Gilda: la persona, el personaje y el mito

Una película que emociona y deja bailando
Cuando la directora Lorena Muñoz le ofreció a Natalia Oreiro participar del proyecto que concluiría en la película Gilda: no me arrepiento de este amor, la cantante y actriz fue contundente: "Yo soy Gilda", le dijo. Es que es casi imposible pensar en un mejor papel para Oreiro, uno que, como dijo en la conferencia de prensa ofrecida el miércoles a la mañana, viene preparando desde hace casi una década, tanto a través de homenajes a la cantante en sus telenovelas y conciertos, como reafirmando su fanatismo en entrevistas. Por todo esto, Oreiro logra ser una Gilda impecable. Pero primero, antes de vestir su icónica minifalda roja y botas altas, la actriz se tuvo que transformar en Myriam Alejandra Bianchi, la persona, la madre y la esposa detrás del mito.

Oreiro comenzó a componer a Myriam/Gilda primero por su apariencia. Si bien ambas comparten muchísimas semejanzas, la actriz decidió adelgazar para poder representar más cabalmente el físico delgado por el que era conocida la cantante. Aprendió a tocar piano y guitarra, y logró incluso transformar su voz cantante en la de Gilda, haciendo que se tenga que presentar cuidada atención para diferenciarlas. Pero más allá de esto, el mayor logro de su interpretación fue conseguir la transformación a través de las sutilezas.

Se la ve con un cansancio reflejado en el rostro ojeroso. Pero no se trata de un cansancio físico, sino mental. Un hastío por la rutina, que se ve en la ligeramente tensa relación con su madre y su esposo, y que habla de un deseo latente que empuja por salir. También son sutiles las pequeñas alegrías que va conquistando una vez que se anima a colocarse frente al escenario, o cuando canta frente al público y este cae rendido frente a ella. Está presente la dureza que tuvo que adquirir cuando las situaciones adversas se le presentaron; la delicadeza y la simpatía que la caracterizaron; la devoción por sus hijos y su público; el emotivo y fundamental recuerdo de su padre; la inspiración a la hora de componer. Son todos aspectos que tanto Oreiro como Muñoz cuidaron con mucho celo, y sacaron a relucir en este filme.

En este sentido, se nota el cariño y la admiración que ambas responsables sienten por la historia, sus personajes y su protagonista. Ese cariño se ve en el respeto hacia todos los personajes reales que se cruzaron por la vida de Gilda, por el cuidado por el detalle, y el ojo estético a la hora de elaborar desde el vestuario hasta la iluminación.

En este sentido es una película visualmente bella, llena de contraluces y colores apastelados, donde se lucen shows con encendedores prendidos y antros con luces de neón. Y en algunos casos las luces adquieren su propio significado. En particular, las luces delanteras de autos y camiones aparecen recurrente y amenazantemente, como tétricos augurios del final anunciado, dándole al filme cierta cualidad de thriller, según comentó Oreiro.

La historia de Gilda, una maestra preescolar devenida en cantante de cumbia y mito argentino, ya de por sí tenía todo para transformarse en un filme, así como sucedió con otras estrellas como Selena o Ray Charles. Y aunque Muñoz haya afirmado que Gilda: no me arrepiento de este amor no se trata de un biopic, se ciñe pefectamente al género. Hay, como contó Oreiro, ciertas licencias poéticas que se utilizan para lograr una narración cinematográfica coherente, y las canciones también se pusieron al servicio del hilo conductor. Y logra contar cada uno de los costados de la cantante, informando a quienes no conozcan a la artista, e ilustrando con mayor detalle quién era la persona antes de subirse al escenario.

También vale la pena destacar al resto del elenco: Ángela Torres y Daniel Melingo, que interpretaron a Gilda joven y a su padre, logrando muy emotivos recuerdos. Lautaro Delgado como Raúl, el esposo de Gilda, un hombre reservado y rígido, pero profundamente enamorado. Y Javier Drolas como el mánager de la banda y pareja de Gilda, Toti Giménez.

Gilda: no me arrepiento de este amor es sin dudas una película imperdible, tanto por su realización como por la actuación de Oreiro. Que emociona y deja bailando, como las mismas canciones de Gilda.

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