Florencia Jinchuk: la fórmula de la belleza

Florencia Jinchuk es la creadora de The Chemist Look, un proyecto que fusiona sólidas bases científicas con la pasión por la cosmética

Por Cecilia Amorín

El día estaba brumoso, la niebla en la Ciudad Vieja caía pesada como un telón cubriendo el horizonte y desplegándose hasta la vereda que pisaba en mi camino hacia Espacio Serratosa. En este espacio de cowork, donde están establecidas diversas empresas, algunas nuevas y otras no tanto, me esperaba la emprendedora Florencia Jinchuk. Verla aparecer con el celular pegado a la oreja, disparando a una velocidad suprema un cúmulo de palabras y caminando a paso apurado mientras me saludaba a la distancia haciéndome pasar a su oficina, fue señal suficiente de su energía desbordante que contrastaba con el letargo propio de un día frío y nublado.

Descifrando el ADN

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No es novedad que para las mujeres —y por suerte, por aquello de la equidad de género, cada vez más para los hombres— la cosmética es una parte importante en la rutina de belleza e higiene. Tampoco es una novedad que ante las grandilocuentes promesas de eliminar las arrugas, las estrías, la celulitis, las manchas y tantas otras cosas, la frustración llegue a inundar nuestras esperanzas cuando, después de gastar unos cuantos pesos y dedicar unos buenos meses a probar productos, los resultados no estén a la vista.

Para Florencia, la sensación tampoco es ajena. Esta química de 26 años, de porte pequeño y hablar acelerado, parece querer llevarse el mercado por delante; apunta a hacerlo con un apasionado espíritu crítico, pero a la vez con respeto y sabiendo que con la gigante industria cosmética tienen que ser aliados más que enemigos. Para introducirse en el rubro con un fuerte diferencial, en 2015 creó la marca The Chemist Look (en español "la apariencia química"), con la que desarrolló un servicio de asesoramiento cosmético, que la convirtió en una gurú del cuidado de la piel, y una línea novedosa de productos que vende a través de su tienda online.

"Hola Flo, tengo 27 años y piel mixta/grasa, ¿hay que usar dos tipos de hidratantes: uno para el día y otro para la noche?", reza una de las decenas de preguntas que recibe Florencia en su blog. Una por una, la emprendedora responde con una explicación netamente científica sobre recomendaciones de productos, los mejores hábitos de limpieza, maquillaje e incluso algunas críticas o elogios a productos y dónde encontrarlos en el mercado local. Florencia dedicó horas en las grandes tiendas de cosmética escuchando y mirando etiquetas, hasta entender las falsas expectativas, las mentiras y las exageraciones que se encuentran en los envases y, por supuesto, también sus verdades.

El mundo empresarial es algo que viene cargado en el ADN de su familia. "Lo mamé de dos padres empresarios, es algo que está siempre en la cena familiar: los términos, las dificultades, los problemas. No tengo idea hasta dónde sé y hasta dónde no, no estoy formada en eso, pero muchas de las cosas que tienen que ver con llevar una empresa adelante me resultan algo natural. Tengo el modelo de ser mi propio jefe y para mí; si bien no es la única opción, es la que prefiero", aseguró.

Fusión de caminos

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No tiene idea de cómo terminó estudiando química, y aunque recuerda que se trataba de una materia en la que era buena en sus años de secundaria, no se define como una persona de las ciencias duras. "Siento que perfectamente podría haber estudiado en la Facultad de Humanidades. No era de esas personas que tienen en claro qué van a estudiar. Siempre me gustó el arte, podría haber tomado un rumbo totalmente diferente", manifestó.

Dejando de lado en su carrera todos los exámenes con calculadora en mano, Florencia encuentra en la química algo que no es tan obvio y que define como "una magia, algo hasta casi filosófico", que le resulta absolutamente interesante.

Estudió durante cuatro años en el Dickinson College en Pensilvania (Estados Unidos) hasta recibir su "Bachelor of Science" (licenciatura en ciencias) y luego realizó un posgrado en química cosmética, especializándose en fisiología de la piel y formulación antiage, y le encontró la vuelta de tuerca a la profesión. Hoy al mirar hacia atrás se siente afortunada de haber elegido esa carrera.

Descubrió cómo desarrollar su pasión —trabajar en su industria favorita desde ambas facetas, el de experta y el de consumidora— en una pasantía en una gran fábrica en las afueras de Nueva York. "Estaba en la parte del petróleo, específicamente en el desarrollo de soluciones de relleno momentáneo para que los pozos que se realizan debajo del océano no se colapsen hacia adentro. Lo odiaba pero me quería quedar en Nueva York en el verano y ahí terminé", recordó.

