Gerardo Zambrano: El proyector del campo

"La ciudad sigue sin entender al campo"
Dedicación y liderazgo son dos de las principales características que destacan al empresario Gerardo Zambrano, director de Zambrano & Cía. Carismático y trabajador, lidera una empresa con 27 años de trayectoria, que es referencia en los negocios rurales de Uruguay y también en la región.

Su padre tenía una zapatería y se murió a los 46 años de edad. En ese entonces Gerardo tenía 8 años y su madre hizo un gran esfuerzo para darles a sus hijos más de lo que podía ofrecerles.

De joven le gustaba el campo, estudió la carrera de técnico rural en la Universidad de la República y luego se fue a la campaña, pero su inquietud y necesidad de sociabilizar no le permitieron soportar la vida rural. Al volver a la ciudad se propuso vincular dos pasiones: el campo y el comercio.

Si bien los ganados están en el interior, cree que es un acierto haber mantenido sus oficinas centrales en Montevideo, porque en la capital están los bancos, las familias de los estancieros, y es donde se concretan los grandes negocios.

El escritorio Victorica fue su escuela en negocios rurales, en el que trabajó por casi 20 años antes de formar su compañía. Allí aprendió mucho de lo que luego puso en práctica en Zambrano & Cía.

La dedicación a tiempo completo fue una de esas cosas que le fueron inculcadas. Recuerda que sus jefes llegaban a la hora 8 y se iban a las 20, y él insistía en llegar a las 7:55 y retirarse 20:05, "aunque no tuviera nada que hacer. Traté de dar el ejemplo", explicó al ser entrevistado por El Observador Agropecuario en mayo de 2014, cuando Zambrano & Cía. cumplió 25 años.

Considera que su principal éxito es hacer lo que le gusta, y eso lo lleva a trabajar sin límites de tiempo. Si bien varias veces se lo escucha decir que ahora le pasará las riendas de sus negocios a sus hijos, luego reconoce que si no trabajara, se aburriría, porque no sabría qué hacer con sus horas libres.

Otro ejemplo de ello es su actividad en las vacaciones, durante las cuales siempre se lleva trabajo y está permanentemente atento al teléfono.

No le gusta leer –reconoce que apenas leyó tres libros en su vida–, pero sí hacer deportes. Correr es el principal, porque le ayuda a pensar. Sostiene que las mejores ideas se le ocurrieron mientras corría.

Entre los logros de su empresa destaca el haber formado un gran equipo humano y el hecho de que es propensa a los cambios. Destaca que en una empresa de servicios de intermediación la confianza genera el capital. Y sostiene que el capital no es lo material, sino el camino que se recorre y la forma en que se recorre para lograr los objetivos. Afirma que de esa forma los clientes pasan a ser sus amigos.

Lamenta que el éxito en Uruguay sea percibido como algo negativo al contrario de lo que ocurre en Estados Unidos, donde los exitosos cuentan su experiencia para contagiar a otros. Reconoce que hay gente a la que no le gusta que él hable de sus logros, pero dice orgulloso que los alcanzó trabajando. "La sociedad uruguaya también es muy de juzgar. Andar ocultando lo que uno tiene o hace es un error propio de los uruguayos. No recibí ninguna herencia, no robé a nadie, siempre actué bien y me siento distinto a los demás. Muchas veces me equivoco, pero si los empresarios fueran más transparentes la sociedad sería mucho mejor porque habría ejemplos de gente que le fue bien trabajando", reflexionó.

Gerardo Zambrano fue uno de los principales impulsores del sistema de ventas de ganado por pantalla, también conocido como remates virtuales. Considera que esta modalidad se consolidó en Uruguay por la credibilidad, seriedad y compromiso del país, de su gente y sus empresas. Y asimismo cree que fue por eso que el sistema no funcionó en otros lados.

Junto a otros consignatarios fundó Plazarural, la empresa que vende más ganado a través de la pantalla, a pesar de ser la que tiene la menor cantidad de integrantes, respecto de sus competidoras. Zambrano calificó los remates virtuales como una herramienta "fantástica" por su bajo costo, transparencia y por el volumen de haciendas que permiten comercializar.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.

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