Francisco Casal: el dueño de la pelota

El único uruguayo en caer preso en la causa de la Conmebol fue Eugenio Figueredo, un viejo aliado de Casal que luego se transformó en enemigo.

Con Francisco Casal casi no hay dobles lecturas: se lo ama o se lo odia. Y como la realidad no es blanca o negra, quizás todos tengan parte de razón. Empezó como jugador de fútbol y nunca destacó, pero su capacidad de negociar estaba presente desde que era chico.

En los últimos 25 años su figura se disparó. La defensa de los futbolistas y la habilidad para negociar con los clubes europeos, coincidiendo con una explosión del mercado italiano, hicieron que los jugadores uruguayos comenzaran a emigrar a la mejor liga del momento, como nunca antes. Muchos recalaron allí gracias a su talento en la cancha, pero también debido a la destreza de Paco para negociar.

Casal pasó a ser una herramienta imprescindible para los clubes locales, siempre necesitados de dinero. Empezó a comprar jugadores, muchas veces a precios que luego doblaba o triplicaba con las ventas al exterior pero que le servían a las instituciones para saldar las deudas.

Hoy otros representantes han aparecido y hasta han opacado su preponderancia, pero Paco se ha sabido reinventar y es aún el primero al que muchos clubes acuden para pedir dinero.

El segundo paso lo dio en 1999, cuando fundó la empresa Tenfield para comprar los derechos de televisación del fútbol uruguayo. Fue una oferta polémica, porque pagó US$ 32 millones menos de lo que ofrecía la empresa Bersabel, integrada en parte por el grupo Clarín. Por US$ 50 millones se quedó con los derechos de TV del fútbol uruguayo. Luego sumó los de la selección nacional, los de la imagen del seleccionado, del marketing, de la negociación por la indumentaria, hasta llegar a ser el organizar partidos amistosos.

El poder de Casal se elevó a límites insospechados. Por ejemplo, eligió a Daniel Pasarella como DT y estuvo en la concentración de Uruguay en el Mundial de 2002, al igual que en 1990, con lo que alimentó el mito de la fuerte influencia que tenía sobre el entrenador Víctor Púa.

Con una empresa televisiva a la que luego sumó un canal de cable (VTV), Casal pasó a ser uno de los empresarios de medios más importantes de Uruguay.

Como demostración de poder, muchas veces se enfrentó abiertamente a equipos del fútbol uruguayo: en 1999 fue con Bella Vista por la venta de un paquete de varias figuras; con Nacional lo hizo varias veces, y el más mediático fue su cruce con José Pedro Damiani, histórico presidente de Peñarol.

Con la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) también tuvo encontronazos duros. El más claro fue con el Ejecutivo de Sebastián Bauzá, con el que se enfrentó por la venta de derechos de televisación de las Eliminatorias al Mundial de 2014, al punto que el exjerarca denunció amenazas del empresario. Al final, una mediación del expresidente de Defensor Eduardo Arsuaga terminó posibilitando la firma.

Pero a meses del Mundial de 2014, el Ejecutivo de Bauzá renunció. Las causas de esa salida nunca quedaron del todo claras. El entonces presidente denunció un "golpe" de varios clubes que se oponían a su gestión y que eran cercanos a Tenfield. La salida concreta se dio luego de que el gobierno nacional quitara a la Policía de las canchas. Bauzá denunció injerencia de Casal y del gobierno de José Mujica, coaligados para sacarlo del medio.

La salida de ese ejecutivo de la AUF se dio en un momento de tensión porque a instancias de Tenfield –y con la oposición de Bauzá– varios clubes presentaron una denuncia contra la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), alegando corrupción en la venta de derechos de TV del fútbol sudamericano.

Esa denuncia forma parte de la tercera etapa del libro de Casal. Tras ser el mayor factor de poder en el fútbol uruguayo, decidió apostar más alto y fundó una cadena de TV internacional (GOL TV). Fue por los derechos del fútbol sudamericano y se encontró con una mafia allí enquistada. La denuncia de los clubes uruguayos, que promovió Casal, fue el inicio de un proceso que terminó con una generación entera de dirigentes y empresarios del fútbol presos. Este proceso se produjo en paralelo con la bomba mundial del Fifagate. Los dirigentes sudamericanos procesados eran parte de un entramado en el que los empresarios pagaban coimas para obtener los derechos de la Copa América, la Libertadores y la Sudamericana.

La historia de Casal es lo que genera división. Están quienes opinan que acumuló tal poder que puso al fútbol uruguayo bajo su pie, al punto que hoy integra cada una de las etapas del negocio. También están los que se basan en ello para argumentar que cambió la historia del fútbol local, pues pagó por lo que pocos hacían y dio empleo a miles.

Con contratos que rara vez han visto la luz pública (lo mismo que criticaba Casal en Conmebol), el vínculo de Tenfield y la AUF se extiende por cada vez más tiempo. Los clubes necesitan de Casal, por su propia impericia y por la paciente, decidida y muchas veces autoritaria estrategia que tejió el empresario.

Para bien o para mal, Casal es el fútbol uruguayo de hoy. Y lo seguirá siendo por mucho tiempo.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.