En la fábrica desarrollaban también activos nuevos para productos cosméticos, que luego eran vendidos a otras empresas. En ese momento trabajaban con productos para el cabello y Florencia se propuso como voluntaria para la prueba. Cada mediodía se dirigía a la peluquería montada dentro de la fábrica para que le aplicaran los productos. Pero lo más importante de esa experiencia fue que allí conoció al español y químico especializado en cabello José Martínez, que se convirtió en su mentor. "José y su pareja, un director de teatro, me abrazaron ese verano y con él conocí la industria de la química cosmética", rememoró.

Aunque Florencia se describe como una mujer muy coqueta —incluso durante su adolescencia había realizado cursos de maquillaje— se identificaba mucho con su labor científica a pesar de no tener una orientación clara. "La industria cosmética siempre me gustó y sabía que probablemente eligiera trabajar en algo vinculado a la belleza, pero en ese momento no había hecho el clic de que podía unir las dos cosas", señaló.

La fórmula

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Al terminar su posgrado volvió a Uruguay. Corría 2014 y Florencia pisaba Montevideo nuevamente sin un plan. "Llegué un sábado, después de haber pasado siete años fuera del país y la novedad de mi vu

elta se acabó el lunes cuando todos salieron a trabajar". Sin saber cómo seguir, se incorporó a trabajar en Óptica Nova, la empresa de su padre y así se fueron seis meses. La culpa de no dedicarse a lo que le gustaba empezó a pesarle. "No tenía bien claro cómo manejarlo en Uruguay, pero no quería mantenerme alejada de la industria", recordó.

Entonces, en julio de 2015, sin nada muy específico en mente, arrancó a escribir un blog bajo el nombre The Fashionist Apothecary, que duró dos semanas y luego pasó al definitivo The Chemist Look. Ya estaba acostumbrada a que sus amigos y familiares le preguntaran las diferencias entre cremas similares pero que variaban enormemente en precio. "Me pedían que les dijera la posta y entonces comencé a escribir con ese espíritu, sabiendo qué era lo que las mujeres querían escuchar", indicó.

Rápidamente, gracias a sus recomendaciones basadas exclusivamente en las fórmulas químicas, se empezó a armar una comunidad alrededor del blog. Empezó a recibir muchas preguntas y las respuestas comenzaron a consumirle mucho tiempo y a presentarle un conflicto moral. "Me estaba costando, porque la realidad es que estaba recomendando productos que no estaba usando. Siempre tuve mis propias fórmulas y mis teorías de lo que funcionaba o no. En Estados Unidos siempre preparé mis productos en formatos líquidos, no daba mucha bola a lo que había en el mercado", confesó.

El problema era que sus lectoras no podían conseguir los componentes en Uruguay y mezclarlos. En simultáneo, los productos que elaboraba para ella comenzaron a agotarse y la lamparita volvió a encenderse: se propuso formularlos para sus seguidoras del blog, que en ese momento no eran muchas. "Me acuerdo de que le comenté a mi madre que iba a vender los líquidos que usaba en mi cara y me dijo que le parecía un producto complicado y que mejor creara una crema que era más fácil de vender. Pero ya había cremas buenas en el mercado que podía recomendar. Quería hacer algo nuevo, que realmente valiera la pena", manifestó.

El lanzamiento fue con una preventa y el primer lote lo entregaron a fines de noviembre de 2015. En diciembre agotaron sus productos y volvieron a producir con preventa sumando su producto estrella de la actualidad: la vitamina C. Este febrero lograron comenzar con la venta libre, haciendo crecer la línea con tres hidratantes, un limpiador, dos boosters, un aceite y cuatro exfoliantes.

"Podría desarrollar productos todo el día, es lo que más me gusta, pero en Uruguay demorás porque no hay envases ni ingredientes, los traigo todos de afuera", lamentó. En la actualidad The Chemist Look trabaja con un laboratorio para poder importar la mayor parte de los componentes de sus productos desde Europa porque no se consiguen en el ámbito local.

Seguir creciendoHoy The Chemist Look está atacando el mercado de la cosmética con productos novedosos, que basan su efectividad en la fórmula química. Carecen de presentación con diseños extravagantes o de eslóganes marketineros y su comunicación busca ser científicamente precisa. "Olvidate lo que dice la etiqueta, yo te digo con qué está formulado y sobre qué actúa", explicó Florencia.

