocas y se puede levantar la cosecha de forma ágil y dinámica. El clima en los primeros días de cosecha ayudó mucho, logramos buen rinde y calidad. Pero hubo circunstancias extraordinarias. Este año era para lucirse, pero apareció el protocolo de la soja con China, del que el productor se enteró tarde; si se hubiera enterado antes habría sido mucho mejor, porque en la chacra se habrían previsto un montón de cosas que no se previeron. Terminó siendo un alto costo para el productor. Fuimos muy críticos no por el protocolo en sí, sino porque generalmente los ajustes se terminan haciendo con el bolsillo del productor. Nadie, en ninguna parte del mundo, puede estar en desacuerdo con cosechar la mejor soja con la mayor calidad posible, pero en este caso hubo elementos que distorsionaron el mercado de la soja y el productor es el que termina pagando esos desajustes. Es un tema del que hay que aprender y no se puede repetir.

¿En cuánto calculan el sobrecosto por el protocolo?
Es muy difícil tener ese número hasta que termine la cosecha. Trato de evitar dar cifras porque la gente recuerda más los números que los conceptos. En este caso el concepto se integra con dos factores. Uno es el manejo, ahora lo que va a prelimpieza es mucho más y eso es un sobrecosto para el productor; se lo manifestamos muchas veces al ministro (Tabaré Aguerre). Y hay otro costo, que es el que más preocupa, es el de la incertidumbre. Generalmente en los mercados de commodities la incertidumbre juega a la baja. No somos especialistas en mercados, pero en los hechos hubo un diferencial de precio importante. En la Agropecuaria hicimos una comparación histórica entre la prima de la soja de Rosario (Argentina) y la de Nueva Palmira. La diferencia este año era de US$ 7 a US$ 10 la tonelada, que no tenía otra explicación lógica que los efectos del protocolo. Esos dos factores (prelimpieza e incertidumbre) hacen que no podamos capitalizar un año que pintaba excepcional por el clima, la calidad de grano, el esfuerzo del productor y toda la cadena. Las cosas no salen por casualidad. Este año era para marcar una diferencia y lamentablemente aparecieron estas circunstancias. No soy de repartir culpas, porque la función de las gremiales es arrimar soluciones y eso es lo que estamos haciendo desde la AAD, pero cualquier cosa que altere o perjudique el bolsillo de los productores nos parecerá antipático, así que tendremos que seguir trabajando para lograr un equilibrio. Son cosas que no se solucionan con insultos, sino planteando los temas con inteligencia, firmeza, respeto y sustento técnico.

Pero parece que no hay marcha atrás con el protocolo.
El ministro dijo que si tuviera que volver a firmarlo lo haría. Lo que sí puede haber es una reestructura, repensando el resto de la cadena, para que no termine siendo siempre el productor el que lo pague. Los productores no negociamos protocolos, pero sí tenemos la materia prima. Porteras adentro haremos nuestro replanteo. Si el año que viene hay otras circunstancias, los productores considerarán este nuevo costo y pensarán dos veces si sembrarán o no. Este tipo de planteos es matar la gallina de los huevos de oro, en un momento que no es el más feliz para el país. No me parece una medida inteligente. No es que estemos en desacuerdo con hacer las cosas de la mejor forma, lo que sí estamos en desacuerdo es que se le recarguen todos los costos a un solo actor de la cadena. El deterioro del primer eslabón de la cadena implica un deterioro a los demás integrantes y al país entero.

¿Cómo se inicia la zafra de cultivos de invierno?
Preocupa que en Dolores, región conocida como la capital del trigo, el propietario del campo tenga costos realmente importantes para hacer ese cultivo y que quien arrienda campo pierda plata si lo siembra. Aparecieron otros cultivos, como la colza, y fuimos grandes impulsores en capacitación. Fue positivo que el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca haya aceptado la rotación soja-colza en los planes de suelos, un planteo de la AAD a través de un equipo técnico conjunto integrado con la Asociación Rural de Soriano, la Sociedad Rural de Río Negro y Ausid.

¿Cómo están los costos?
Estamos en un país carísimo. Nos cuesta horrores producir. El productor de Dolores tiene su competencia en el mundo y las autoridades deberían escuchar estos reclamos, no por el bien del productor sino por el bien de todo el país, porque los productos agropecuarios son el principal rubro de exportación. Al que está generando riquezas, dando empleos, generando infraestructura, traten de no apretarlo porque se autoaprietan a largo plazo.

¿Cómo está volviendo la ganadería a la región?
Por la cantidad de feedlots que se instalaron, para arrimar el ganado a la comida. Esta es una gremial históricamente agrícola, pero con productores de gran versatilidad, que rápidamente comprenden los cambios. Basta ver la cantidad de encierros de ganado que hay en la zona. Esta ganadería va de la mano de una muy buena agricultura, que genera alimentos de gran calidad. Nos falta algo más de ayuda del gobierno. No me gusta el discurso agropecuario llorón, pero es una realidad que para lograr lo mismo tenemos que hacer más esfuerzo.

Datos personales

Juan Ángel de la Fuente nació el 25 de mayo de 1971, es escribano, casado y tiene cuatro hijos: Juan Andrés (21 años), Sofía (18), Alejandro (10) y Francisco (5). Además es piloto de Rally e hincha de Peñarol.

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