Hoy tiene un sitio y venta online con envío a domicilio entre dos y cinco días. Tiene también una política de devolución riesgosa para el negocio, pero eficiente para crear confianza en sus consumidores. La emprendedora asegura que hasta el momento las devoluciones han sido muy pocas.

El negocio ha venido creciendo solo y con base en el esfuerzo de generación de contenidos útiles sobre cosmética que se pueden leer en su sitio. "Al principio trabajábamos en el living de mi casa y de pantuflas, pero llegó un momento en que fue necesario salir del hogar. Caímos en Serratosa, que me encanta y es un lugar que me funciona superbien", celebró.

Su crecimiento vertiginoso la obligó a crear un equipo, hoy son cuatro personas más, pero Florencia asegura que todavía están un poco abrumados por la cantidad de trabajo. "Quiero terminar de ampliar la línea y hacer las ventas más sólidas en Uruguay. También me gustaría afianzar un poco el equipo porque nos sobrepasó la demanda y las preguntas", reflexionó Florencia, y afirmó que a corto plazo le gustaría exportar.

Por el momento están cómodos trabajando con la venta online, pero bajar del mundo digital y contar con un momento de interacción personal con el cliente es visto como algo necesario. "Me parece que hay formas más interesantes que poner una tienda o estar en una farmacia, estamos viendo y pensando cómo armar algo diferente y con costos fijos bajos porque en Uruguay no hay otra", remató la emprendedora.

Los tips de Flo

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"Hay mucha investigación, por momentos parece que es una rama mucho más superficial y en su fin puede serlo, pero la industria cosmética le ha brindado a la ciencia mucha información que ha servido para atacar el envejecimiento de la piel (que muchas veces se traslada a otras partes del cuerpo), para el tratamiento del cáncer, los problemas del sistema inmunológico, entre otros", cuenta esta apasionada de la química. Su trabajo más que aconsejar, es llevar la ciencia al cuidado personal y por eso decidió compartir algunos de sus consejos.

• No más granitos. La exfoliación es más importante de lo que uno piensa, porque previene granitos. En su aparición actúan dos variables: el exceso de sebo y la acumulación de piel muerta. "El primero es muy difícil de controlar con cosméticos y a aquellos que lo prometen hay que tomarlos con pinzas", indica Florencia. ¿La solución? Actuar sobre la piel muerta, que sí se puede controlar. ¿Cómo? Exfoliando. Se puede realizar con los scrub —los productos con micropiedritas— o a base de ácidos que rompen las estructuras que mantienen a las células muertas unidas y generan descamación de la piel. "Yo lo hago con ácidos y lo formulo para que la descamación no sea visible al ojo humano", explicó.

• Piel sin manchas. La vitamina C ilumina, homogeiniza la piel, despigmentando las manchas y es un antioxidante que previene el envejecimiento. Existen diferentes tipos en el mercado, pero en general se tratan de derivados, que —aunque son más duraderos y fáciles de formular— son menos efectivos que la forma pura. La vitamina C es el best seller en The Chemist Look y está potenciado con ácido ferúlico y vitamina E para maximizar los resultados y aportar fotoprotección.

• Hidratar. Hay tres formas de hidratar la piel: con humectantes, que son moléculas que absorben agua del ambiente y la traen hacia la piel; con emolientes, que crean un film sobre la piel y previenen la pérdida de agua hacia el ambiente, y la tercera es usar lo que Florencia llama reparadores, que simulan estructuralmente los lípidos naturales de la piel. "Cuando formulo hidratantes me preocupo de emplear los tres y formulo todo sin colorantes, alcohol o fragancia para que funcionen en todo tipo de piel, incluso las más sensibles", señaló.

• Limpieza eficiente. "La mayoría de los limpiadores en el mercado tienen el tensoactivo SLS. Cuando te lavás la cara y sentís esa sensación de tirantez, es una alarma roja", afirma y explica que estos tensoactivos limpian el exceso de lípidos superficiales de la piel, arrasando también con los que deberían permanecer y que son importantes para el equilibrio. "Generan envejecimiento prematuro porque están interactuando con la proteína de colágeno", indicó. The Chemist Look formula tres limpiadores con tensoactivos no iónicos que no interactúan con las proteínas de la piel y tienen un potencial de irritación muy bajo.

• Arrugas. Florencia recomienda el ácido hialurónico, un producto que se llena de agua y rellena arrugas finas levemente, mejorando el volumen en el momento de uso. A esta fórmula incorporaron Gladback, que trabaja más profundo y a largo plazo, aumentando los receptores de ácido hialurónico en las células de la piel.